Mostrando entradas con la etiqueta sendas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sendas. Mostrar todas las entradas

lunes, diciembre 10, 2018

Pozas y Huertos

Ruta pequeñita y no demasiado exigente para calentar motores. Apenas 2.8km de trayecto y desnivel de 78m. 45 minutos de recorrido. Ideal para ir con niños y con perro. También para personas con poco fondo o en un estado físico no demasiado bueno. Mi caso, para más señas, ya que amanecí con los síntomas de la gripe rara que tengo. Hacía muy buen tiempo además, caluroso para estar tan entrado el otoño, lo que hizo del paseo algo agradable.

Comenzamos en la plaza de la Constitución de Bustarviejo, de donde sale la ruta. Pasado el ayuntamiento se accede pronto a un camino forestal que da inicio a la senda. Es un camino muy despejado de árboles, muy soleado. La ruta está muy bien señalizada, no hay peligro de pérdida. Además es circular, con lo que nace y muere en el propio pueblo.

Hay tres pozas en el camino: la poza Grande, la Chica, y la del Prado Mayor. Llaman "pozas" a pequeñas albercas usadas para el riego de los huertos próximos. Para llegar a la primera hay que desviarse del camino, siguiendo las indicaciones. Queda un tanto separada, rodeada de árboles, lo cual le da cierta sensación de tranquilidad. Hasta que un perro grande y trompón se resbala y cae de lleno en la misma. Fue una de las anécdotas cómicas del día. La segunda sería otra caída en la poza del Prado Mayor, donde el mismo perro se tiró al agua pensando que había un camino bajo las hojas secas que lo cubrían. Ahora sabemos que Talgo sabe nadar. Habría sido más "gracioso" aún tener que meterse en el agua para sacarlo.


La poza Chica queda justo al lado del camino, pero no tiene mucho misterio. Pero para la del Prado Mayor hay que desviarse junto al río, y esa parte es mucho más bonita. Ahora todo tiene un color marrón bonito, pero en primavera tiene que ser precioso. Bajaba bastante agua y las pozas estaban llenas. Con las hojas secas encima, me pareció un lugar muy bonito.


Llegar a esta poza es como coronar un puerto. A partir de entonces el camino se devuelve al pueblo y es cuesta abajo, paseando junto a los huertos del municipio. Las verduras las venden los sábados en la propia plaza de la Constitución. Ahora en otoño ya no queda mucho de temporada.

Lo que es temporada es la caza, y con el perro es peligroso, porque los cazadores disparan a cualquier cosa que se mueva. El perro tiene que ir atado para poder controlarlo. Por lo demás, el perro podría ir suelto, porque no hay carteles que indiquen la obligación de llevarlo controlado. Él es feliz cuando va a su aire.

domingo, julio 31, 2016

Baño en Angostura

El arroyo de la Angostura (a veces también lo llamo Guarramillas por confusión) se ha convertido en uno de mis lugares favoritos para el verano. Tiene una pega fundamental: llegar allí puede convertirse en algo tedioso: demasiado tráfico por la A-1, demasiados ciclistas en carretera, y por último están los domingueros de volante, que parecen no saber conducir por las carreteras de montaña. La próxima vez lo intentaré por Navacerrada, a ver si hay más fortuna.

Lo bueno de la Angostura es poder bañarse en él. Es una de las cosas que más me gusta hacer en verano: un buen chapuzón en el río. Hoy me he obligado a caminar un poco antes, en parte porque el aire corría fresco y no incitaba al baño directo. Así que tras una hora de caminata (que poco habré recorrido), he vuelto sobre mis pasos y he buscado una poza con suficiente hondura como para poder sumergirme completamente. Esta vez con bikini. Y menos mal, porque el camino estaba muy transitado.

Me gusta más pasear junto al arroyo que por el camino principal, pero es un camino complicado y en el que se avanza poco. Quizás si hoy hubiese tenido mejor día habría podido llegar a la poza de Sócrates. Pero cuando he visto cómo ascendía el camino, bajo el sol de mediodía, he descartado esa posibilidad. Estaba un poco baja de energía, y necesitaba comer algo. Menos mal que llevaba chocolate en la mochila.

Junto al río el tiempo parece pasar de otra manera. Es como estar metido en una burbuja. Allí no importa nada, todo es tranquilidad y sosiego. Allí todo parece en orden. Podría llamarlo "felicidad".
Podría pasar horas, no ya bañándome, que el agua bajaba hoy más fría, sino viendo correr el agua. Además de las habituales mariposas y libélulas, hoy he visto truchas ¡y renacuajos!. También he visto cómo una lagartija bajaba al río a beber agua, algo que no había visto nunca. Me he preguntado si habría lagartijas torpes que pudieran caer al agua intentando beber, pero seguro que salen nadando, como las iguanas. 

Y así han pasado las horas, entre chapuzones de agua y observaciones del paisaje. No ha sido una mala mañana.

domingo, julio 17, 2016

El Sestil del Maillo

El cuerpo tiene formas muy curiosas de hablarnos. A mí a veces me envía imágenes para hacerme saber qué necesita. A veces son imágenes de chuletones de ternera, otras son imágenes de cosas con azúcar. Esta vez han sido árboles.

Mi cuerpo necesitaba recargar energía, y necesitaba una fuente pura. Y no le bastaba cualquier destino: quería sombra, verdor, árboles frondosos, aire fresco. Vamos, que El Pardo no era una alternativa. Quería montaña. Le comprendo: ¿cuánto tiempo hacía que no subía a la montaña? Diría que casi un año.

Pero todo tiene sus dificultades. Esta mañana no sólo me ha costado vencer la pereza de madrugar y arrebujarme entre las sábanas, también he tenido que superar todos los pensamientos en contra: no merece la pena, sería mejor que limpiases la casa, hace mucho que no visitas a tu abuela, etc. A punto he estado de claudicar, como pasa en otras ocasiones. Esta vez he tomado mi desayuno, he empaquetado, y he salido por la puerta de casa en dirección al norte.

Como hace tanto tiempo que no caminaba, necesitaba una senda asequible. He pensado en Mojanalvalle. La idea era llegar a la chorrera y hacer la senda ecológica. Algo cortito. 

He llegado a Canencia una hora después de salir de casa, sorteando una legión de ciclistas desde antes de llegar a Miraflores. Me molestan muchísimo cuando van en grupo porque se crecen demasiado amparados en el grupo. Ahora hasta se quedan de cháchara en medio de la carretera y no se apartan para dejar paso a los coches. Mucha moto también en sentido contrario.

La temperatura ha descendido diez grados respecto de la ciudad. Arriba en el puerto hacía fresco y hacía un sol radiante. Aun así, todo se ve bastante verde. Es muy bonito. He cogido agua fresca en la fuente y he empezado a caminar. El sol no había levantado demasiado, así que el camino tenía bastante sombra.

Lo bueno de ir sola es que no eres un lastre para nadie, y tampoco te ves obligada a seguir un ritmo que te resulta incómodo. Yo soy lenta y pesada, así que mi ritmo no es demasiado rápido. Ir lento me permite dosificarme, pero también me permite admirar mejor el paisaje. Decía el guía de la senda botánica de Sallent que normalmente los excursionistas no se paran a mirar a los lados, pero este no es mi caso. Me gusta ver los árboles, me gusta reconocerlos, me gusta identificarlos. También me gusta ver las mariposas. Y si veo un ciervo (que no es lo habitual), para qué hablar.

Así he llegado a la chorrera. Para ser verano, todavía tenía agua. En primavera ha tenido que estar espectacular. Allí me he detenido para meter los pies en el agua, una tradición y una bendición: cómo descansan los pies en agua fría. He hecho un ejercicio de respiración, y luego he continuado por la senda ecológica, paralela al arroyo del Sestil. En un punto, la senda se divide en tres: a la derecha, ascenso al camino de ida, de frente, a la carretera, y a la izquierda...sorpresa. No había ido por esa ruta, pero todo indicaba que bajaba al arroyo. Unos minutos antes había pensado que sería agradable bajar al arroyo. Eso he hecho.

He llegado al arroyo enseguida porque todo era cuesta abajo y la pendiente considerablemente pronunciada. Un buen camino, sin embargo. Como iba a Canencia, no tenía previsto darme un baño, y por tanto no había traído el bikini. De repente: pocitas para el baño. No he podido resistirlo: me he desnudado y me he metido en una de ellas. Con tan mala suerte que de repente han llegado varias parejas. Creo que han flipado un poco. Qué vergüenza más grande. Pero qué le vamos a hacer. Me he quedado como nueva, como si me hubiese liberado de un peso enorme en todo el cuerpo.


Tras el baño, he querido hacer meditación. Me la he saltado esta mañana porque quería salir pronto de casa, pero también porque he pensado que sería muy especial hacerlo en la montaña. La meditación iba bien, hasta que un grupo grande ha llegado al lugar donde estaba y se han quedado de charleta. A la mierda la meditación. He sacado mi sandwich de chopped y tomate y me lo he comido mientras tanto.

 

Después he descendido paralelamente al arroyo, reconociendo futuros lugares de baño. También he visto uno de los acebos singulares de Madrid, que es enorme. ¿Qué años podría tener? Así he llegado a la carretera, donde sospechaba que terminaría. Desde allí me quedaban dos kilómetros al puerto, con un desnivel del 6%. Ha sido bastante durillo, pero afortunadamente no hacía tanto calor como para que fuera insoportable. De esta manera, he coronado el puerto. Ha sido bastante gratificante. Tras rellenar el termo con agua fresca, he emprendido el regreso a Madrid para una merecida siesta.

Siempre digo esto: tengo que subir más veces a la montaña. Me sienta bien. Pero no sé si es por pereza o por qué, mis planes suelen acabar en agua de borrajas. Tendré que intentarlo una vez más.

lunes, septiembre 14, 2015

Cascada del Hervidero



Se aproxima el otoño y eso significa que queda poco tiempo para chapuzones fluviales. En mi búsqueda de nuevas oportunidades topé por casualidad con la ruta a esta cascada, llamada "del Hervidero". Es curioso que nunca antes hubiese salido en mis búsquedas. También es curioso que nunca hubiese oído de ella. Ya ves, vives años en un sitio y puedes llegar a desconocer tantos lugares. Llevan toda la vida ahí, accesibles para todo el mundo, pero ocultos para uno. Hasta que de repente se descubren.

La ruta se presentaba como sencilla y así fue. Es poco exigente y no está demasiado lejos del pueblo de San Agustín de Guadalix. El camino es una pista bastante amplia que transcurre paralela al cauce del río Guadalix hasta llegar a una cortante donde aparecen las cascadas. Es ideal para ir con niños, aunque nada de carritos, como sugería la publicación. No hay demasiada sombra, así que gracias a Dios el sábado amaneció nublado.

Aunque la ruta no está mal, no terminó de gustarme por la suciedad encontrada a lo largo del camino. Está demasiado cerca de una población y la gente es demasiado cerda. Se ve que tampoco se ocupan demasiado de las labores de limpieza de las márgenes del río. Aun así, el agua fluye más o menos limpia, excepto en la zona de las cascadas. Se supone que uno puede darse un chapuzón allí, pero no me quedaron muchas ganas. Mi gozo en un pozo.

La cascada son dos chorros que caen a sendos laterales de una enorme roca. Es una vista bonita.

Lo más curioso del día fue encontrar lúpulo enredado en unas zarzas. No es algo común. Cogimos un poco y lo olimos. Recordaba un montón a las IPAs. Qué aroma tan agradable. Daban ganas de tomarse una cerveza. Y eso mismo hicimos, aunque fue Mahou. Menos da una piedra.

domingo, agosto 02, 2015

El Ventorrillo - Mirador de las Canchas - Risco de los Emburriaderos - Pto Navacerrada

Pocas cosas producen más empoderamiento que salir solo a la montaña. No es que prefiera ir sola a ir en grupo, pero la experiencia es muy diferente. Cuando voy en grupo, siempre voy a remolque porque, como dije en otro post, suelo ser la más lenta, la que menos resistencia tiene, la más quejicosa. Soy el lastre. Pero cuando voy sola voy a mi ritmo, soy yo la que decide dónde, por dónde y hasta dónde, y además suelo aprender cosas, sobre todo de mí misma y de los recursos y capacidades que poseo. Estas vivencias suelen ser bastante reafirmantes. Y después de varios días con el ánimo bajo y de sentirme poco valiosa, necesitaba algo así.

Esta mañana amanecía cubierto. Me sentía muy perezosa, tenía dolor de cabeza, y con molestias en el estómago. Cosas del estrés, supongo. A poco no desisto antes de empezar. Tengo el par de arranque muy alto la verdad. Pero tras comprobar que no había alarma de tormentas en la montaña y desayunar, me he puesto en marcha.

Cuando he llegado al Ventorrillo hacía fresquito y seguía medio cubierto. Era un día ideal para haber subido a 7 Picos, uno de mis retos pendientes. Pero he preferido atenerme a lo que mi mente me pedía. Tenía la ruta muy clara: el mirador de las Canchas. Es una ruta que hicimos hace unos años Crisis y yo. Entonces ella estaba embarazada y sólo llegamos hasta el mirador. La ruta me había gustado y he querido repetir.

Caminar a solas tiene un problema: estar sola con mis pensamientos. Por lo menos al principio, hasta que me meto en la actividad. Pero esto puede llevar un tiempo y, mientras, ahí están ellos, recordándome mis miserias. A veces me sorprende la ingente cantidad de pensamientos que puedo llegar a tener. Es agotador. Mi mente es como una máquina que no deja de generar pensamientos. No puedo pararla. 



He llegado al mirador de las Canchas. Era pronto, quizá las 10:30. Todavía podía aprovechar un poco la mañana y pasear más. La Bola del Mundo se mostraba como un objetivo ambicioso, no era necesario llegar. Pero acercarme un poco ¿por qué no? Sabía que había un camino que llevaba a ella desde la Barranca, pero el que había delante de mí se veía claramente que bajaba a La Barranca pero no parecía girar a la izquierda en ningún momento. Entonces he preguntado a un ciclista que acababa de parar en el camino.

"¿Quieres ir a la Bola del Mundo? Está muy lejos". Odio que me menosprecien aunque tengan razones para ello. Vale, estaba haciendo una lectura de pensamiento, pero era tan evidente que me estaba juzgando como mujer, gordita, y dominguera...Le habría borrado esa sonrisa condescendiente de un puñetazo. La sociedad creó las normas para situaciones como ésta.
El tipo me confirma que el camino desciende a La Barranca y que casi al llegar al final aparece el que va a La Bola del Mundo. ¡Qué pereza! Y justo cuando estoy asimilando la posibilidad de bajar a La Barranca sin más y almorzar allí, me sale con que hay un sendero justo a mi izquierda que se acerca a La Bola del Mundo. "Pero está muy lejos", añade. ¡Joder qué pesado! 

Subo a la senda. Se llama "Camino de la Tubería" porque hay una de hierro que acompaña todo el recorrido. Es un camino estrecho, pero cómodo para caminar: va ascendiendo muy suavemente y tiene un tramo de sombra. Cunde. Frente a mí, la Maliciosa y la Bola del Mundo. Es una vista bonita, salvaje. Se ven montones de lagartijas y un par de águilas. 


Sigo caminando hasta llegar al Risco de los Emburriaderos (el nombre lo he mirado luego). Se hace evidente que el camino tiene que llegar a Navacerrada, pero ignoro cuánto hay por delante. Me digo que si no lo veo claro, a las 12:00 me doy la vuelta y desciendo. De repente engancho con una PR que marca claramente un ascenso. Decido coronar y tomar la decisión allí. Este es el tramo más duro que he tenido en el día. Creo que me va haciendo falta comer algo.

 Corono. Entonces veo que estoy justo en la senda del puerto que va por debajo del telesillas. Y por encima de mí la senda que lleva a la Bola del mundo. Miro el reloj. Pienso en el ciclista. Aún no son las 12, llevo 2 barritas energéticas y suficiente agua. Vamos, que me da de sobra para subir a la Bola del Mundo. Y no lo digo por chulería, es que no es la primera vez que subo. Sé que me puede costar, pero sé que puedo lograrlo. Pedazo de cretino.

Justo cuando estoy planteándome si subir, una idea se gesta en mi cabeza. Esa idea tiene forma de bocata de lomo con queso y me llama. El puerto está tan cerca...Mis pies se encaminan automáticamente en ese sentido. Subir a la Bola del Mundo parece algo tonto. Si me pongo muy cabezona, siempre podría hacer trampas y coger el telesilla, que está funcionamiento. Pero yo sólo quiero comer...

Me pido un bocata que me sabe a gloria. Recargo agua. Me doy crema solar. Comienzo el regreso. Me ha tentado la posibilidad de bajar andando directamente por la carretera, que es el camino más corto al coche. También he sopesado la idea de hacer autoestop. Pero ninguna de las dos me hacen mucha gracia. Así que vuelvo sobre mis pasos. 

El sol está ya en todo lo alto y hace bastante calor. Me molesta un poco la rodilla derecha, lo cual no son muy buenas noticias para el descenso. Me doy cuenta de lo mucho que he caminado, aunque no soy capaz de calcularlo. Seguro que no es para tanto, pero estoy cansada y se me está haciendo largo y pesado. Sólo quiero llegar al coche. Apenas hay sombra y no llevo un pañuelo que me proteja porque no tenía planeado andar más allá de las 13h. Me pesan las piernas y noto cada centímetro del pie...

Y por fin...mi coche, mi Igortxu. No lo beso porque seguro que quema. Nos vamos a casa, que me espera un pedazo de helado de turrón en la nevera. Me lo merezco.

domingo, julio 26, 2015

El Arroyo de la Laguna

Un buen día de verano para subir a la sierra y tomar un baño en un río. Crisis proponía ayer ir al Arroyo de las Guarramillas. Se supone que tenía que ser un sitio de fácil acceso para poder llevar al niño, y ciertamente lo es, siempre que se acceda por un sitio adecuado. Pero sorprendentemente hemos escogido uno de los peores caminos: el descenso del Arroyo de la Laguna (de Peñalara). 

El camino comenzaba bien, paralelo al río, bien definido, dirigido a converger con Guarramillas. Pero de repente ha empezado a ascender por la ladera, volviendose abrupto, tortuoso, escarpado, y lleno de maleza, alejándose del arroyo tanto en altura como en distancia.

Yo iba la primera del grupo, por eso de que era la que "mejor" conocía la zona, pero nunca había bajado por aquí. Me estaba mosqueando porque no estábamos descendiendo, porque me estaba llenando de arañazos de zarzas y arbustos, y porque detrás venía Miguel que llevaba al niño en la mochila, con evidentes inconvenientes. Lo que me preocupaba es que Miguel se rayara en algún momento y no quisiera continuar. O que llegáramos a un punto muerto.

Y de repente una vaca en mitad de camino.

A diferencia de lo que la gente cree, las vacas de la montaña no son animales inofensivos: están un tanto asilvestradas, lo que las convierte en animales impredecibles. Son veloces, ascienden con agilidad por las laderas, y si se ven amenazadas, embisten. En un camino tan estrecho, en fila india, y al borde del barranco, estábamos totalmente expuestos a ella. Ha sido una suerte que la vaca decidiera dejarnos el paso libre. ¡Gracias, señora vaca!

Seguimos adelante. Entonces el camino desaparece en un claro. Un poco angustiada (mi sentido de la aventura es regular), me adelanto un poco para explorar el terreno y ¡ahí está! El camino principal. Joder, en comparación es como ir en una autopista. Consideramos subir a Cotos por el mismo, pero el GPS nos indica que estamos demasiado lejos. Yo digo que siempre podemos bajar al siguiente arroyo y ascender por el mismo hasta la carretera. Me consta que tiene mejor acceso.

Pero antes un baño. Encontramos una poza profunda en el mismo Arroyo de la Laguna. Yo habría querido bajar al de Guaramillas, pero el resto del grupo no está por la labor. La verdad que la poza es fantástica y justo por encima tiene un acceso de poca profundidad para el niño. Allí nos plantamos, nos damos un par de chapuzones, tomamos el sol, hacemos tiempo hasta la hora de la comida. Vemos libélulas, mariposas, arañas, gusanos, zapateros y una trucha. Me relajo escuchando el sonido del arroyo.


Miguel dice que un par de excursionistas le han comentado que el camino por la otra vertiente del arroyo es mejor. Decidimos ascender por allí. Es muy empinado y sube por el lecho seco de un arroyo. Los gemelos y los glúteos arden. Tengo molestias en la rodilla. Mañana quiero ir a clase de Pump: ya veremos si podré.

Y de repente la vaca otra vez. La misma. Nos mira como diciendo: vaya día me estáis dando. Esta vez no parece tan simpática. No me parece prudente cruzar justo delante de ella, así que me desvío todo lo que puedo hacia el barranco para hacerle entender que no queremos líos. Son unos metros nada más, pero espero que sea suficiente. Llevo gafas de sol, pero aún así prefiero no mirarla directamente a los ojos. No sé los demás. Sólo me quedo tranquila cuando todos hemos salido de su área. Ya podemos seguir ascendiendo.

El camino es cada vez más empinado, pero es más directo. Se oyen los coches pasar y se avistan los quitamiedos. El tramo final parece imposible, pero el camino gira a la izquierda hacia el arroyo, por donde tendremos que cruzar, como indicaron los excursionistas. Por fin encontramos gente: domingueros. Son esos que bajan la nevera con ruedas hasta el arroyo. Señor...

Por fin pisamos el asfalto. Lo hemos conseguido. Se me ha quedado un poco corta la estancia en el río, pero lo compensaremos con una buena comida en Lozoya.

domingo, septiembre 08, 2013

Chorrera de Mojonavalle



El bosque olía hoy a otoño. Será por las horas de luz, cuyo acortamiento es cada vez más notable conforme avanzamos al equinoccio (el próximo día 22). Será por las tormentas de ayer en la sierra, que daban un aspecto húmedo al paisaje. Sea como sea, es un placer poder abandonar el calor de la ciudad y llegar a tener que usar la chaqueta al pasear bajo la sombra de los árboles.
Cosas de la vida: tanto tiempo viniendo a Canencia y es la primera vez que veo esta chorrera. Hace poco supe de su existencia y me produjo curiosidad. Así que esta misma mañana me he decidido a visitarla. Para mi sorpresa, la ruta ofrece muchas posibilidades a explorar en poco terreno, lo que implica que tendré que venir varias veces si quiero recorrerlas todas.
El objetivo de hoy era llegar a la chorrera simplemente. Al iniciar la caminata me planteaba regresar por el mismo camino de ida, pero al ver que el terreno descendía bastante, he decidido continuar hasta cortar con la carretera, descendiendo toda la ladera de Mojonavalle, que transcurre paralela al arroyo del Sestil. La senda se va haciendo más agreste conforme se avanza por ella, siempre en la cara norte de la montaña, al cubierto de una gran variedad de especies como pinos, robles, abedules, acebos y tejos. Es una senda muy bonita, aunque no exenta de algún riesgo. Unos 6km en total. Y lo mejor: ni un alma a la redonda, salvo un par de vacas pastando bastante tranquilas.
La chorrera me ha parecido muy cuca. Supongo que en primavera está exuberante por la lluvia y el deshielo. Aún así, me apetece hacerla en otoño, para ver si la sensación es la misma.

domingo, agosto 25, 2013

Boca del Asno - Puente de la Cantina?


Me habían prometido un domingo dominguero, pero me mintieron. Son los problemas de ir con dos adictas del deporte. Las dos embarazadas, a pocas semanas de dar a luz, pero siguen con ganas de marcha.

La idea era ir de la Boca del Asno a Los Asientos. 4km de marcha efectiva. Pero nos hemos equivocado de dirección y hemos terminado yendo en dirección Navacerrada, que era donde creíamos que estaban Los Asientos. El camino precioso: paralelo al río (con pozas ^_^), sombrío, sin apenas desnivel. Pero mal señalizado. Si bien en los primeros tramos sí aparecían postes indicadores de una GR (la cual por cierto soy incapaz de ver ahora en el mapa etiquetada como tal), han desaparecido pronto. El ir paralelo al río y a la carretera eran una garantía de orientación, hasta que han aparecido las bifurcaciones. En un momento dado creo que hemos tomado un camino equivocado y eso nos ha llevado donde menos esperábamos. Según el mapa, juraría que hemos salido al Puente de la Cantina, es decir, unos 2,6km en línea recta, pero unos más sobre el mapa (si estoy interpretando bien).

Podríamos haber dado la vuelta, pero no sé por qué hemos considerado que era mejor opción bajar por la carretera. Sin arcén. Parando cada vez que venía un coche en nuestro lado (en sentido contrario al tráfico) e intentando protegernos en los quitamiedos. Por un rato he llegado a comprender a los ciclistas. Pasado un rato, hemos visto que podíamos bajar el talud de la carretera y volver al bosque. Entonces ha sido cuando me he dejado la pierna en el guardarraíl. Qué dolor y qué bollo me he hecho. Menos mal que tengo la antitetánica de hace unos años. Me va a quedar señal seguro. Y ¿para qué? ¡Para volver al camino de antes! Bueno, mejor así, camino conocido, más seguro.

La recompensa en este caso: una buena comida dominguera en una de las mesas y un chapuzón en una poza.

La chorrera de San Mamés


Ciertamente, rompo una de las reglas del senderismo: no salir nunca solo a la montaña. Pero si no tengo más opción por qué no hacerlo. No me tengo por imprudente o temeraria y, por otro lado, siempre dejo dicho dónde voy y qué ruta voy a hacer. Además últimamente vengo haciendo "amigos" en la montaña con los que termino haciendo las rutas que me propongo. No soy una persona excesivamente social, es decir, me gusta estar sola, no tengo la necesidad de interaccionar socialmente, ni busco dicha interacción, pero si sucede, tampoco voy a rechazarla de plano.

En esta ocasión han sido un padre y su hijo, que querían llegar a esta chorrera del valle de Lozoya. El padre era bastante agradable y la conversación estuvo muy bien. Ahora, con todos mis respetos, vaya par de domingueros. No es que yo me considere una montañera experimentada, pero a mí estos ejemplos me parecen sintomáticos:

  • No llevar agua y beber del río. No sabemos en qué condiciones está el agua y puede sentarnos mal. Hay pastillas potabilizadoras para ello, pero es mejor traer un bidón de casa.
  • Meter palos en agujeros en el suelo. Puede haber algún animal dentro. Si sale una serpiente, malo, pero mucho peor es cabrear a un avispero entero.
  • Llevar algo de comida está bien, pero no sé a qué vienen tres paquetes de galletas de diferentes tipos.
  • ¡No remojarse en la cascada! ¡Con el calor tan espantoso que hacía! Qué menos que meter los pies en el río.
Lo peor fue el regreso. ¿Cómo es posible tardar tanto en bajar? Y al solano.
Mi madre me ha sugerido que me apunte a algún club de senderismo, no sé si para conocer gente o para que no vaya sola. Esta experiencia me ha demostrado que me gusta tan poco ser un lastre como que lo sean para mí. Por eso prefiero ir sola.

En cuanto a la senda, mejora a la mitad del camino, una vez que aparece el pinar. Pero no la recordaba tan dura. ¿Sería por el calor? Por supuesto, llegar a la chorrera es toda una recompensa. En primavera debe estar impresionante. Quizá pruebe de nuevo.

domingo, agosto 18, 2013

Cascadas del Purgatorio


Purgatorio. Un nombre interesante para un lugar tan bonito. Según he leído, dicho nombre se debe a que servía de lugar de penitencia a los hermanos cartujos del monasterio del Paular que debían purgar sus culpas por contravenir las normas de la disciplina monástica sobreviviendo en estos parajes a base de plantas y agua hasta purificar su alma. Hoy en día, en cambio, es un lugar para recrearse la vista y alimentar el alma. Hasta sería un remanso de paz de no ser por la cantidad de gente que sube hasta aquí. Una auténtica romería.

La senda es bastante sencilla. La primera parte del camino es una pista forestal que parte de Rascafría y que cruza un robredal hasta cruzarse con el arroyo del Aguilón. La pista está en muy buen estado y el camino está bien indicado. El problema es que hay poca sombra, por lo que debe hacerse pronto por la mañana y es indispensable llevar crema solar y gorro a la vuelta. En el camino encontré muchas vacas con terneros. Me molesta ver a la gente que se mete entre el ganado sin miramientos. Es una falta de respeto total. La gente ha perdido el miedo a la naturaleza. Pero el peligro está ahí: cerca de un ternero siempre hay una madre abnegada dispuesta a defenderlo. Por eso, hay que intentar evitar al ternero y procurar no resultar una amenaza. Demasiadas pocas cosas suceden, la verdad.

Una vez cruzado el río, se pierde la pista y las indicaciones. El camino se convierte en el típico sendero de montaña que me encanta: ondulante en tendencia ascendente, lleno de rocas y raíces. La senda está tan baqueteada que no es problema seguirla. Transcurre paralelo al río y tiene sombra prácticamente todo el rato, gracias a los árboles que lo rodean. El río forma innumerables pozas donde poder darse un chapuzón y esto es maravilloso, sobre todo para afrontar la calurosa vuelta. Me encanta meterme en las pozas y refrescar al menos los pies: es como si te dieran pies nuevos. Meterse entero es mucho mejor :-)

Tras 6,5km aparecen las cascadas. Son tres. Las dos primeras son de acceso fácil. La tercera (que es la auténtica Cascada del Purgatorio) no. Aquí tuve suerte: escuché a un grupo decir que iban a subir y cuando les pregunté de qué manera, me invitaron a ir con ellos. Fueron muy majos, la verdad. Subimos 4 adultos y 2 niños. Yo sin mochila, sin bastones, sin nada a cuestas, porque me daba respeto el ascenso y no quería tener nada que me molestara. El camino, para el que lo conozca (no me habría atrevido a subir yo sola): hay que subir por unas piedras que parecen de derrumbe y llegar a una grieta. Ahí se escala literalmente la pared para poder encontrar otro camino que lleva al chorro. La chorrera es preciosa, pero tiene mayor encanto por la dificultad previa. Allí sube poca gente y realmente sí es el remanso de paz buscado.

La bajada es incluso más complicada que la subida, pero una vez logrado, ¡qué subidón! Estaba eufórica, no sólo por haberlo conseguido, sino porque además me sentí fuerte. El brazo ni me dolió. Eso sí, las agujetas de hoy son apoteósicas.

jueves, agosto 15, 2013

M601 - Mirador de las Canchas

Estoy de vacaciones, pero en esta ocasión he decidido quedarme en Madrid y hacer excursiones. Mi primera idea fue buscar un hotel en Navacerrada, pero luego pensé que podría ahorrarme ese dinero si usaba mi propia casa como base de operaciones. Como es fiesta, Crisis tenía el día libre y me ha propuesto hacer esta ruta. Es la primera vez que la hacemos y ha resultado todo un descubrimiento. 

La ruta va en ascenso continuo hasta el mirador (unos 4,5km? y 300m de desnivel), pero es bastante suave, lo que la hace muy asequible, sobre todo a nuestro paso tortuguero (y esta vez ¡no soy el factor limitante! :-D ). El último repecho al mirador es un poco duro, pero nosotras nos hemos salido del camino antes para ver unas vistas y hemos terminando ascendiendo por un senderillo que ha resultado bastante agradecido.

En el camino tiene bastante sombra gracias al pinar (esto en un día como hoy se agradece). Hay varios miradores con vistas increíbles del Embalse de Navacerrada y del valle de la Barranca. Incluso se pasa por el antiguo asentamiento del Real Sanatorio de Guadarrama para tuberculosos. Desde el propio mirador de las Canchas hay una panorámica espectacular de la Bola del Mundo y la Maliciosa. Desde ahí hay varios caminos interesantes: uno que asciende a la Bola del Mundo y otro que baja a la Barranca, pero nosotras no estábamos para más kilómetros y hemos decidido regresar. Pero me gustaría repetir porque me ha encantado. Y además ¡hemos visto un ciervo! El segundo que veo por la Sierra de Madrid.

domingo, agosto 11, 2013

Casa de La Cueva - Peguerinos?

Hoy no tenía muchas ganas de andar. Hacía calor y estaba perezosa. Ni siquiera tenía clara qué ruta hacer. Pero un nombre ha venido de repente a mi cabeza: "Peguerinos". El pueblo lo tenía asociado a un recuerdo de mi niñez poco grato, de hastío de la búsqueda de níscalos con mis padres. Pero al ser una zona nueva para mí, he decidido darme un paseo por allí, sin más ambición que intentar llegar y tomarme un café. Bien, llegar he llegado, pero de café nada. 

En vez de eso he intentado buscar una zona de aparcamiento. Según había leído en el pueblo había varias áreas recreativas donde poder dejar el coche, sin embargo las carreteras a las mismas no eran demasiado atractivas; después de mi experiencia en la Braña de los Tejos este verano, prefiero no aventurarme demasiado por pistas de dudoso estado. Con esas he ido hasta un albergue: la Casa de la Cueva, a la cual se llega por una carretera asfaltada. Toda la zona está llena de pinares, pero hay pocos espacios donde poder dejar el coche. 

Justo delante de la Casa de la Cueva hay una pequeña zona para apostar los coches. Detrás había un prado lleno de vacas y terneros. Creo que a las vacas no les ha gustado mucho mi presencia. De ahí he tomado el único camino que he visto y que entiendo que llega a Peguerinos dada la dirección del mismo. No lo sé porque no he llegado. Esta vez, dado que era tarde y que quería llegar a comer a Madrid, he decidido andar solamente una hora: media hora de bajada, media hora de subida; no creo que haya cubierto ni 5km en total. La pista estaba bastante bien, aunque se nota poco transitada. Transcurre paralela a un arroyo que estaba seco y sombra poca, a pesar de que está flanqueada por pinos en todo momento.

En una curva he divisado el embalse de la Aceña. Pero una cosa es divisar y otra que quedara cerca, por eso no me he decidido a seguir bajando más. Justo en la curva, un pequeño arroyo con escasa agua. He remontado un poco el curso para buscar algo de sombra e intimidad. Allí me he avituallado con unas galletas y mi bidón de agua. Yo suelo dejar algo de comida a modo de ofrenda a los espíritus del bosque. Mientras comía, me he descubierto observada por un pequeño petirrojo. ¿Será él un emisario de los espíritus? Me gustaría creer que sí. No tengo ni idea si los petirrojos comen migas, pero al menos las hormigas tendrán con que llenar las despensas.



Y ya de vuelta, he pensado tomar la carretera que sube directamente al puerto del León, pero tras preguntar a un senderista por la misma, he desistido al saber que su estado no era el más adecuado. De vuelta al camino normal, que por lo menos reducimos riesgos.

domingo, agosto 04, 2013

Puerto de Canencia - Puerto de la Morcuera

Quería llegar al puerto de la Morcuera desde el puerto de Canencia. Estaba decidida a ello y me lo he propuesto esta mañana. Mi fallo ha sido no tener en cuenta la distancia, aunque si llego a saberla antes quizá no hubiera emprendido el camino. Pensaba que la Morcuera se hallaba a 5km de Canencia, pero en realidad se halla a 11km. Cuando he pasado el hito de 6km me he empezado a mosquear, pero no ver el hito de 7km y no ver el final del pinar me han decidido a regresar. Hay que saber cuándo darse la vuelta.
No puedo considerar no llegar como un fracaso, a pesar de no alcanzar mi meta. He andado unos 12km en total entre la ida y la vuelta y eso para mí es bastante. En realidad creo que con más tiempo y con algo más de comida a cuestas habría podido alcanzar mi objetivo porque me sentía bien de pulsaciones y respiración, aunque también hay que añadir otros factores limitantes: mi sobrepeso, mi falta de resistencia y sobre todo las lesiones, que me han estado fastidiando todo el camino.
Aún así la ruta ha merecido la pena. Es bastante más asequible que el Camino Schmidt y prácticamente hay sombra durante todo el trayecto, siempre y cuando se haga temprano. La pista es buena, está bien señalizada por la GR-10.1 y apenas hay desnivel. Además empezando desde Canencia el camino es agradecido porque la vuelta es prácticamente cuesta abajo. La senda tiene además algunas fuentes donde poder abastecerse de agua, y varios arroyos donde poder refrescar los pies. Animales he visto poco, salvo los salvajes de los ciclistas de montaña. Entre la vegetación, además de los pinos, es posible ver algún abeto, roble, acebo y serbal de los cazadores; me falta por identificar un matorral bastante abundante.

Ahora me siento un poco cansada, así que mañana en el gimnasio tendré que tomármelo con calma.