jueves, marzo 08, 2018

El sitio de mi recreo

Anoche salí a pasear por el barrio y llegué a mi antiguo colegio. La puerta del patio estaba abierta y no había nadie a la vista, así que decidí colarme a echar un vistazo. Paseé por las canchas de baloncesto y futbito, y eché un vistazo por los ventanales del comedor y de las aulas del piso bajo. De repente una avalancha de recuerdos llegó a mí, tantos que hasta fue difícil ordenarlos todos en mi mente. Cada centímetro de ese patio tiene un recuerdo. O varios.

Recuerdos de mí haciendo deporte; de las fiestas colegiales; de las fiestas de cierre de curso; de jugar a la goma, a la comba, al pasillo, al corro, a burro, al rescate; de Pepo; de América sacando las uñas en las competiciones de baloncesto; de la exhibición de gimnasia deportiva; de las volteretas en las canastas de baloncesto; de los paseos al sol; de la vez que me rajé la mano con el hierro de una tubería; del hueco que daba acceso a la parroquia contigua; del avispero; de la primera vez que hablé de meditación y yoga...

También me hace recordar mi idea de mí misma cuando era pequeña. Me recuerdo con cariño y ternura. Recuerdo mi inocencia, mi ilusión por aprender, la timidez que me impedía mirar a los ojos o afirmar mis creencias, mi prudencia, mi obediencia, mi saber estar aun siendo tan pequeña, lo responsable que era, lo estudiosa, lo aplicada, lo fácil que se me daba casi todo (menos el deporte y las manualidades), mi imaginación desbordante que me llevaba a vivir en un mundo paralelo, lo absorbida que me quedaba con los libros. Era luz y era ilusión. Era una niña estupenda. Lo sigue siendo, dentro de mí, esa parte no ha cambiado, y yo la quiero mucho. Mi pobrecita niña interior que tanto cariño necesita, que tan vapuleada se ha sentido emocionalmente, tan abandonada, tan desplazada, tan rechazada. Cuando es una niña que se merece todo lo mejor de la vida.

El Sitio de Mi Recreo
(Antonio Vega)

Donde nos llevó la imaginación, 
donde con los ojos cerrados 
se divisan infinitos campos. 
donde se creó la primera luz 
junto a la semilla de cielo azul 
volveré a ese lugar donde nací. 
De sol, espiga y deseo 
son sus manos en mi pelo, 
de nieve, huracán y abismos, 
el sitio de mi recreo. 
Viento que a su murmullo parece hablar 
mueve el mundo con gracia, la ves bailar 
y con él, el escenario de mi hogar. 
Mar, bandeja de plata, mar infernal 
es su temperamento natural, 
poco o nada cuesta ser uno más. 
De sol, espeiga y deseo... 
Silencio, brisa y cordura 
dan aliento a mi locura, 
hay nieve, hay fuego, hay deseo, 
ahí donde me recreo.

No hay comentarios: