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viernes, diciembre 28, 2018

2018, la noche oscura del alma


Quedan algunos días para que acabe este año, pero creo que es momento de ir recapitulando y finiquitando de cara a empezar el nuevo año. Solamente puedo decir que tengo muchas ganas de cerrar este 2018, aunque en realidad quedan todavía unos meses para que venza mi año 7. Aun queda espacio para las "sorpresas". 2018 ha sido un año muy duro, tal como lo he vivido y lo recuerdo, con experiencias muy duras que, inevitablemente, me han cambiado como persona. De hecho, podría decirse a modo de resumen que en este año he vivido la noche oscura del alma, porque he muerto y ahora transito el inframundo en espera de que llegue un tiempo para renacer, si eso es posible.

Fundamentalmente ha sido un año de pérdidas, pérdidas difíciles y dolorosas. Diría que se agrupan en tres bloques: el fallecimiento de mi abuela paterna, la pérdida de la persona a la que más quería, y la pérdida de BH. Estas pérdidas y todo lo que ha acontecido en torno a ellas generaron un gran número de emociones incómodas, tal como le gusta llamarlas a Raquel. Creo que el abanico es bastante amplio: me he sentido triste, hundida, herida, rota, maltratada, abusada, rechazada, ninguneada, ignorada, desplazada, abandonada, humillada, engañada, derrotada, resentida, frustrada, iracunda, culpable, arrastrada, desconcertada, perdida, confusa, descolocada, desesperada, desesperanzada, desganada, distante, indiferente, muerta...He vivido el dolor y el vacío más grandes que jamás sentí. He rozado momentos donde pensé que el dolor y la pena me devorarían por dentro, y que la locura se llevaría mi mente. He querido morir, he querido desaparecer. He perdido la ilusión y el futuro.

Sin embargo, he sobrevivido, aunque el coste ha sido alto: el precio de mí misma. La persona que yo era, ya no existe. Se perdió en el dolor. Y ahora simplemente no sé quién soy, me estoy buscando, me estoy construyendo.

Quizás sea injusto simplemente maldecir este año sin dar gracias por las lecciones aprendidas, y sin apreciar las cosas buenas que tuvo, que también las hubo, aunque no fueran muchas.
Como lecciones me quedo con las siguientes:
  •  El amor no lo puede todo. Da igual lo grande, intenso, bello y puro que sea tu amor, lo mucho que te esfuerces, lo mucho que luches y lo intentes, lo mucho que te des, lo mucho que entregues y estés dispuesta a entregar. Simplemente no es suficiente. Me parece triste, pero es así en mi realidad.
  • El dolor físico puede ser tan grande que anule todo lo demás. Cuando el dolor es tan sumamente fuerte, no existe ni la identidad, ni la mente, ni la emoción. En esos momentos únicamente hay supervivencia. No sé si los analgésicos tardan en hacer efecto o es que realmente necesitaba una dosis doble. Tengo dudas sobre mi umbral del dolor.
  • Soy la única persona que va a estar a mi lado pase lo que pase. Cuando no hay nadie más, siempre quedo yo. Tengo que aprender a confiar en mí, tengo que aprender a trabajar conmigo, tengo que construir una relación bonita conmigo. 
  • Llevamos en nuestro interior creencias y mandatos que nos impiden crecer y evolucionar. Creencias grabadas a fuego, tan arraigadas, tan familiares, que nos impiden ver lo mucho que nos limitan y nos dañan, incluso aunque provengan de nuestros padres y nuestra familia. La fidelidad familiar puede ser muy pero que muy perjudicial.
  • Tiendo a creer que el sufrimiento es una resistencia a un proceso de cambio. El sufrimiento procede de negarse a ese cambio porque hay que romper estructuras muy firmes sostenidas por creencias arraigadas que se niegan a desaparecer. Da igual lo mal que estemos en una situación, nos aferramos a lo conocido y familiar. Es el "más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer". Perpetuamos el malestar por miedo a arriesgar, por miedo a dejarnos llevar. O por fidelidad familiar a nuestro sistema, aunque esté muerto. 
  • Pero el sufrimiento es también el resultado de unas expectativas no cumplidas y unas ilusiones rotas con las que hay que vivir.
  • La mente se protege contra el dolor y contra lo desconocido, y para ello va a desarrollar estrategias como la distracción o la ceguera. Nos negamos a ver, nos negamos a sentir. A veces me sorprendo al descubrir los velos que han tapado mis ojos sin yo ser consciente de que los llevaba encima. Pero, al menos, cuando el dolor ha aparecido, he intentado no esconderme. He querido afrontarlo y sentirlo en la medida de lo posible para poder sanar. No sé si lo he conseguido del todo, porque los mecanismos inconscientes habrán manipulado más de lo que yo habría querido (así es el inconsciente). Puede que sea mejor así.
  • El trabajo y el gimnasio han sido dos grandes anclas. De no ser por ellos, me habría vuelto loca. Ellos me han proporcionado el foco que necesitaba para no ser arrastrada hacia un lugar muy oscuro en mi mente. La familia ha sido otro ancla importante, aunque después he sabido que también ha sido un lastre durante mi vida, por el tema de la fidelidad familiar.
  • He conseguido adquirir un hábito de comida saludable, donde el azúcar y los hidratos se han reducido. En fiestas es más complicado mantenerlo, pero nada que ver con el inicio. El momento más duro fue entrar en cetosis para superar la adición. He adelgazado unos cinco kilos y me siento fuerte. Creo que mejorar mi microbiota ha repercutido positivamente en mi serotonina.
Como experiencias, me quedo con las siguientes:
  • La experiencia de BH fue preciosa, por corta que fuera. Es algo muy bonito sentir la vida crecer dentro de una misma. Ahora él no está, pero tiene un espacio reservado en mi sistema familiar. Ha sido reconocido y aceptado en el sistema, y debería estar en paz a nivel genealógico.
  • Los Dolomitas habrían sido más hermosos de no haber estado tan próximos a la muerte de BH. Me habría gustado verlos con él. Aun así es un paisaje impresionante.
  • También habría querido compartir Ávalon con él. Ávalon me dio un significado y un camino, que ahora intento recorrer. Así llegué a la Primera Espiral y a su grupo, donde quizás encuentre una tribu. O no. En realidad me da igual.Siempre he sido una bruja solitaria y ecléctica, me las apaño bien sola.
  • Quizás, gracias a la muerte de BH, haya podido descubrir los patrones y mandatos con los que cargo, reparando la historia de mi bisabuela. Es un mandato familiar fuerte: no hijos, no pareja, así como la búsqueda del padre. Y cargo con el miedo y la vergüenza de ella. Es como una condena de la que quizás no pueda escapar jamás, la condena a una vida solitaria. Saber esto me ha dado un trabajo personal a explorar, que me está resultado un poco duro, porque la mente se protege de muchas formas. Pero estoy siendo generosa con mi terapia, esforzándome, poniendo de mi parte, y tengo una terapeuta bastante cañera que no me permite esconderme. Llevo desde octubre explorando mi incosnciente y sacando la mierda que hay guardada ahí, y ha sido doloroso y difícil. Me queda trabajo por delante, bastante, y va a ser duro, pero quiero hacerlo. No sé dónde voy, y a veces la incertidumbre me mata (como buena controladora que soy), pero quiero hacerlo. Además, ahora que no tengo futuro, que no espero nada de nadie, y que he visto mis patrones, me siento más liberada.
Pasamos a cosas más alegres. Los conciertos: hubo varios y muy buenos. Me cuesta decidirme entre el de Pearl Jam y el de Nightwish para elegir el mejor, aunque el de Machine Head también fue muy bueno. Elijo a Dry River como descubrimiento del año. La música también ha cambiado en mi vida. Ahora me apetece escuchar menos metal, especialmente grupos muy oscuros. Pienso en álbumes como el "Hatebreeder" de COB y es que me pongo mala sólo de pensarlo. En cambio, me ha dado por los binaurales, que me transportan a un espacio en mi mente donde sólo hay paz. Creo que la paz es fría, pero produce bienestar. Hay quienes dicen que es la única felicidad que existe.

Me encantó el musical "El Rey León".

He hecho muchísimos cursos este año. Los he disfrutado, aunque creo que no les he sacado mucho provecho. Es una pequeña compulsión personal por el conocimiento que tiene que cambiar el próximo año, aunque va a ser difícil porque me siento atraída como una luciérnaga a la luz, porque todo me parece interesante. Es mi ala 7. Sí, Eneagrama quizás haya sido el curso que más me ha gustado y que más me ha calado. Eneagrama me ha enseñado mucho sobre mí misma y sobre los demás. Pero más me ha enseñado la vida. Sigo aprendiendo.

He participado en varias constelaciones. Se me dan bastante bien en general, teniendo en cuenta lo mental que soy. Reconozco que esa disociación es un problema, en cuanto a que no me permite zambullirme completamente en la actividad, pero puede que sea un mecanismo de defensa que me evita caer en cosas muy chungas. Me encantaría poder tener más intuición y más conexión con mi ser, que pasa por aprender a desconectar la mente.

Este año cerré mi último proyecto como coordinadora. Fue WITDOM, en Eslovenia, rodeada de nieve y un consorcio estupendo. En parte el mérito es mío, el haber conseguido ese buen rollo entre todos, y es mucho mejor resultado que la propia review del proyecto. Me siento afortunada por ello. En realidad, si lo pienso bien, no he conocido un consorcio malo.
Después de WITDOM he pasado a otras tareas. A veces echo de menos los proyectos y estar en las trincheras, pero mis retos actuales no son precisamente menores. Mi preocupación actual está en el grupo de la PPM, guiarlos, cuidar de ellos, y darles un sentido. Hay día en que los mataría, pero tengo un grupo estupendo. Ojalá consigamos mantener la sintonía en el nuevo año. Empezamos con el curso de PM2 que va a reunir a todos los jefes de proyecto, incluyendo los de fuera de Madrid, y eso espero nos ayude a estrechar lazos. La verdad que no he pensado mucho en cómo quiero que sea el trabajo en el 2019.

Mis círculos sociales han cambiado. Creo que estoy transicionando de unos a otros. Desde la muerte de BH los reduje al mínimo. He estado muy distante y muy replegada en mí misma, sin ganas de socializar ni compartir. He perdido gente en el camino, y creo que me resulta difícil retomar ciertos contactos porque los veo como en otro plano, como si ya no tuviéramos que ver. Pareciera que otros surgen, aunque no me hago ilusiones. En realidad me da un poco igual ahora mismo.

Y así entramos en 2019, que no creo que vaya a ser un año suave tampoco. Astrológicamente vamos a tener los nodos lunares en Cáncer y Capricornio, donde se va a dar la temporada de eclipses. Tocan temas de estructura y de familia (de lo que es familiar y hogar para nosotros). Todo se va a deshacer para emerger desde otra perspectiva. Creo que estoy bastante alineada con el proceso. Ya veremos.

martes, diciembre 18, 2018

Impaciencia

Hay días en que me siento tentada por la tristeza. Intento no dejarme arrastrar, pero es más fuerte. Y no se trata de una caída en picado, porque no lo siento tan intensamente, pero estoy mohina y cabizbaja. Cuesta soltar esa emoción, que parece que se ha pegado al pecho como una lapa. Y eso que he hecho lo posible por desprenderla. Hasta he cantado "La reina de la noche" en el coche a todo pulmón, berreando como una loca, y riéndome yo sola del desastre causado. Me rió momentáneamente, pero luego me tiño de azul otra vez.

Sé que llevo días instaladas en una especie de indiferencia artificial, detrás de una coraza que me mantiene a distancia del mundo. Así intento no sentir tanto para sufrir lo menos posible, aunque con ello sienta menos las cosas positivas. Busco una neutralidad, porque no puedo aspirar a mucho más. Sin embargo la coraza debe haber fisuras, porque la tristeza se ha colado dentro. Tendré que hacer una labor de sellado que repare dichas fisuras.

Hay días, como hoy, en los que me siento impaciente. El proceso es lento, tedioso, y carece de garantías. Necesito que las cosas se asienten, y que la vida me sonría por fin.  Pero no hay ninguna garantía, porque la esperanza no da garantías. Pero es esa esperanza la que me ayuda a continuar. Aunque hoy dudo, hoy desespero, y hoy necesitaría alguna señal que me afirmase que todo esto tiene un sentido y que las cosas van a salir bien. Necesito apaciguar la tristeza.

Soy una mala semilla.

martes, diciembre 11, 2018

La pluma negra

Para mi siguiente sesión de la Primera Espiral necesito plumas de ave porque se relacionan con la diosa Mari, que es la deidad asociada a Yule. Normalmente no me cuesta encontrar plumas en la calle, pero basta que tenga que encontrarlas para que de repente no se muestre ninguna. Tengo una pluma de corneja en uno de los altares de casa, representando el elemento aire, pero no habría querido usarla para esto, porque sé que vamos a modificarla y dejará de ser mi pluma.

A esto se le llama apego.

Me di cuenta anoche de ese apego, que tiene mucho que ver con un pensamiento de carestía: guardar por si acaso, no gastar por si acaso, como si no hubiese posibilidad de poder hacerme con más. Es un tanto irracional, pero me pasa con muchas cosas. Por ejemplo, tengo un abrigo de color azulón que apenas me pongo por miedo a estropearlo, como si quisiera conservarlo para siempre. Al final, si me descuido, se lo comerán las polillas antes de disfrutarlo yo. O como me pasó con los zapatos que llevé a la boda de los Levis: el pegamento estaba totalmente pasado y terminaron por romperse sin casi haberlos usado.

Ni siquiera se trata de un tema emocional asociado al objeto que me impida deshacerme de él, como algo heredado de un abuelo, o un regalo que me hicieran con un significado especial. Se trata nada más de una pluma oscura que encontré de casualidad en la última visita a Grefa y que recogí para usar en mi altar. Supongo que me gusta precisamente por su color y por estar asociada a un animal tan especial. Pero perder la pluma tampoco tendría que ocasionarme ningún perjuicio especial. Cualquier otra pluma serviría, y finalmente, el elemento aire está en mí. Por tanto ¿a qué viene tanto apego? Es miedo por la falta de recursos, y también es la seguridad ficticia que te da el tener algo tangible a mano. Es un poder otorgado a algo externo innecesariamente.

Solamente por eso, voy a ofrendar la pluma. Si no soy capaz de deshacerme de una simple pluma, ¿cómo espero sacrificar una identidad entera? Un ejercicio de desapego. Creo que podría hacerlo para tantas cosas...

Al final no poseemos nada en este mundo, ni objetos, ni mascotas, ni personas, ni siquiera nuestros recuerdos. Al final, lo único que poseemos es nuestra esencia, nuestro verdadero yo, que es lo único que nos vamos a llevar después de la muerte, lo que es infinito y eterno. Todo lo demás es sueño.

miércoles, noviembre 28, 2018

Soy un tío

Soy diestra biológica (al menos de mano), pero durante toda mi vida, hasta el momento presente, me he estado comportando como un hombre sin ser consciente.

He rechazado, incluso anulado, los aspectos femeninos que había en mí para poder ser como un hombre. He intentado no ser ñoña, ni dulce, ni tierna, ni presumida, ni suave, ni sensible, ni débil. Al contrario, he buscado ser un pilar, una roca, alguien firme y resistente. Por supuesto, nada de mostrar sentimientos, y comportarse lo más estoicamente posible, como si nada me afectase. Intento por todos los medios no llorar en público. Intento que no se vea que estoy sufriendo o que algo me ha hecho daño. Intento que no se vean mis necesidades. Intento que no se vea el miedo que siento. Porque para mí, todo esto significa ser débil, y mostrarlo es inaceptable.

He intentado ser totalmente autónoma y no necesitar de nadie. No suelo pedir ayuda porque iría en contra de lo que me han enseñado. Me siento mal conmigo misma cuando lo hago.

Mis modelos de mujer son fuertes, duras, guerreras, independientes, y solitarias. Masculinas.

Me he tapado para no dejarme ver. He tapado sobre todo aquello que me hacía femenina: mis curvas, mi aspecto. Siempre he vestido muy discreta en colores, ocultando mi pecho y mis caderas, vistiendo mucho de pantalón y ropas holgadas, masculinas. Nada de hacer ostentación, sobre todo en colores vivos o cosas brillantes. Nada de fantasías, ni pedrerías, ni encajes, ni nada que pueda indicar algo delicado o etéreo. Apenas me he maquillado, y si lo he hecho ha sido de una manera muy suave y discreta. Apenas he cuidado mi aspecto exterior, para no destacar, para no ser vista.

También me he camuflado con mi entorno para no llamar la atención, siendo silenciosa, callada, aparentemente tranquila, colocándome donde menos se me viera o donde mejor pudiera pasar desapercibida.

Nunca me he aprovechado de mi condición de mujer. Por ejemplo, aun teniendo alguna regla bastante dolorosa, he aguantado como un caballo de madera. De hecho, no creo que nadie sepa cuándo me baja la regla. No me gustan las conversaciones en las que las mujeres hablan de sus reglas, como si fuese algo que haya que pregonar. Si se me ha roto una uña o me he hecho una herida, no lo he ido difundiendo a todas las personas a mi alrededor. Me rompí el codo y la muñeca y no me quejé. He despreciado a las mujeres hacían esto.

He despreciado también los trucos de mujer para salirse con la suya o sacar beneficio de una situación, como hacerse la víctima o hacerse la tonta. Tampoco he flirteado para conseguir cosas porque me parecía deshonesto. No visto con escote o minifalda para desviar la atención de los temas que hay que tratar. Exponer la sensualidad y la sexualidad me parece algo inapropiado, porque me hacen un espejo que no quiero mirar.

Voy de compras sola y soy bastante práctica a la hora de comprar ropa. No paso horas probándome ropa, ni visitando cien tiendas, ni pensando en combinaciones maravillosas de colores. Y lo que no es ropa también. No presto atención a los temas de decoración, ni a las joyas. No voy a la peluquería, me tiño yo sola, y aunque tengo un color que me gusta más, tampoco me importa que quede mal.

Sí me gusta hacer cosas de chicas, como ir al spa o que me den un masaje, pero lo hago sola también, no voy con amigas. No tengo experiencias de chicas. No comparto con chicas. No tengo muchas amigas, y las que tengo las veo con cuentagotas porque me saturan.

Me molesta el gallinero que se monta a veces entre mujeres.

No llamo a mis amigas para consultar qué tal están, qué ropa se van a poner, si han ido al ginecólogo, etc.

Siempre me he sentido mejor estando con chicos que con chicas. Siempre los he buscado para ser su colega, no una pareja romántica o sexual. Siempre he querido que me tratasen como un igual, no como a una mujer. Me he comportado como ellos.

He estado en conversaciones muy de tíos y me ha parecido normal. Hasta he participado en ellas, o por lo menos he callado. Eso incluía en varios casos comentarios poco amables hacia las mujeres que suelen tener los hombres cuando están juntos.

Tengo gustos de chicos como los videojuegos, las películas de acción o de ciencia ficción, el heavy-metal, las artes marciales, algo de comics. Conduzco como un tío. He hecho una carrera puramente masculina: soy ingeniero y me he especializado en electrónica. Me he convertido en un hombre de provecho.

En mi mente, soy un hombre. Por eso no tengo pareja. Ni siquiera atraigo a los hombres, porque emano una energía masculina que lo que hace es repelerlos. Su sitio ya lo ocupo yo. Ellos no quieren estar con un tío, quieren una mujer, y no lo perciben en mí. En mí encuentran un colega más (colega raro, pero colega). Quizás pueda atraer a hombres basculados (que no me gustan), pero creo que también los asusto.

Igualmente, si en mi mente soy un hombre, es improbable que pueda concebir, ya que los hombres ni conciben ni gestan.

miércoles, noviembre 07, 2018

Sombra


Me encanta el mes Escorpio, sobre todo cuando llueve. Este año está siendo muy intenso. Si no teníamos bastante con la energía escorpiana general, con ese Júpiter poniendo luz en lo que está oculto en el sótano y ese Venus retrógrado que está destapando mierda como si no hubiese un mañana, llega la luna nueva en Escorpio para terminar de rematar. La luna nueva es un espejo de nuestra sombra, la cual a veces está profundamente escondida en nosotros por miedo a reconocerla. Pero todo lo que está oculto, tiene vocación de salir a la luz, y la sombra termina por manifestarse directa o indirectamente. La sombra tiene que equipararse a la luz porque tiene la misma importancia. La sombra necesita ser reconocida y abrazada. Si no abranzamos la sombra, nos estamos queriendo a medias, ya que estamos rechazando una parte importante de nosotros mismos. La sombra no está para humillarnos o para hacernos sentir culpa, sino para enseñarnos algo que es importante, a veces mucho más genuino que cualquier otro rasgo que está en la luz.

Hace unos días leí un artículo muy interesante llamado "La Diosa contra la New Age", proporcionado por la Tribu de Iberia. Había muchas ideas interesantes en el mismo, entre ellas esa tendencia a preponderar a la luz frente a la oscuridad, o incluso peor, ignora totalmente a la oscuridad. Se ve claramente en esa corriente de buenismo y pensamiento positivo que nos invade, en considerar que hay emociones positivas (como la alegría) que hay que potenciar frente a las negativas (como la envidia), en tratar de primar al grupo frente a la individualidad, en exaltar la juventud en detrimento de la vejez, en patrocinar el arquetipo de la Madre o la Doncella frente a la Puta y a la Anciana, la pureza frente a la podredumbre. Se nos pide matar a una parte de nosotros mismos y encima celebrarlo. Se nos pide perder nuestro verdadero poder, que tiene que ver con la integración de los dos aspectos: luz y oscuridad.

Ver lo que hay en la sombra da miedo porque lo que allí reside lo hemos etiquetado como malo. Cuesta asumir que uno es egoísta, manipulador, envidioso, ladrón, maltratador, asesino, avaricioso, perezoso, déspota, arribista, pusilánime, deshonesto, etc, porque nos negamos a asumir que eso pueda estar en nuestra naturaleza y ser parte de nosotros. Nos negamos a ver eso porque en nuestra creencias y nuestra moral alguien decidió que era "malo" y nosotros lo acatamos. La sombra requiere un trabajo de honestidad, y no queremos hacerlo porque es muy duro, porque seguir en la mentira es mucho más confortable. Preferimos pensar que siendo "puro" e "inmaculado" es mucho mejor. ¿Acaso no es una estrategia para no ser rechazado? Rechazarse para encajar. Amputarse para encajar.

Y por otro lado, ¿cuántas cosas "buenas" han quedado en la sombra y no nos hemos dado cuenta?

Hoy es un día de trabajo en la sombra. Hoy ya he visto cosas que no sabía que tenía en la mochila que porto. Cuando haga el trabajo veré alguna más. Todavía me queda por integrar algunas que ya conocía pero que me cuesta aceptar. Es parte del trabajo de este mes, que está siendo doloroso y costoso. En cierta forma, me recuerda a la metamorfosis de las mariposas (o de las libélulas). Espero salir convertida en una, aunque sea una polilla. Sé que estoy deseando que el proceso termine de una santa vez, pero he de tener paciencia y templanza para no apresurar, porque todo tiene su tiempo.

Pero, ¿eh? Urano se va ya a Aries y Júpiter va a entrar en su domicilio. Se despeja el ambiente. Ojalá.

miércoles, octubre 17, 2018

Amor incondicional

Una idea interesante de la sesión de hoy: el único amor incondicional que existe es de los hijos hacia los padres. Yo añadiría a los perros, pero no voy a discutir con un eneatipo 8.

Es una idea que me fascina. Hay ideas así: ideas que quizás no compartes (estoy considerándola) pero que te parecen hermosas en sí mismas porque brillan como una estrella. Son joyas mentales. Una maravilla. Ideas que chocan con tu red de creencias y las hacen tambalear, incluso deshacer.

Pero esta idea tiene su sentido. El amor de un hijo a sus padres es tan incondicional que se empeñan en reproducir sus gestos y sus comportamientos, de acatar sin discutir sus normas, de ponerlos en un pedestal, de justificarlos a toda costa, de desplazar la rabia a sus padres hacia otras personas para no dirigirlo contra ellos. Es una complacencia tal que son capaces de cumplir lo que los padres esperan de ellos, seguir el plan trazado por los padres para ellos, incluso cuando no es lo que quieren, incluso sacrificando su felicidad. Es una fidelidad al árbol tan grande que arrastrarán los patrones familiares a su vida para intentar cumplir con la misión familiar, de reparar las injusticias del pasado, de somatizar el dolor de la familia. Pura devoción.

En cambio el amor de los padres es condicionado. Te quiero solamente porque eres mi hijo, mi prole, porque eres mío, porque eres sangre de mi sangre, porque eres mi heredero, porque eres la continuidad de mis genes. Te quiero porque sacas buenas notas, porque eres obediente, porque te pareces a mí. Te quiero porque me das un estatus y me ayudas a construir la familia "perfecta". Te quiero porque vas a pagar mi pensión en el futuro, porque me vas a cuidar de mayor. Te quiero porque contigo estoy contribuyendo a la sociedad. Te quiero porque tú vas a cumplir lo que yo no logré para mí, porque en ti proyecto mis deseos frustrados. Te quiero porque es lo que se espera que tengo que hacer. Te quiero porque gracias a ti, satisfago a mis padres yo mismo.

Puede ser una idea controvertida, pero me parece muy muy interesante. Voy a dejarla reposar esta noche.

viernes, septiembre 14, 2018

Regalos

Ayer salí de casa a comprar un pequeño detalle para unas niñas que me invitan a merendar. Son las hijas de una amiga y mis méritos son especialmente mi nombre y mis gatas. Con eso solamente ya soy genial. Quería tener con ellas un pequeño gesto de agradecimiento. No es que yo sea la persona más detallista del mundo, pero sí me gusta tener pequeñas atenciones cuando así lo considero.

Para mí, hacer un regalo es una especie de reto, porque pretendo acertar con el gusto del que lo recibe, cuando muchas veces ni siquiera estoy muy segura de cuál es. Hacer un regalo por tanto requiere de una preparación especial: es tiempo, es esfuerzo, es atención, y sobre todo, es un pedacito de mí que va en ese regalo. Es como si con el regalo, ofreciera también un trocito de mi persona.

Ayer, por ejemplo, recorrí el centro comercial de arriba a abajo buscando lo que tenía en mente. En este caso particular, hablamos de dos niñas de unos 5-8 años (la verdad no estoy muy segura), que les encantan los animales y las princesas, y que se llevan la suficiente edad como para competir con ellas. Por tanto, los regalos debían ser suficientemente equiparables para no despertar los celos de una a la otra. Porque me conozco el tema de los niños y las comparaciones.

Como consideran que su madre y yo vamos de brujas, había pensado en comprarles sendos gorros de brujas. Pues no hubo manera de encontrarlos. Aunque ya se está montando la decoración de Halloween, aún no están los estantes preparados, y apenas hay mercancía. Mi primera opción descartada.

También había pensado en pegatinas de Frozen (Frozen es un valor muy seguro), y Rydwlf me sugirió algunas ideas de Lego y de Playmobil. Incluso la tienda Disney era una opción. Pero no. Nada de nada. ¿Cómo es posible?

Por ejemplo, encontré libros de Frozen, pero ¿son capaces esas niñas de leer esos libros? Si regalo libros diferentes ¿no se van a enfadar entre ellas? Luego encontré un juego de muñecos de Frozen, pero ¿realmente quería gastarme ese dineral para no acertar? También vi unos sets de Playmobil de 6-12 años, pero ¿qué años tienen estas niñas?¿es un regalo adecuado? Y si compro a una la muñeca rubia (las dos niñas son rubias), ¿se enfadará la otra si le llevo la castaña?  Y si le llevo a una el juego de fútbol, ¿qué pensará la otra si le llevo el de hockey?. No sé, un dilema. Muy seis todo.

Anduve de un lado a otro en busca de algo que me pareciera adecuado, hasta que por fin di con un kit de manualidades para crear tu propia bruja. Algo pequeño, asequible, y ¡había dos iguales! Lo completé con sendos paquetes de gominolas que son parecidos, pero no iguales del todo, y ya veremos qué tal aceptan que una tenga el azul y las conchas de mar y la otra el rojo y las estrellas de mar. Pero mi parte está hecha. Sólo falta envolverlo en papel regalo (iguales ambos, por supuesto), y listo para entregar.

El riesgo de todo esto es que el regalo no guste o que simplemente lo ignoren, después del esfuerzo que me ha supuesto. Que puede pasar, lo sé, y lo tengo muy racionalizado como para que me afecte (o eso creo). Pero la verdad es que poca gente valora el esfuerzo que supone el regalo en sí. Nunca se ve el tiempo, el empeño, y la ilusión que se invierte en el proceso. Te llega el resultado final y es eso lo que se valora, pero no todo lo que hay detrás.

Ciertamente podríamos hablar sobre la intención del que regala y las expectativas que tiene sobre la recepción. En mi caso, diría que mi motivación primaria es complacer al otro, porque me encanta compartir la alegría que le puede generar recibir un regalo. Es una especie de conexión mágica que se establece entre ambos en ese momento, un acercamiento, una comunicación no verbal de afecto. Es un sentimiento estupendo. Luego hay motivaciones secundarias: un gusto por el proceso, que es una especie de anticipación de la motivación primaria, y por supuesto, la necesidad de reconocimiento, que es lo peor cuando el regalo no se recibe en la manera esperada.

Con las prendas de amor sucede algo parecido. Das porque amas, porque en cada prenda hay un pedacito de tu corazón, de tu amor, de tu espíritu, de tu ser. Dar como expresión de amor  . Das porque te encanta ver sonreir a la otra persona, porque sabes que gusta de lo que le has entregado. Das porque quieres conectar con la otra persona, quieres reforzar la unión entre ambos de una manera agradable. Das porque harías cualquier cosa por esa persona.

Y luego...quizás no se recibe tu prenda en la forma que pensabas, o no se valora, o se ignora, o se da por hecho.Puede resultar entonces un tanto desilusionante. Pero hay que recordar algo: esa prenda puede darte una idea del tamaño de tu amor, de tu capacidad de amar, de cuánto te entregas...Y quizás, en vez de dar tanto a los demás, debieras darte a ti misma lo que para otros no es importante.

miércoles, septiembre 12, 2018

El Yo


Esta mañana me he puesto un nuevo audio de Abraham Hicks y he vuelto a tener una especie de epifanía. Es un poco ida de olla, así que a ver si soy capaz de explicarlo.

Me he visto por primera vez como una prolongación de mi Ser Superior aquí en la tierra. Lo que he sentido es que mi Ser Superior quiere manifestar, quiere darme cualquier cosa que yo desee, porque es él en realidad quien desea, no yo, y es mi cuerpo, o más bien, mi representación física, la que le sirve para manifestar.

Es decir, mi Yo auténtico es mi Ser Superior, no mi representación física. Mi representación física puede creerse separada de mi Ser Superior, hasta puede creer que es una entidad/identidad en sí misma. Eso sería mi Ego. Pero mi ego no es real. 
Esto es como decir que realmente yo no existo, o que esta expresión de mí física no existe, o que es una versión muy limitada y reducida de lo que realmente soy. Es un avatar, una representación.
Y soy mucho mucho más. Solo que ese mucho más no puede ser captado en su totalidad porque son las restricciones de esta dimensión las que lo impiden. Yo soy el soñador, el observador, el que contempla desde un plano mucho más elevado.

Es precisamente esa representación física, mi ego, la que está impidiendo todo tipo de manifestación, como si estuviese bloqueando un canal. ¿Por qué motivo? Pues realmente no lo sé, aunque parece miedo. Así que por un instante me he sentido totalmente conectada con mi Ser Superior, y el canal estaba limpio entre ambos, nada lo obstruía. Y en ese momento he sabido que cualquier cosa puede hacerse realidad, si mi representación física, mi ego, no se dedica a obstruir el canal. Saber esto ha sido alcanzar un estado de paz interior bastante reconfortante, liberador incluso. Porque lo único que he de hacer es permitir, es dejar que todo fluya, es no interferir, es no molestar. 

Parece sencillo, pero no lo es en la práctica, porque la visión que he tenido termina por empañarse, y se me olvida cuando me meto en la rutina. Pero puedo parar y recordar. Entonces intento visualizar una corriente de luz que emana de mi Ser Superior y llega hasta mí en perfecto flujo. 
Como poco es una imagen de lo más relajante.

sábado, septiembre 08, 2018

Creencias de dinero

Me gusta escuchar audios de Abraham Hicks no solamente por sus enseñanzas sobre la ley de la atración, sino porque me parece que tienen mucho sentido del humor. Tengo la misma sensación cuando Gema se comunica con su equipo akáshiko: sus guías parecen divertidos. ¿Por qué no deberían serlo? Ellos tienen mucha más información que nosotros y saben mejor qué es lo que hay para nosotros. De hecho, muchas veces tengo la sensación que se descojonan al vernos actuar y lidiar con la realidad porque a nosotros se nos escapa casi todo, mientras que ellos lo saben todo.

En el audio de hoy hablaban sobre la paciencia a la hora de lograr un resultado. Definían la paciencia como un estado de permitir que una situación que no nos gusta se perpetúe, en vez de recibir lo que queremos realmente. Son cosas así las que puedo entender, pero no tanto asimilar o llevarlas a la práctica porque requieren de un cambio interior que no sé bien cómo hacer.

Sin embargo, hoy se me ha revelado una especie de creencia limitante sobre la abundancia, de la cual no era muy consciente. Tiene que ver con el dinero como forma de energía, y como tal, el dinero debe fluir. Debe entrar y debe salir, no quedarse demasiado atascado. Esto no significa que nos convirtamos en manirrotos, pero el dinero no debe estancarse, ya que se pudre, como el agua. En el audio ponían de ejemplo el dolor que puede causarnos el hecho de gastar. Y ahí está mi creencia.

Muchas veces me duele hacer gasto. Lo hago, pero no lo hago con alegría sino con cierto miedo, y eso a nivel vibracional se paga. Es una especie de diálogo con la vida dándole a entender que no te gusta el dinero, de que sientes miedo de que se te acabe, de que no confías en que puedas encontrar más, y esa idea se va a reflejar en tu realidad. En la mía.

Sanar la relación con el dinero es importante, porque el dinero es un aspecto de la abundancia. Tenemos muchas creencias equivocadas sobre el mismo que nos vienen de nuestra infancia y que se traducen en nuestro estado actual:

  • Los ricos son malas personas.
  • Los ricos son ladrones.
  • El dinero solamente trae corrupción.
  • El dinero es la raíz de todos los males del mundo.
  • Si gano dinero estoy traicionando a mi familia, a mi clan, a mi grupo social.

Tenemos miedo de tener dinero, no nos sentimos merecedores del mismo, tenemos asociaciones negativas respeto al mismo, por eso el dinero no llega o nos quema en las manos.

Decimos que el dinero no es tan valioso como otros valores, pero eso es como rechazar un regalo que nos da la vida. En cierta forma, la relación con el dinero es un reflejo de la relación que tenemos con nuestros dones. También es una especie de síntoma de nuestra capacidad de manifestar en la realidad, ya que es un aspecto tangible de la abundancia. Igualmente, es un reflejo de nuestro amor por nosotros mismos, ya que da una idea de cuánto nos estamos permitiendo recibir.

Ser consciente de tener estas creencias es un paso grande, pero hay que ir más allá y sanar la relación con el dinero. ¿Cómo cambiar esto? La respuesta es: cambiando de creencias. Sin embargo esto no es tan fácil de llevar a la práctica. Yo voy a empezar con dos cosas que no hago: 1) Gastar con alegría, disfrutando el hecho de que estoy gastando en algo que me apetece y me proporciona cierta satisfacción (aunque sea efímera). 2) Cuidando mejor mis cuentas, porque soy bastante negligente al respecto. ¿Qué clase de relación resulta de una a la que no prestas atención? Como todo en esta vida: lo que quieres necesita atención y cuidado.

domingo, julio 29, 2018

El modelo del caos

Hoy he visto en twitter la siguiente frase: "El caos es un modelo que aún no conocemos".
Como frase me parece buena, pero no estoy de acuerdo del todo con ella. Podríamos decir que el caos es un modelo en potencia, pero no en ser.
Para mí el caos es en todo caso un devenir, el paso de un modelo a otro. Un cambio, pero no un cambio cualquiera. El caos es más intenso, más rápido y tiene un impacto en nosotros. Si fuese un cambio gradual no sería caos, porque no lo percibiríamos hasta que ya se hubiese dado. Pero el caos es notable porque se encarga de disolver estructuras que considerábamos inamovibles y firmes, aquellas que nos aportaban seguridad.

El impacto del caos puede ser doloroso y traumático porque nos obliga a salir de nuestra zona de confort. Nos creemos perdidos, pero simplemente estamos en tránsito. El dolor viene más de nuestro apego al modelo anterior y a la resistencia que ofrecemos al cambio, en vez de permitir que el cambio se produzca y nos adaptemos de una manea mucho más suave.

Eso sí, el caos es inevitable e implacable. Su misión no es ser tibio y condescendiente. Su misión es destruir para poder crear algo nuevo. No dejará muchas estructuras en pie.

Y sin embargo es necesario, como lo es cualquier cambio en sí. La vida es cambio continuo. Si no fuera por el cambio, estaríamos muertos. El cambio nos reta y nos pone a prueba, nos hace aprender, nos moldea. Esto es necesario porque el nuevo modelo que se avecina requiere de una nueva versión de nosotros.

Quizás nos gustaría que el cambio fuera más gradual, más suave. Pero quizás tuvimos esa opción y nos negamos a aceptarla. Por miedo, por comodidad, por arrogancia...¿quién sabe? Teníamos que evolucionar y no quisimos. La sacudida, pues, es ya el último recurso para movilizarlos.

Así que, como el cambio va a suceder y va a ser agitado, no queda otra que capear el temporal lo mejor que se pueda. Guarecerse, protegerse, y dejar que las cosas sucedan, mientras nos preparamos para una nueva etapa en nuestra vida.

miércoles, julio 11, 2018

Desapego

Mañana tenemos el primer eclipse de la temporada astrológica, y quizás por eso la "inspiración" de esta madrugada en esa fase previa al despertar. La idea era sobre la libertad y el desapego, ambas como sinónimos. ¿Por qué esta temática? Quizás porque éste es un tema que va mucho conmigo. Tanto mi número de vida como de alma son el 9, que tiene que ver con el desapego.

Ahora las palabras se vuelven torpes al pasar por los filtros de la mente para ser plasmadas, pero esta mañana fluían con una suavidad insólitas. La materialización de las cosas es así de complicada.

Entonces, la idea me susurraba que la libertad es el desapego total. Es el desapego de las posesiones materiales (mi casa, mi coche...), el desapego por los resultados (quiero conseguir esto, quiero llegar a esto...), el desapego de la apariencia (soy rubia, soy bajita...), el desapego de la identidad (soy española, soy mujer...), el desapego de los roles que creemos ostentar (soy hija, soy hermana, soy jefe de proyecto...), el desapego de las etiquetas que llevamos (soy inteligente, soy perseverante, soy vaga...), de nuestras preferencias personales (me gusta el chocolate, me gusta el color rojo...), nuestras aficiones (zumba, ho'oponopono...).

Es el desapego de nuestra historia personal, de nuestras raíces, de nuestra familia.

Es el desapego de nuestros valores y creencias.

Es el desapego de nuestros pensamientos, de nuestras sensaciones corporales, de nuestros sentimientos y emociones.

La libertad es el ser puro, al esencia pura de cada uno.

La libertad es la infinitud.

La libertad es el potencial puro.

Entonces, ¿no somos libres? No tanto como creemos. Tenemos libertad, pero su margen de acción es bastante exiguo. Quizás pensamos que somos libres porque tenemos cierta capacidad de acción, pero la gran mayoría de nuestras decisiones están basadas en patrones de ideas y comportamientos que están instalados en nosotros desde hace mucho tiempo; y la mayoría ni los hemos elegido nosotros, nos los han impuesto. Nuestra acción está basada en históricos.

Pero esto no debería ser un freno para que podamos ejercer nuestra pequeña libertad. Creo que lo más importante es ser consciente y redefinirse en lo que buenamente se pueda, sabiendo que somos mucho más que eso.

Y tras mi ida de olla, me pongo a trabajar.

miércoles, junio 27, 2018

Normalización

La palabra "normalización" siempre me recuerda a los SIEMs, concretamente a la recolección de eventos de múltiples fuentes de datos, con múltiples formatos, que deben ser traducidos al formato interno del SIEM para poder ser procesados y correlados en busca de posibles alarmas o ataques de seguridad. En el proyecto MASSIF me mapeé varios formatos de logs contra el formato OSSIM para pudiéramos desarrollar nuestro escenario de juegos olímpicos, una tarea que correspondía a los desarrolladores, pero terminé haciéndola yo. Como me gustan (y me relajan) los temas de estructuras, terminó gustándome el ejercicio, aunque empecé un poco mosqueada con el tema. A la larga, el ejercicio me ayudó mucho a comprender el funcionamiento de nuestro SIEM y su aplicación en nuestro escenario. A su vez, eso me ayudó a entender mejor los otros escenarios, las mejoras que íbamos a aplicar, y el proyecto en general. Y le cogí cariño a los SIEMs.

Pero la palabra "normalización" significa realmente estabilizar algo con respecto a la norma. Y ¿qué es lo normal? Lo normal solamente es una convención, un estándar. Alguien (o un grupo) decide que algo tiene que comportarse conforme a unas características y criterios, lo etiquetan y lo describe como "lo que debe ser". El concepto se promueve como lo "verdadero y bueno", y termina por aceptarse por un colectivo (la sociedad, por ejemplo). Todo lo que no se ajusta a esa norma, es anormal, incluso malo, despreciable, o peligroso. La norma nos aporta una falsa sensación de seguridad y cumplimiento de valores, a la que nos aferramos como si nuestra vida dependiera de ello.

Pero si algo me han enseñado mis años de I+D es que estándares hay muchos, que todos aspiran a imponerse, y que todos evolucionan. Es decir, por un lado hay grupos que deciden que lo suyo es lo bueno y lo mejor, y quieren imponer su visión a otros que consideran que lo suyo es lo bueno y lo mejor. ¿De qué depende que prevalezca uno u otro? Es algo impredecible, hasta el punto de que hay ideas realmente malas que se han impuesto sobre otras aparentemente mejores.
Recuerdo haber leído en alguna parte que el que se imponga un estándar solamente significa que en realidad se está imponiendo una especie de cosmovisión, una forma de ver y entender la vida. Por eso, no me sorprende que los franceses estén tan fastidiados con que la lengua franca sea el inglés y no el francés (la lengua de los francos, qué ironía).
Por otro lado, que un estándar evolucione, significa que la idea primigenia deja de ser buena para convertirse en otra cosa mediante las aportaciones a la misma: modificaciones, añadidos, eliminaciones...Es algo vivo y variable. Es decir, que la normalidad no es absoluta, pura, e inmutable, sino totalmente cambiante y subjetiva, a veces al servicio de unos pocos para que impongan sus criterios.

Por eso, ¿qué significa normalizar la vida? Significa retornar a algo como era antes de que sucediera un incidente. Pero ¿es eso posible? Yo creo que no. Incluso aunque retomase las rutinas que tenía anteriormente, hay cosas que han cambiado, especialmente en mi mente, y que me impiden que todo sea como solía ser. Lo que pasa es que la normalidad aporta una aparente sensación de encarrilamiento y subsanación que hace que la gente a tu alrededor se tranquilice, como si todo estuviese bien y superado. Sobre todo, les permite respirar aliviados porque les quitas de enmedio el espejo que les hace enfrentarse con su propia sombra. Los espejos son incómodos para todos. Así que te embardurnas en tu barniz de normalidad para complacer al exterior, y dejas que todo se cueza a fuego lento en tu interior, escondido a los ojos de los demás.

Aunque donde mejor me encuentro es en casa, he empezado a retornar al mundo mínimamente. No estoy especialmente social. Ayer fui a la oficina porque tenía una reunión de mi grupo de cierre del H1-2018 y me sabía mal cancelarla. Me sentí bastante mustia hasta el simulacro de incendios. Eso lo cambió todo. Me fui con unas compañeras a la cafetería del hotel y allí estuvimos hablando de cosas intrascendentes, mucho small talk, como las vacaciones de una de ellas por Bretaña. Después la reunión, que fue bastante agradable (lástima que no pude poner el vídeo de los pingüinos), y sirvió para cohesionar el grupo. El 1 de julio hará un año de nuestra andadura. Yo quería haberles dado unos regalos que había comprado para ellos (un detalle sin demasiado fuste), pero hubo un problema con el repartidor y no fue posible.  No estoy muy contenta con la empresa, y los regalos no son como yo esperaba exactamente. Se los daré el jueves, dependiendo de lo que me digan hoy en el hospital.
Por último la comida de grupo, que se prolongó hasta las 16h. Hablamos de películas, de eneatipos, de los HoMs, de chascarrillos generales de ARI. Charles dijo que era como estar en Navidad. Y era verdad. Muy buen ambiente, muy entretenido.
Al llegar a casa vi que habían llegado los regalos que tenía para el grupo. Estuve envolviéndolos en papel de regalo y escribiendo notas personalizads, y así pasé la tarde. Fue peor después cuando me quedé sola con mis pensamientos.

Hoy he vuelto a clase de stretching. He estado a punto de no ir, proque no me sentía muy segura, y porque me da vergüenza. Marta ha estado muy cariñosa y ha estado dándome ánimos. Siempre ha estado muy pendiente de mí. Es una chica muy agradable.
El cuerpo ha respondido bien. Lo de que tenga memoria, ayuda. Hoy he conseguido tumbarme completamente hacia adelante en el suelo con las piernas abiertas. Solo un ratito, pero lo suficiente para darme cuenta de lo mucho que ha progresado mi flexibilidad en estos meses. La de cadera, al menos. Mi espalda también está mucho mejor.

Y luego, vuelta a casa para trabajar. Evaluaciones de H1. Me encantaría poder cerrarlas todas en esta semana, pero voy un poco a remolque. Y eso que van a ser buenas en general. Pero a la gente le gusta charlar y que les presten atención. Y yo soy como mamá gallina y sus polluelos. Nah, tengo un buen equipo.

domingo, mayo 06, 2018

La carrera de la mujer

Hoy se ha celebrado en Madrid la decimoquinta edición de "La Carrera de la Mujer". Se trata de un evento deportivo de supuesto carácter benéfico para visibilizar y recaudar fondos en la lucha contra el cáncer de mama. Una carrera de mujeres para mujeres. Como una de ellas, y como feminista, esta carrera no puede ofenderme más, por no decir que me pone de una mala leche...

Hay muchas cosas que no me gustan de este evento desde hace muchos años, motivo por el cual ya no participo:
  • Primera cosa. Se supone que es un evento solidario. Se pagan 11 euros por el dorsal, pero no he conseguido saber todavía cuánto realmente se destina a la lucha contra el cáncer. Mi apuesta es 1 euro. Considerando la cifra de 35K participantes, 35K euros podría no está mal del todo. Pero si alguna de las empresas patrocinadoras (e.g: Central Lechera Asturiana, Oysho, Banco Santander, Hola, Solán de Cabra, Ybarra, Cosmo, etc) quisiera realmente contribuir a financiar la investigación, podría simplemente aumentar la donación, o incluso destinar un 0.1% de sus beneficios anuales en concepto de la manida "responsabilidad social corporativa". Pero claro, es mucho más rentable así, no solamente porque la cantidad aportada es menor, sino porque también se posicionan frente a su público objetivo, aparentando un altruismo que ciertamente no es. "Hoy ganan las chicas", dice el slogan. No, hoy ganan los de siempre. Esto es puro postureo. Por cierto, me sigue impactando que lo patrocine la lechera; a mí siempre me ha parecido que nos llamaban "vacas" indirectamente, pero esto son ya cosas mías.
  • Segunda cosa. Siguiendo con el aspecto comercial del evento. Hasta ahora teníamos que aguantar cómo recientemente ha despegado la tendencia "runner" (ojo, un runner jamás será un atleta, y jamás amará el atletismo), amparada quizás por la crisis, pero muy basada en el ego de los mismos y en la crisis de la mediana edad. Las mujeres también tenemos nuestro ego, por tanto, se crea un nuevo nicho: las carreras de mujeres, que resulta muy lucrativo. Y oye, a cebar el ego. En este caso, crees que la intención es buena, porque como se trata de dar apoyo a una buena causa, tu conciencia ya está a salvo para todo el año. Por cierto, ¿por qué lo llaman carrera cuando solamente corren las 1000 primeras? Las demás van todas andando. Que me parece muy lícito ¿eh?. Yo misma la he hecho andando, pero no es una carrera. 
  • Tercera cosa. Tanto tiempo quejándonos las mujeres por la discriminación, y de repente damos bola a este tipo de eventos que impiden totalmente la participación masculina. Máxime cuando estamos hablando de una carrera solidaria, una carrera que debería ser una celebración familiar. Pues no, solamente mujeres. Me parece totalmente incoherente y aberrante. Y ahí tenemos 35K participantes (35K ignorantes) que luego se quejarán de las diferencias, de la segregación y de las injusticias.
  • Cuarta cosa. Por si quedara dudas de que esto es un negocio muy alejado de las buenas causas y el apoyo a la mujer, comprobamos el pack de avituallamiento: el Hola, el Hola Fashion, una muestra de detergente, y varios productos light. Y todo muy rosita. Si lo comparamos con el pack típico de una carrera normal, es de risa, por no decir insultante. O sea, como si las mujeres fuéramos princesitas estúpidas. Les ha faltado una laca de uñas y un estropajo. Y ojito al premio principal: la suscripción por un año a la revista Hola. ¿Hola? Nos tratan como a gilipollas, y nosotras lo consentimos.
A mí todo esto me parece una vergüenza y algo totalmente erróneo.

viernes, abril 27, 2018

Semillas


He plantado semillas, unas semillas especiales. Plantar una semilla es un acto de fé. Fé en que germinará, saldrá a la luz, y se convertirá en aquello a lo que estaba destinado: una espiga, un arbusto, un árbol, una flor. La semilla es la promesa de un futuro que creemos mejor, es esperanza.

Es un acto de fé porque el sembrador guarda la semilla en la profundidad de la tierra, pero poco puede hacer para que la semilla brote. No depende de él, por mucho que haya escogido la mejor época para sembrar y el mejor terreno para potenciar. 

La germinación es un pequeño milagro de la vida que damos por hecho. Nos parece natural estar rodeados de plantas, creemos que siempre va a ser así. Y en cierta medida lo es, porque la madre tierra es abundancia, es exuberancia. Conforme avanzamos hacia Beltane, experimentamos esa plenitud. Nos sentimos colmados de bendiciones porque estamos rodeados de ellas. La diosa madre nos sonríe en la cúspide de su profusión.

(Me encanta la idea de que la Diosa da la vida, y nosotros sus hijos estamos vinculados permanentemente a ella, hasta que como Diosa de la Muerte nos recoge en su útero nuevamente para llevarnos a una resurrección. Nosotros somos semillas también. De hecho, muchos de los túmulos funerarios son una representación de la semilla y el útero de la Diosa. A veces creemos estar muertos, pero solamente estamos enterrados, esperando que se den las condiciones necesarias para poder brotar).

Pero hay cierta probabilidad de fracaso en ese momento en que la semilla tiene que brotar.
El sembrador solo puede esperar y confiar. Es una espera no exenta de ansiedad porque muchas expectativas e ilusiones están puestas en esas semillas. Si la semilla fracasa, es una oportunidad perdida. Podrá haber otras, pero requerirá del sembrador más fé para seguir adelante. Si la semilla fructifica, el sembrador tendrá que emplearse en acompañar a la semilla en su crecimiento. 

No es ésta una época tranquila, porque múltiples peligros amenazan el crecimiento de la nueva planta: la helada, las plagas, las enfermedades, la competencia con otras plantas vecinas...Una planta que crece en adulta, es una superviviente. Un sembrador, es un compañero de viaje que pone a disposición de la planta medios para que ella medre. Pero el sembrador debe dejar a la planta que tenga su crecimiento propio. Un exceso de agua puede ser tan letal como la escasez.

Todos plantamos semillas, todos somos sembradores, solo que unos parecen más habilidosos que otros. A veces sentimos envidia de las plantas de los demás, porque vemos sus tulipanes cuando nosotros cultivamos crisantemos, sin saber que nuestras flores nacerán más adelante. O pensando que nos hemos equivocado en nuestra elección, porque de repente nos damos cuenta de que los tulipanes son nuestras flores favoritas y nosotros solo esperamos crisantemos. Aunque siempre podemos esperar y plantar tulipanes después. O quizás no, si hemos perdido esa oportunidad.

Una semilla contiene el potencial de todo un bosque. Me viene a la imagen un bosque de abedules en otoño, con sus troncos blancos y sus hojas amarillas. Allí veo a mi niña interior recostada en una piedra y rodeada de hojas. Viste como una princesa medieval. El viento besa su frente y le susurra al oído: "No temas, mi pequeña, no estás sola. Yo siempre estoy contigo, y siempre eres amada y bendecida". Y mi niña se siente reconfortada y se deja caer en un sueño profundo y reparador, rodeada de oro. Otra imagen con la que evadirme, mientras espero el devenir de mis semillas.

miércoles, abril 11, 2018

2014

Una de las cosas que me gustan del facebook es que me ayuda a recordar qué estaba haciendo un día concreto. No necesito muchas indicaciones, a veces con un meme o una canción basta para poder ubicarme en el tiempo, aunque por supuesto, es mucho mejor cuando la indicación es más explícita. Así, tal día como hoy de 2010, Crisis y yo estábamos en la ciudad flamenca de Gante, aprovechando uno de mis viajes de trabajo. Está guay porque simplemente con evocar el nombre de Gante, vienen un montón de imágenes y memorias de lo que allí estuvimos haciendo. Una ciudad estupenda,  por cierto.

Estos días estoy cayendo en la cuenta de que el año 2014 fue genial. En mi blog hay poco referido a este año, porque hay un gap importante entre el 2014 y el 2015 de casi un año completo. Pero ese año tuve experiencias muy interesantes. Fue al año de Israel y de Noruega, dos viajes que me han marcado significativamente. También estuve en Munich y volví a visitar el Deutsches Museum. Estuve en Donostia y en Frankfurt haciendo de supporter. Y fui a conocer Logroño, donde hice una cata.  El puente de mayo en Alquézar y su río Vero. Por trabajo estuve en Bruselas (cómo no) y en Phantasialand. Hice varias excursiones con baño en río incluído. Fui a una sesión de coaching con caballos, donde llegué a conducir a caballo complicado. También lo conocí a él. Retomé el contacto con Ainoa (a la que tengo bastante apartada, pobre), mi amiga del colegio, con quien tengo muchos gustos "esotéricos" parecidos (aunque ella es una maestra y yo no). Hicimos una cata de cervezas de Halloween de lo más familiar. Empezaron las obras de la casa del pueblo. Aprendí a decorar galletas con glasa y magdalenas con crema de mantequilla.
Y ahora cada día espero ver qué más me trajo ese año.

Lo que sí me doy cuenta es del sesgo que tengo en las valoraciones que hago sobre las cosas. Por un lado, parece que los mejores años son aquellos donde hay muchas vivencias. ¿Necesito realmente vivencias para considerar que fue un buen año? Diría que no. Diría que podría apreciar más los días rutinarios y tratar de encontrar lo bueno que contienen, aunque no parezcan tan sumamente interesantes. No sé, a veces veo una puesta de sol, o veo a los gorriones de la OCU en sus nidos, y me parecen cosas agradables. Aportan belleza a mi mundo, por sencillas que sean.

Luego está la valoración de lo que es bueno y lo que es malo. En realidad todo es neutro, solo que lo valoramos positivamente si se parece al resultado que esperamos y malo cuando se aleja, si parece que nos beneficia o nos perjudica. Cuando todo tiene una parte buena y otra mala. Es algo que me gustaría conseguir: dejar de enjuiciar los acontecimientos y no reaccionar tan emocionalmente a todo. No digo convertirme en un robot, pero sí gestionar mejor los picos. Rectificar (en el sentido función).

Lo que está claro es que las experiencias nos ayudan a salir del estancamiento, aprender y crecer. De la rutina se puede aprender, sobre todo a optimizar, pero llega un momento en que parece complicado sacarle más partido a lo de siempre. Por eso es importante nutrirse con cosas nuevas. Y más que nuevas, cosas que nos puedan dar alegría y gusto, que nos hagan evolucionar, que nos hagan romper nuestros límites. Llenar nuestra vida con lo que nos apetece y nos alimenta el alma. Cosas como las que hice en 2014.

¿Qué cosas son esas? Pues viajar, ir a conciertos, teorizar menos y experimentar más, probar cosas nuevas, explorar. A ver cómo encarrilo el 2018 para alinearlo con esta idea.

lunes, marzo 19, 2018

Fuerte pero cansada

Tomado del Facebook de Natt Veron.


Cuando vi esta imagen me vi allí, debajo de la ducha, en un final de día estresante y de cansancio.
Cansa el cuerpo, cansa la mente, cansa el alma.
Sea cual sea el motivo, el empleo, la familia, los estudios, las malas relaciones, los amigos los bueno o los malos.
La mente cansada ya no se acuerda de rutinas importantes, olvida donde está la llave de casa, se olvida de pagar una boleta importante, olvida la contraseña de la tarjeta.
Se despierta ya cansada, sin ritmo, sin ánimo. Pero despierta, pone su armadura e incluso herida y cansada se obliga a ser fuerte, a ser la mujer valiente que la sociedad te obliga a ser.
Ser fuerte no es ventaja, es necesario, matamos a un león por día y seguimos sonriendo.
Pero cuando estamos a solas, se derrama lagrimas lloramos, no porque nos falta coraje, es por el exceso de ella que nos obliga a parecer impenetrable.
Lloramos para aliviar el dolor del alma, lloramos porque a solas podemos ver nuestras heridas, lloramos con nosotros mismos para ser fuerte.
"Sea fuerte chica y valiente" ya me decían eso desde que recuerdo, lástima que no avisaron lo fuerte que era necesario ser.
No te avergüences por hundirte de vez en cuando, no te sientas incapaz de llorar por el cansancio de tus días, que no te de vergüenza de limpiar sus heridas cuando ellas se enfermen.
Las mujeres sabemos cuánto es importante es llorar para mantener la cordura.
Y no te preocupes ni tenga vergüenza que les aseguro que en otras casas también hay una mujer como nosotras ,que también esta en la ducha dejando que el agua lleve sus dolores...

jueves, marzo 15, 2018

La naranja exprimida

Sharing-Dreams me envió un whatsapp con un mensaje de esos que van en cadena. "Léelo. Espectacular", rezaba el comienzo. El mensaje era una especie de analogía con una naranja exprimida. El resumen es el siguiente:

"¿Qué sale de ti cuando la vida te aprieta, cuando alguien te produce dolor o te ofende? Si la ira, el dolor y el miedo salen de ti, es porque eso es lo que hay dentro.
Si alguien dice algo acerca de ti que no te gusta, lo que sale de ti es lo que hay dentro; y lo que está dentro sólo depende de ti, ¡es tu elección! Cuando alguien te presiona y sale amor, es porque eso es lo que has permitido que esté en tu interior."

Le dije que no estaba de acuerdo con esto, aunque no expliqué por qué.

Por un lado me siento aludida. Me acaban de hacer un daño inmenso (encima por alguien que significaba tanto para mí) y en consecuencia han aparecido en mí sentimientos de dolor, desvalorización, enfado, ira, tristeza, y frustración. Pero el mensaje me viene a calificarme de mala persona por tener sentimientos negativos. Y no lo acepto. Yo no soy mala, simplemente estoy profundamente herida. Yo no soy mala, solamente la experiencia me ha transformado, para mal, porque ahora estoy muerta por dentro. A lo mejor soy eso: la muerte.

Por otro lado, creo que es normal sentirse mal ante una situación de gran impacto emocional. Pero aunque no lo fuera, estos son mis sentimientos y no tengo por qué negarlos, que parece ser el segundo mensaje. Mis emociones y mis sentimientos están ahí para enseñarme algo. Lo que no me parece bien es ignorar su mensaje solamente porque no son agradables. Me parece peor no afrontarlos y no aprender de ellos. Además, el tránsito por ellos no puede ser apresurado. Cada una tendrá un ritmo, su propio ritmo. En algún caso es posible que el sentimiento jamás desaparezca. La desvalorización, por ejemplo, no creo que ella vaya a desaparecer en el corto y medio plazo. Ahora mismo soy una ciudad asolada y en ruinas.

Y mientras me acompañan, esos sentimientos influirán mi forma de entender el mundo y de comportarme. Ahora mismo puedo prever que si ya era recelosa de por sí, ahora lo seré mucho más. Que si antes era distante, ahora lo seré mucho más. Que si era reservada, ahora lo será mucho más. Que jamás volveré a creer las palabras melosas, porque todas me parecerán falsas y vacuas. Creo que jamás me voy a ilusionar por nada.

No, no era esto lo que estaba dentro de mí, más bien es la consecuencia de lo que he pasado. Yo creo que dentro de mí había mucho amor, y creo que sigue estando allí, pero ahora está replegado muy en mi interior y ahí se va a quedar. Y no, no tengo nada más que ofrecer, pero es que tampoco querría si lo tuviera. 

sábado, marzo 10, 2018

Definiendo el Amor

"¿Qué es el amor par ti?",  me pregunta, y me deja pasmada con la pregunta. A palo seco y sin anestesia. Parece creer que la respuesta es sencilla, y que el amor se pudiera definir tan simplemente. "¿De qué clase de amor hablas? ¿Del Amor incondicional, del amor romántico...?" Intento acotar el alcance para poder responder mejor, pero él habla del amor en general. No sabe precisar. Pero ¿cómo definir algo que es infinito, que escapa de la capacidad humana?

Podría buscar atributos para poder acercarme a una definición, pero jamás un conjunto describiría el todo. Ni siquiera la  RAE es capaz de dar una definición acertada y aproximada. Porque el Amor es inabarcable y tiene mil caras. El Amor no se puede definir, solamente se puede concebir desde el sentimiento, de la emoción. Las palabras se quedan cortas. El amor es. El amor se siente.

A falta de algo mejor digo que el Amor es Dios, pero es la peor frase que puedo elegir para una persona descreída. Por supuesto, ahí termina la conversación, porque todo lo que viene marcado con la palabra "Dios" es algo que rechaza de plano. Y sin embargo, no hay mejor descripción. Y me ha sobrado con una palabra, pero una palabra que tiene un significado enorme.

Ahora con tranquilidad en casa, pienso en qué es el Amor para mí, y quizás me faltan elementos. Por ello, me pongo a escribir sin pensar, dejando que las palabras se vuelquen solas en el papel, y el resultado es esto:

El amor es una energía vibrante, cálida, intensa poderosa, edificante, algo que te embarga, te emociona y te estremece, hasta el punto de hacerte temblar como una hoja, y al mismo tiempo te hace sentir invencible, como si nada en el mundo pudiera pararte, como si todos los obstáculos desaparecieran ante el empuje de la fuerza que te otorga, como viajar hacia el sur (esto lo diría un ent);
es tu vulnerabilidad y tu fuerza;
es tu sensibilidad y tu poder;
es coraje y determinación;
es victoria, el triunfo del alma frente a la adversidad;
es algo tierno, pero también sensual, sexual, mental, emocional, espiritual;
es magia, música y poesía, pero también es física, química, y matemáticas;
es como encontrar el lugar al que perteneces, al que siempre has pertenecido;
es saber que tu búsqueda vital ha finalizado, porque aquello que buscaba está en tus manos, y eso te llena de paz, sosiego, y satisfacción;
el amor es encontrar las respuestas a todas las preguntas y que todas sean perfectas;
es hambre y sed saciadas;
el amor es fundirse con otra alma que a la que perteneces como si fueras tú mismo;
tu segunda piel, tu segundo corazón;
el amor es dicha, es risa, es alegría, es felicidad, es deseo, es gozo, es éxtasis, es completitud, es plenitud;
es sensorial y orgánico, pero también está hecho de néctar y ambrosía;
es la caricia suave del amante, su abrazo amoroso y protector, pero también la pasión desbocada y desbordante;
es la tormenta y es la suave brisa que riza la superficie del mar;
es querer proteger, cuidar, preservar, defender, mimar;
es admirar y a la vez sentirse un dios cuando sientes la fascinación que produces;
es elevar, apoyar y sostener;
es ayudar a que la luz del otro brille y sentirse extasiado y orgulloso ante la belleza de su luz plena;
es reconocerse uno en los ojos del otro;
es cobijo y refugio, es paciencia y reprocidad;
es ser maestro y alumno a la vez;
es ser amo y esclavo a la vez;
es el espejo y la sombra;
es atracción, es aprecio, es afecto, es valoración;
es conexión, es confianza, es complicidad, es inclusión, es compartir, es comprensión y escucha, es entrega;
es inocencia y es sabiduría.
es el lazo indisoluble y alas de libertad;
es la melodía del alma, la danza cósmica de la vida, la espiral eterna.

El Amor somos tú y yo, vida tras vida, encuentro tras encuentro, alma junto a alma, evolucionando juntos. Somos Uno.

miércoles, febrero 21, 2018

Runes carved to my memory



"When I am dead,
Lay me in a mound.
Raise a stone for all to see
Runes carved to my memory"
(Amon Amarth)

He vuelto a pensar en la muerte. Ayer tuve una visión de cómo podría querer ser enterrada: mi cuerpo cremado iría al mar, quizás cerca de la praia Os Castros o en Pechón, aunque tampoco me importaría que me arrojasen al arroyo Guarramillas de Guadarrama. O si nos ponemos sentimentales, podría compartir el cerro con mi tía Anita y que el cierzo esparciera mis cenizas por el valle del Ebro. Pero además de las cenizas, me gustaría que se erigiera una piedra rúnica en mi nombre, un cenotafio, algo que recordara mi paso por este mundo. Como una Skjadmaer. Esto es más del ego y de su gusto por querer ser inmortal en este mundo finito. Una piedra rúnica como las de Sigtuna, con alguno de mis totems, o con un cuervo, evocando a la diosa Morrigan (aunque sea celta). Podría pensar en algún epitafio decente para adornar la piedra.

Este es un tema que tengo pendiente de solventar: hacer testamento y disponer mi funeral. Ahora que se propone la jubilación a los 75 años, quizás sea mejor invertir en servicios funerarios que en un plan de pensiones, dado que del trabajo vamos a acabar en la fosa. Es un tema que tendría que tratar porque a la muerte de mis padres me quedaré sola en el mundo, y veo que terminaré cremada sí, pero arrojada en la fosa común. No es que me importe compartir tumba (Our chemical Wedding), pero preferiría tener una despedida un poco más personal. Tampoco me importaría acabar convertida en compost para abonar el campo; al menos así mi muerte habría servido para algo. Y seguramente más útil que todo lo que he hecho en vida.

Hay muchos tipos de tumbas, algunas también en vida. Nos sepultamos entre obligaciones, responsabilidades, cargas familiares, normas sociales. Asesinamos nuestro espíritu sin contemplaciones y a eso lo llamamos "entrega" (o cosas peores como "abnegación" o "altruismo"). Pero nadie nos va a recordar (y mucho menos agradecer) por las horas extras que hicimos, por respetar las normas de tráfico, por cuánto nos sometimos a la voluntad de nuestros padres, por cuánto nos plegamos a la sociedad, por cuanto renunciamos a nuestros sueños por que nuestros hijos pudieran hacer una clase de cerámica. En realidad nadie nos va a recordar por nada , pero nuestro espíritu sí lamentará todo lo que dejamos de hacer. Además de solos, morimos asqueados por no haber vivido.

jueves, febrero 15, 2018

Expiación


Me despierto y enseguida mis ojos se fijan en un libro concreto de la estantería. ¿Qué libro es ése? Me acerco y veo que se trata de “Vivir el Perdón” de Jorge Lomar. Está tan “bien” categorizado como algunas de las películas del videoclub. Es un libro que compré a imitación de Isabel, que era muy fan de Lomar. Él es una de esas personas que tienen un nivel de conciencia que no es de este mundo. Están muy iluminados y hablan de cosas que a la mayoría se nos escapan. En concreto este libro está relacionado con el famoso “Curso de Milagros”, que me resulta bastante farragoso, denso y difícil de comprender. Los registros akáshikos me dicen que ellos cuando hablan no es para el consciente, sino para otra parte de nosotros más elevada que sabe qué hacer con esa información. Me recuerda un poco a la esteganografía.

Cojo el libro y veo que está a medio leer, como muchos otros de mi colección. Creo que empecé a leerlo cuando comencé el curso de Ho’oponopono, y quizás entonces tenía demasiadas cosas entre manos como para terminarlo. Tampoco era un libro fácil, por mucho que intente aligerar el “Curso de Milagros”.

Empiezo a ojearlo y no me cabe duda de que es una señal de mis guías. Anoche me acosté pensando si este dolor cesaría alguna vez, y en cierta manera tengo la respuesta en mis manos. De lo poco que puedo leer (por las mañanas tengo una rutina bastante medida), es que el sufrimiento es una forma de percepción errónea. Es un programa del ego instalado en la mente para hacernos comportarnos de una forma concreta. El sufrimiento nos lo causamos nosotros mismos con nuestra percepción y nada ajeno a nosotros es la causa.

Comprendo entonces que soy yo la responsable de mi situación y nadie más. Soy yo la que tiene que hacer un trabajo interno para poder liberarse de su programa de sufrimiento. Y de repente siento la necesidad de liberarle a él de esa parte de culpa sobre la situación. Le doy mi perdón y pido perdón. Y aquí matizo algo: lo perdono pero mi intención no es la de sentirme superior. Eso también es parte del ego. A veces las cosas que creemos hacer por bien, en realidad también son producto del ego. Yo no tengo que perdonarlo porque no hay nada que perdonarle. Si asumo la responsabilidad de la situación, él no tiene culpa. Aun así, le doy mi perdón por si él lo necesitase de alguna forma (quizás no), no porque yo sea mejor que él, no porque yo esté sufriendo. En todo caso, es a mí misma a quien debo pedir perdón por estar donde estoy. Así que lo libero a él y comienzo mi trabajo interno.

El trabajo interno quizás lleve tiempo (o no, dicen mis guías) y va a ser duro. Me temo que haya mucho que sanar y que el programa esté muy instalado. Me gustaría leer el libro desde el comienzo, practicar y asimilar la enseñanza con la misma. El perdón es un camino experiencial. Se lo entrego al Espíritu Santo, que diría el Curso de Milagros.