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lunes, octubre 08, 2018

Música azul

Me lleno la bañera con agua un pelín caliente, echo infusión de salvia y sales, y me sumerjo en la profundidad que me permite la tina. No es mucho, pero lo suficiente para que me cubra la cabeza y poder quedar bajo el agua. Así me quedo suspendida en una especie de mundo paralelo donde la realidad desaparece.

A ratos emerjo y me quedo con los ojos cerrados para escuchar la música que sale de la tablet. He escogido una música relajante que dura varias horas. Seguramente no pase tanto tiempo en el agua, pero me aseguro de que dure durante todo el rato que vaya a estar allí dentro. De repente tengo la sensación de que la música tiene color azul.

No soy sinestésica ni nada parecido, pero en ese momento tengo la sensación de que la música es azul. Ciertamente el azul es un color relajante y posiblemente quede bien con la melodía que escucho. Es una melodía suave, fría y azul, casi triste. No es la música que más necesito en este momento. A veces, cuando me siento triste, es verdad que busco músicas melancólicas que se unan a mi sentimiento. Es la búsqueda de una catarsis para tocar fondo pronto. Pero hoy el azul no me ayuda. Necesito una música de color amarillo.

lunes, septiembre 24, 2018

Silencio y soledad


Ayer no me encontraba muy bien, que no es más que la tónica de esta semana pasada. Primero esa especie de gastroenteritis, y después el resfriado. Estábamos de celebración y yo cada vez me sentía peor, hasta el punto de pedirle a mi hermana que me dejara subirme a su casa a echarme la siesta, porque no podía aguantar más. Subí, me acosté en su cama, acompañada de su gata, y me quedé dormida casi enseguida. Debí dormir una hora más o menos, lo suficiente para encontrarme mejor al despertar. Sin embargo, lo más reseñable eran el silencio y la soledad. Bueno, no exactamente soledad porque Gladia estaba a mi lado, pero no había humanos. Estaba tumbada en la habitación, en semioscuridad, y el silencio lo ocupaba todo. Me sentía tan bien que no quería salir de allí.

Como chófer oficial tenía que llevar a mis padres a casa, lo cual implicaba volver a mezclarme con los invitados de la celebración antes de poder irme de allí. Mi mente solamente pensaba en mi cama, con mis gatas, y mi libro. Me estoy leyendo "Gataca", una trama de suspense en torno a la genética y la evolución de la especie. Es todo ficción, justo lo que necesito para evadirme. Hacía mucho que no leía ficción y mi mente la echaba de menos. Yo necesito evasión regular para poder sobrevivir.

Conseguí salir de la celebración, dejé a mis padres, y me fui a mi casa a esconderme del mundo. Me tiré en la cama, con mi pijama, mi botella de agua, y pasé el resto de la tarde con mi libro, el silencio, y la soledad, hasta la hora de cenar.  Se me pasó el tiempo volando. Y en un momento pensé: "Dios, qué genial es leer". Me ha gustado leer desde siempre, era lo que más me gustaba de pequeña. Pero ahora no me refería solamente al acto de leer, sino a toda la atmósfera alrededor, a esos minutos de paz, a esos momentos de auténtica desaparación y separación del mundo. Esos momentos en los que casi da igual si el mundo se hunde a tu alrededor, porque te sabes en tu refugio a salvo, apartada de todos, inalcanzable, inaccesible, aislada...

A veces es un placer indescriptible saberse solo.

miércoles, abril 18, 2018

Miedo

Y conforme pasan los días siento más miedo.

Miedo a la muerte.
Miedo a la vida.
Miedo al cambio.
Miedo al futuro, a la incertidumbre.
Miedo a salir de mi zona de confort.
Miedo a complicarme la vida.
Miedo a fracasar, miedo a fallar.
Miedo al conflicto.
Miedo a la responsabilidad.
Miedo a no ser capaz.
Miedo a no ser suficiente.
Miedo a no tener fuerzas.
Miedo a decepcionar.
Miedo a ser juzgada. Miedo a ser condenada.
Miedo a estar sola. Miedo a enfrentar todo sola.
Miedo a quedarme sin recursos. Miedo a no encontrarlos.
Miedo a sentirme herida.
Miedo a no encontrar confort.
Miedo a cerrarme puertas. Miedo a que se abran.
Miedo a que nada vuelva a ser lo mismo.
Miedo a no poder echar marcha atrás.
Miedo a arrepentirme.
Miedo a perder mi identidad, a quedar sepultada, a quedar anulada.
Miedo a perder del todo la esperanza.

Y solamente tengo que parar mi mente, y quedarme en el aquí y en el ahora.
Casi nada.

martes, abril 10, 2018

Lobos



Esta noche he tenido un sueño horrible, una pesadilla. Era como si el monstruo de Jeepers Creepers nos estuviese cazando a mí y a mi grupo. Ha sido bastante impactante y, aunque sé que la melatonina tiene algo que ver, creo que tiene un significado especial. He intentado darle algo de sentido. Lo que más me ha resonado es que el sueño trata de algún miedo o inseguridad profundos que tengo que afrontar.

¿A qué tengo miedo? A todo realmente. Por algo soy un 6. Puede que dé una imagen diferente, bien porque me voy al contrafóbico (generalmente cuando no me queda otra), o porque me voy al 9 a evadirme, como si negando el miedo pueda evitarlo. Pero en general por dentro llevo muchos miedos e inseguridades, mucha vulnerabilidad.

Y entonces me doy cuenta de que estoy rodeada de lobos. Me encantaría ser un lobo, pero en realidad soy un cordero disfrazado que intenta pasar desapercibido. Preferiría estar oculta, estar en bambalinas y que nadie notase mi presencia. Generalmente en mi vida lo consigo, soy un ser bastante gris y anodino, pero a veces no me queda otro remedio que dar la cara y exponerme. Lo odio (salvo por esa parte 3 que también tengo). No quiero enfrentarme a los lobos. Se me da mal jugar a su juego.

Como no puedo ganar, mi prioridad es tratar de camuflar mi debilidad, porque de verla, se lanzarían a atacar. Supongo que nuestra parte animal: cuando hueles la debilidad, la explotas. Es algo casi instintivo. Pensamos que tenemos controlados nuestros instintos y que nos comportamos civilizadamente, pero solamente mientras el reptiliano no entra en juego. Luego estamos perdidos. Hoy he leído algo curioso en Twitter: los escáneres detectan la actividad del cerebro unos siete segundos antes de tomar una decisión. Luego, quizás no somos tan libres como creemos. Los que somos 6 tardamos menos, porque nuestra amígdala contiene un montón de respuestas automáticas de ataque-huida.

Los lobos me conectan con una gran miedo interior, la desvalorización. No estoy en mi mejor momento personal, por lo que es fácil arrastrarme allí, aunque me resista. Me sienta mal quedar en evidencia o parecer tonta. Esa inseguridad no solo me hace sentir inferior e incapaz, también me deja desarmada para defender mi posición. Se me da fatal argumentar, más cuando me siento inferior a alguien, lleve o no lleve razón.

Y tengo mal perder. Sufro por no haber sabido hacer mejor las cosas, y sufro por haber perdido. Es puro ego, estoy segura. Es una de las partes que tengo que trabajarme. Aunque, considerando todas las acciones que he podido tomar y no he hecho, debería sentirme contenta. Contenido el ego, me queda lidiar con la otra parte, la que se siente inútil.

En el zoológico de Córdoba existe una elefanta llamada Flavia. "La elefanta más triste del mundo", la llaman. Creo que es ella la que se coge la cola con la trompa para sentirse acompañada. Yo me siento muchas veces como esta elefanta. Llorar ayuda a desaguar la emoción, pero no basta con esto. Una vez vaciado, es necesario llenar el hueco. El problema es que no tengo nada con qué hacerlo. Así que la desvalorización volverá a ocupar parte del terreno. Llorar, dormir y vuelta a empezar: despertar con los lobos y tener que volver a posicionarte. Es agotador.

Muchas veces me pregunto por qué sigo aquí. Me encantaría encontrar una vía de salida (qué nueve). Pero también es cierto que he dejado de hacer planes a futuro, de buscar ilusiones, de perseguir sueños. Así que me toca seguir campando con los lobos e intentar no cagarla mucho para que no me destrocen viva. Pero ¿qué pasaría si permitiese que me despedazaran? La rendición tiene cierta atracción porque esconde la promesa de la paz, y paz es lo que me gustaría tener.

En fin...lo que está claro es que a pesar de ser una inútil, no me rindo fácilmente (¿por qué?). Mañana buscaré una tregua, algo que me aparte de la realidad inmediata y que me permita reponerme para poder seguir en la brecha. Dejaremos a los lobos para más adelante. A menos que ellos vengan a buscarme y me obliguen a dar la cara.

viernes, marzo 09, 2018

2 meses



2 meses han pasado desde aquel maldito 9 de enero. Y todo sigue igual en mi interior.
Los sentimientos no han cambiado ni un ápice, porque eran reales, profundos y sinceros, porque estaban arraigados en mi corazón como un rosal en la tierra.
Mis sentimientos siguen siendo vivos e intensos. Ni siquiera se han transformado, no se han desplazado.
Quizás llevan alguna capa de frustración, enojo, incluso resentimiento, pero su centro es puro e inmaculado, como la pepita de oro extraída de la mena.
Y lo que nos pertenece lo cuidamos, lo protegemos.
El amor que no muere, ¿mata?
Hay días que son menos difíciles que otros.

jueves, marzo 08, 2018

El sitio de mi recreo

Anoche salí a pasear por el barrio y llegué a mi antiguo colegio. La puerta del patio estaba abierta y no había nadie a la vista, así que decidí colarme a echar un vistazo. Paseé por las canchas de baloncesto y futbito, y eché un vistazo por los ventanales del comedor y de las aulas del piso bajo. De repente una avalancha de recuerdos llegó a mí, tantos que hasta fue difícil ordenarlos todos en mi mente. Cada centímetro de ese patio tiene un recuerdo. O varios.

Recuerdos de mí haciendo deporte; de las fiestas colegiales; de las fiestas de cierre de curso; de jugar a la goma, a la comba, al pasillo, al corro, a burro, al rescate; de Pepo; de América sacando las uñas en las competiciones de baloncesto; de la exhibición de gimnasia deportiva; de las volteretas en las canastas de baloncesto; de los paseos al sol; de la vez que me rajé la mano con el hierro de una tubería; del hueco que daba acceso a la parroquia contigua; del avispero; de la primera vez que hablé de meditación y yoga...

También me hace recordar mi idea de mí misma cuando era pequeña. Me recuerdo con cariño y ternura. Recuerdo mi inocencia, mi ilusión por aprender, la timidez que me impedía mirar a los ojos o afirmar mis creencias, mi prudencia, mi obediencia, mi saber estar aun siendo tan pequeña, lo responsable que era, lo estudiosa, lo aplicada, lo fácil que se me daba casi todo (menos el deporte y las manualidades), mi imaginación desbordante que me llevaba a vivir en un mundo paralelo, lo absorbida que me quedaba con los libros. Era luz y era ilusión. Era una niña estupenda. Lo sigue siendo, dentro de mí, esa parte no ha cambiado, y yo la quiero mucho. Mi pobrecita niña interior que tanto cariño necesita, que tan vapuleada se ha sentido emocionalmente, tan abandonada, tan desplazada, tan rechazada. Cuando es una niña que se merece todo lo mejor de la vida.

El Sitio de Mi Recreo
(Antonio Vega)

Donde nos llevó la imaginación, 
donde con los ojos cerrados 
se divisan infinitos campos. 
donde se creó la primera luz 
junto a la semilla de cielo azul 
volveré a ese lugar donde nací. 
De sol, espiga y deseo 
son sus manos en mi pelo, 
de nieve, huracán y abismos, 
el sitio de mi recreo. 
Viento que a su murmullo parece hablar 
mueve el mundo con gracia, la ves bailar 
y con él, el escenario de mi hogar. 
Mar, bandeja de plata, mar infernal 
es su temperamento natural, 
poco o nada cuesta ser uno más. 
De sol, espeiga y deseo... 
Silencio, brisa y cordura 
dan aliento a mi locura, 
hay nieve, hay fuego, hay deseo, 
ahí donde me recreo.

miércoles, enero 10, 2018

Desolación

Una leyenda maorí habla de cómo Maui retuvo el sol. La recordó anoche entre los miles de pensamientos que cruzaron su mente, y envidió el poder y la capacidad de Maui para ella. Pero Maui era un dios, y podía hacer semejante proeza. Ella solamente era una mortal, y no demasiado poderosa. O nada poderosa. Desde luego, ella no había sido capaz de retener a su sol.

Lo había intentado, ciertamente. Lo había hecho desde que él hiciera el honor de fijarse en ella. Lo hizo porque había sentido miedo de perderlo. Lo hizo porque pensó que quería darle todo, sin más. Y sobre todo, lo hizo cuando lo sintió alejarse poco a poco.

Ella lo vio venir y quiso evitarlo. Hizo todo lo posible, lo que estuvo en su mano, lo que buenamente pudo y supo, pero nada bastó. Nada fue suficiente.  Nada sirvió. Y ahora su sol se alejaba cada vez más, dejando su mundo yermo y helado. Se había convertido, de repente, en una reina de las nieves perpetuas.

Ella había presentido el alejamiento semanas antes, meses incluso. Quizás en su ansiedad había cometido errores graves y fatales. Nunca lo sabría. Puede que diera igual, no iba a cambiar el resultado: su sol se marchaba.

Tampoco entendía la lógica de aquello. Puede el afecto desaparecer en un segundo? Cómo se puede pasar de un "te amo" a "de mí no va a salir" en cuestión de días? Cómo se puede pasar de un "gracias por existir" a un "estoy muy alejado (así es, y punto)"?

Cada palabra fue un puñal directo al corazón. Le dolió la indiferencia de su sol, como si ella y sus sentimientos no importasen una mierda. Quizás nunca habían importado, pero había estado ciega a tal hecho. Ciega por el resplandor de un sol egoísta y desconsiderado al que había amado sin medida, sin freno, sin red.

Despertó después de una mala noche de sueño corto, ligero, y lleno de lágrimas y desesperanza. Le dolía enormemente la cabeza y el pecho. También la boca del estómago, la casa del tercer chakra. Hacía mucho que no sentía dolor ahí: la desvalorización había regresado.

Se sentía profundamente ninguneada, como si todo lo que ella hubiera sido alguna vez simplemente careciera de valor. Todo había quedado invalidado por decreto del sol de golpe. Su amor, sus actos, sus sentimientos, sus emociones, sus ideas, sus eclecticidades, sus caricias, su sonrisa, su ilusión, su romanticismo, su físico... Toda su persona reducida al cero absoluto. Todo lo que una vez pensó que su sol amaba en ella no tenía ningún valor. Todo basura. Todo insuficiente. Todo mentira.

Despertó, y supo que la ilusión por la vida había muerto. No es que antes le sobrara, pero la poquita que había le ayudaba a ponerse en marcha. Ahora todo daba igual. Quiso morir porque no quedaba nada para ella por lo que vivir. La noche anterior viejas voces suicidas que pensaba olvidadas le habían susurrado que estrellara el coche mientras conducía de vuelta a casa. También deseó que el corazón se le parara de noche mientras dormitaba. Incluso pensó en rezar para pedir que los ángeles se la llevaran. Pero nada de eso había sucedido, lamentablemente.

Dolor, impotencia, frustración, desesperanza, desamor, desvalorización, apatía...cómo gestionar todo eso? Se sentía abrumada y sobrepasada. Se sentía pequeña y desvalida para algo tan inmenso.

Afortunadamente podía parapetarse en sus cuatro paredes al menos por un día, sin hablar con nadie, sin tener que fingir que todo estaba bien delante de todos. Un día para llorar libremente. Cancelaría todas las reuniones del día, y desactivaría el teléfono y el chat.  A la mierda la dieta, la primera resolución del año. Pondría en bucle el "These Days" de Bon Jovi, con el volumen a tope hasta que le dolieran los oídos. La idea era saturar los sentidos para insensibilizar el cuerpo. No sabía bien cómo parar la mente, tampoco cómo apaciguar el dolor del corazón. Pero quizás no importaba. Como ella.

Decidió que a partir de ahora se iba a replegar a su mundo interno. No participaría de la vida. A partir de ahora iba a vivir a través de la vida de otros. Vidas mejores, vidas más interesantes, vidas más valiosas que la suya. Ella se quedaría como una sombra, lo que siempre fue, lo que siempre debió haber sido (se ríe amargamente reconociendo cuán pretenciosa fue creyendo lo contrario, creyendo que le podía corresponder algo bonito). Y sí, consideraría la muerte física nuevamente, pero en todo caso, la muerte siempre llega de una manera u otra.

lunes, enero 08, 2018

Carabelas

Hace un par de días soñé con mi abuelo Ángel. Me sorprendí porque no esperaba encontrármelo. Su cara era inconfundible, así como su bata azul marino. Tenía buen aspecto, a pesar del tiempo transcurrido. No tan mayor ni tan caído como cuando falleció, pero lo suficientemente mayor para que yo pudiera reconocerlo. Era él, no me cabe duda, lo pude ver clarísimamente. 
Él no me miraba y yo tampoco lo llamé. Simplemente llegaba a la habitación del hospital y se sentaba al lado de la cama de mi abuela en el hospital, esperando, esperándola.

Hoy he vuelto al hospital. Al cruzar el portal me ha venido nuevamente la figura de mi abuelo a la mente. Esta vez sí me miraba y me sonreía, aunque tampoco me decía nada. Parecía estar esperándome, y se alegraba de verme. Esta vez no era un sueño, sólo una imagen nítida. Él no estaba allí, pero al mismo tiempo estaba. En otro plano.
“Hola, abuelo, me alegro de verte”, le he dicho mentalmente. Y he proseguido caminando hacia la habitación de mi abuela.

Entonces he pensado que esperamos ver con los ojos físicos lo que solamente se puede ver con el tercer ojo, o con el corazón, o con otros sentidos que están más allá de lo material. Igual que no vemos por el oído por mucho que nos empeñemos, hay informaciones que deben captarse por el canal adecuado. Además, a falta de referencias y sensaciones con las que comparar, que no somos capaces de apreciar la experiencia que está delante de nosotros. Como los nativos americanos, que no veían las carabelas de Colón cuando llegaron a tierra, porque en su cerebro no había ningún conocimiento ni ninguna experiencia de la existencia de las embarcaciones. O eso dicen.

miércoles, noviembre 22, 2017

Frustración

La mayor frustración de la vida es desear algo con toda tu alma y no poder conseguirlo. Elaboras una estrategia tras otra, pero ninguna funciona. "No sé puede tener todo en la vida", dicen. Y yo me pregunto:  por qué no? Por qué no voy a poder tener todo lo que deseo? Pero la realidad se impone a mi creencia, dejándome lidiar sola (como siempre) con esa emoción que parece querer desgarrarme por dentro, esa mezcla aguda de ira, de tristeza, de impotencia. Puro veneno para el alma. A nivel físico se manifiesta en un malestar que amenaza con dejarme inerte en la cama, vacía de energía, con el único deseo de dormir y apagar el mundo hostil que me rodea. Y pensar que las putas catecolaminas van a estar viajando por mi torrente sanguíneo durante cuatro horas haciendo de las suyas.
Y pensar en que es injusto que te pase esto; que es injusto que las cosas no salgan como tú deseas; que es injusto esforzarse para nada. Y pensar que estás muy cansada de luchar para nada. Y pensar en que si te rindes ahora la lucha no habrá servido para nada, pero al tiempo pensar que encontrarás alivio. Y pensar en que quieres eso muchísimo, pero para qué seguir luchando por un imposible. Y pensar que estás maldita. Y pensar que dios te odia. Y pensar que no vales nada.
Mañana será otro día, me habré atemperado, y seguiré adelante, hasta puede que siga en la lucha. Pero una parte de mí habrá muerto en el proceso. Un pedacito de mi corazón se habrá vuelto de piedra. Ahora es un amasijo de víscera y piedra. Temo que algún día todo sea de obsidiana, y con ello desaparezca todo deseo, toda capacidad de ilusión, toda alegría, todo amor. Piedra, al fin y al cabo.

sábado, noviembre 04, 2017

Mensajes

Me escribe mi amigo Rydwlf para comentarme un sueño donde aparezco yo. Es un sueño donde él me pedía una opinión sincera sobre mis sentimientos en un momento en el que yo voy a acabar la carrera. Me dice que buscaba en mí una conexión o mi sabiduría, algo profundo alejado de la superficialidad que nos rodea. Y me confiesa que él sentiría miedo.

Y esto me lo comunica justo antes de empezar una constelación familiar, donde parte del ejercicio es arrojar luz sobre el árbol familiar, y sumergirse en las profundidades de la familia. No es casual. No hay nada de superficial en hacer un ejercicio así.

En ese momento reconozco que hay un mensaje para mí en su sueño, y así se lo digo: si él ha sentido la necesidad de compartir su sueño conmigo, es porque el sueño también es para mí. Quizás no recibamos el mismo mensaje, quizás sí. Y ahora, al repasar la conversación, veo cosas que antes no he visto. Por eso es bueno registrar los sueños, para poder volver a ellos y descubrir nueva información. Es como releer un libro: en la primera pasada te centras en algunos detalles, en la segunda descubres otros que estaban ocultos en la lectura anterior. Esto es así porque todos hacemos un filtraje de la información que recibimos. Por ello no todos percibimos una situación de igual manera. En realidad hay muchos sesgos cognitivos de los que no somos conscientes.

Ahora puedo confesar que cuando estaba acabando la carrera sentí miedo como una forma de resistencia a salir de mi forma de confort. Procrastiné bastante la finalización del proyecto fin de carrera, que me llevó más tiempo de lo que realmente era necesario, ayudada por la enfermedad de mi padre, que alimentó la excusa. Todo por miedo. El mismo miedo que siento cada vez que tengo que afrontar el cierre de cualquier situación a la que me he habituado: viajes, relaciones, cursos, trabajos, etc...Tengo un apego enorme a todo lo que entra en mi vida. Me cuesta mucho soltar, forzando lo inevitable. Tiene que ver con la necesidad de seguridad que busco en la vida. No soy un 6 del eneagrama por nada.

Curiosamente el mensaje llega en un momento en el que debo tomar una decisión. O varias. Pero una de ellas es inminente, laboral. Estoy un poco confundida al respecto y no tengo una decisión clara. 

Ojalá los mensajes fueran más claros. Y más evidentes. Nos llegan mensajes por múltiples vías: carteles, anuncios, sueños, personas...La mayoría de las veces nos cuesta reconocerlos. Pienso que estamos normalmente en el mental y eso nos anula el sentimiento. La lógica, lo mundano nos hace ciegos a las señales. Así que las señales pasan por delante de nuestros sentidos, pero no los captamos.

Esa es una parte. La otra es que las señales tampoco son evidentes en sí mismas. En este caso, el mensaje ha llegado por una persona, pero la mayoría de las veces son demasiado sutiles: el famoso 11:11, una pluma, una conversación casual, una imagen...¿Cómo interpretar todo eso? Espero que mi subconsciente lo sepa. A nivel consciente me conformo con saber que son augurios favorables y que estoy alineada con el Universo. No parece mucho, pero es lo que tengo.

domingo, octubre 15, 2017

Hummm

Hay épocas que son para recibir. Seguramente estamos recibiendo continuamente, sin prestar demasiada atención, pero hoy sin duda estoy plenamente enfocada porque sí tengo esa percepción. Gracias, Universo por tus dones.

Entre las muchas cosas que he recibido este fin de semana, me quedo con un encuentro de almas. No es que el resto haya sido peor, es que este encuentro ha sido muy especial. Ese encuentro tiene nombre y se llama Hummm. Yo pensaba que se debía al famoso mantra (Om mani padme hum), pero la chica me sacó de mi error al explicarme que había recibido el nombre en una puya budista, lo cual me pareció interesantísimo. Rebautizarte suena a ritual de paso para emprender un nuevo camino. Me parece muy apropiado.

Lo más especial de este encuentro es que haya sucedido en el pueblo. Sinceramente aún me parece inverosímil haber encontrado a Hummm allí, donde son más mundanos (sin ofender). Es como haber encontrado una joya. Una joya que estaba destinada para mí. Desde el primer momento, sintonizamos. Fue como reconocer a alguien afín, a un igual. Alguien con quien hablar de cosas de las que nadie más en el pueblo sería capaz de hablar.

He de reconocer que yo también tuve el impulso de etiquetarla como "rarita". ¿Rarita? ¿Por qué juzgar a alguien que me cae tan bien desde el primer momento (cosa rara)? ¿Qué clase de creencias tengo instaladas en mi mente? No ayudó tampoco saber que tiene una serie de problemas en su vida, de los que no quise saber nada, porque no soy cotilla. O quizás no quise complicarme. Sí me pareció que Hummm ha debido de tener una vida difícil, modesta, de escasos recursos. Esto me ayudó a dar gracias por mi vida, sin ser rica, acomodada, holgada. Pensé entonces si no seríamos un espejo la una para la otra: ella para ayudarme a recordar lo afortunada que soy por mi vida acomodada, y ella para ver que otra vida es posible.

Sea como sea, esta mañana he encontrado un sobre en la entrada de casa cuyo remitente era Hummm. Era una tarjeta agradeciéndonos a mi madre y a mí nuestro tiempo, nuestra hospitalidad, y deseándonos lo mejor. Me ha parecido un gesto precioso porque no es fácil encontrar una tarjeta y traerla. Es mucha molestia. Me siento emocionada por este gesto.

Tardaré en coincidir con Hummm, si vuelvo a hacerlo. Es improbable. Yo voy poco al pueblo, y ella no vendrá mientras su hermano esté allí. Quizás tenía que ser así: un momento efímero pero significativo. ¿Puedo decir que Hummm ha sido importante en mi vida? Puede que no como una hermana, o un amor, pero sí lo suficiente para sentir la sincronía del Universo, para experimentar un encuentro de almas. Me parece hermoso y es más que suficiente. 

lunes, septiembre 25, 2017

Estigma y causalidad

A mí me enseñaron a ser responsable. Por eso suelo admitir mis fallos y apechugar con mis acciones. Así que lo suyo era parar a socorrer a la persona que he atropellado esta tarde. No lo he pensado siquiera, he actuado por impulso, parando el coche y preocupándome por ella. Era lo que tenía que hacer.

La "culpa" ha sido mía: estaba girando en un cruce un poco peligroso, vigilando que los coches en sentido contrario no me impedían girar, cuando me he topado con ella. Ha sido un buen empujón. Si he frenado, ha sido poco, tarde. La mujer ha caído completamente del costado izquierdo, resintiéndose del brazo.

Enseguida otros peatones y coches se han aproximado para ayudarla. Es bueno saber que todavía queda algo de humanidad. Pero también es cierto que la mayoría me han acusado con la mirada. Es más fácil empatizar con la víctima que con el responsable del atropello, supongo que es algo biológico. Pero como en toda historia, en ésta también había dos partes, dos implicados, y yo también estaba afectada.

Por suerte o por desgracia he actuado con bastante sangre fría. Es como si hubiese encapsulado toda emoción y la hubiese relegado muy dentro de mí, como diciendo: "esto ahora no te ayuda". Eso ha hecho todo más fácil de sobrellevar, aunque posiblemente de cara a la galería me ha hecho quedar como una persona fría. Curiosamente hoy he leído en astroworld que había unos aspectos planetarios que impedían cualquier tipo de simpatía. Lástima que lo he borrado.

La mujer se ha puesto muy histérica al principio. Me recriminaba que no hubiese visto el semáforo. No creo que mis explicaciones le hayan llegado lo más mínimo, teniendo en cuenta el schock y el malestar general. Le he ofrecido llevarla al hospital, pero creo o bien no se ha enterado, o no le ha dado la gana de permitir mi redención.

El resto de asistentes (que no testigos) parecían estar allí como intentando evitar que yo me diese a la fuga, como si hubiese hecho siquiera el ademán. En realidad, la persona más amable en todo esto ha sido el marido de la mujer, que ha sido bastante conciliador. Pero yo he admitido el atropello desde el primer momento, y he sido bastante objetiva con el asunto, bastante responsable. En cierto modo, me siento orgullosa de mi comportamiento, y mi ego se enfada porque nadie le reconoce eso. 

Los asistentes han llamado a la ambulancia y a la policía, que enseguida se han personado en el lugar del accidente. Los policías han sido muy amables y me han explicado todo bien cuando les he preguntado qué se suponía que debía hacer yo ahora. Me han facilitado todos los datos para dar parte al seguro. Estaban esperando la evaluación de los sanitarios para determinar si tenían que hacer un parte o un atestado. Lo segundo no suena muy bien. 

Y es verdad que durante todo el proceso, una parte de mí se preguntaba sobre las consecuencias del accidente para mí. Se te pasan un montón de cosas por la cabeza. Por ejemplo, ¿qué pasa si la atropellada es una hija de puta que quiere aprovechar el accidente para su beneficio? ¿Y si le gusta hacer daño a la gente?

Mientras pasaba el tiempo, mis defensas iban cayendo, y con ello mi compostura. Me ha costado mantenerla. He acabado llorando en el coche, aunque se me da bien conducir mientras lloro. Aun así, he ido a una gasolinera a lavar el coche, el cual no ha sufrido ningún rasguño en el accidente. Sé que suena muy raro, muy frío, pero necesitaba hacer algo que me serenase la mente. ¿Qué mejor que lavar el coche, que además es algo que tenía que hacer?

Al llegar a casa he dado parte al seguro. Lo he tramitado online porque me daba una vergüenza enorme llamar a un operador. Seguramente me llamen más adelante para confirmar algún dato. También he avisado al marido de la atropellada de que había cursado el parte. La mujer sigue en urgencias. Yo pienso que tiene el brazo roto y nada más. Ojalá. Esta noche voy a dar reiki a la situación.

Igual que he lavado el coche, ahora me he decidido a escribir esta entrada para ver si vuelco toda la carga emocional. 

He estado indagando también sobre el significado del accidente, dado que nada es casual. De hecho, si la mujer fuera de mi palo, debería mirarlo también, porque si lo mío es malo, lo suyo no es mejor. Aun no he llegado a nada concreto, aunque hay algunas entradas que me llaman la atención:

"El accidente indica una necesidad directa e inmediata de pasar a la acción. La necesidad inconsciente de cambio es tan grande que el pensamiento usa de una situación extrema, incluso dramática para que tome consciencia que debo probablemente cambiar la dirección que actualmente estoy tomando."

"La culpa está muy presente en los accidentes. Y como siempre somos los más severos jueces con nosotros mismos utilizamos el castigarnos. Ser indulgentes con nosotros mismos, tratándonos amorosamente, puede ser una poderosa herramienta para evitar los “accidentes”."

"Si se embiste a otro puedo preguntar ¿por qué necesito pasar por sobre otro para seguir mi camino?, o ¿a quién estoy rechazando con violencia en mi vida? o ¿quién se ha acercado demasiado a mi que necesito alejarlo violentamente?"

"La respuesta: «No lo vi», indica que esta persona deja de ver algo muy importante de su vida."

Todavía no he llegado a ninguna conclusión. Pediré esta noche en sueños que se me revele algo.


jueves, junio 15, 2017

Desesperanza

Te dan una noticia que va a poner patas arriba tu mundo. El fin de tu mundo. El fin de algo que amas tanto. Impotencia, frustración, ira, miedo…todo se mezcla en el crisol de tu corazón. Puro magma que pugna por salir. Pero no puedes permitirlo, porque eso significaría dar demasiadas explicaciones que no le importan a nadie. Así que luchas contra las lágrimas que quieren derramarse, intentas forzar una sonrisa para que nadie te pregunte (aunque siempre puedes decir que estás constipado o que tienes alergia), intentas que tu semblante no parezca tan pálido y serio, intentas que los pedazos de tu corazón no se disgregen, intentas no colapsar en público, aunque es lo que más te gustaría en este momento. O morirte en ese mismo instante.

Intentas ocupar tu mente con el trabajo, pero es imposible concentrarse. Nada te puede consolar: ni el chocolate, ni los vídeos de gatitos, ni los memes recibidos por el whatsapp, ni las anécdotas de la última reunión…El dolor de tu corazón es ensordecedor. Pones la música a todo volumen hasta que los oídos duelen, porque el sonido te va a inundar por dentro, y con suerte aplacará la desesperación lo suficiente para que el dolor no te devore por dentro, y con suerte callará la voz interna que te dice que todo está perdido, que no hay esperanza.

No puedes evitarlo. La vida vuelve a golpearte y esta vez es un palo muy duro. No sabes cómo vas a poder superarlo. Sólo queda aceptarlo, como si fuera fácil. Como si fuera fácil renunciar a lo que amas. No hay nada que puedas hacer salvo llorar y esperar a que un día el dolor desaparezca.

lunes, junio 12, 2017

El día en que casi muero

La vida nos expone continuamente a la muerte desde que nacemos, por lo que tenemos muchas ocasiones en las que ver la muerte de cerca y sentirla. Algunas son más claras que otras. Con el tiempo, también se van poniendo en perspectiva, y al final, si no hay eventos realmente claros, terminas por elegir aquellos que son más próximos en el tiempo. Para mí ese día es hoy.
Mucha gente pensará que es exagerado decir que puedes morir por dismenorrea. Puede ser. Pero el dolor y los síntomas eran muy reales para mí. Para explicarlo diré que una parte es el intenso dolor abdominal, ése que parece que te estén arrancando las entrañas con las manos desnudas. A esto se unen las sensaciones paralelas: bajada de tensión, mareos, sudores fríos, escalofríos, mal cuerpo. Todo in crescendo y desatado. 

Ante tal panorama, tendría que haberme ido directamente a casa y dejar el gimnasio para otro día. Pero desde pequeña tengo grabada la estúpida creencia de que está mal quejarse por tener la regla, que ceder al malestar corporal es de personas débiles, que la regla es la excusa de muchas mujeres para dejar de hacer cosas. Así que he ido igualmente. Supongo que pensé que se me pasaría en cuanto empezase a hacer mi actividad, pero no fue así. 

Desde que empezó la clase he sentido la debilidad del cuerpo y la incomodidad de tener que lidiar con las sensaciones de flojera del mismo. Me costaba concentrarme y era incapaz de hacer los ejercicios correctamente. A ratos tenía la sensación de que iba a perder el sentido y me iba a caer en la sala. Habría sido tan vergonzoso...
Tendría que haberme excusado y haberme marchado de clase sin más. Lo ideal habría sido reconocer y aceptar la necesidad previamente. Está claro que todavía tengo mucho que aprender en el arte de amarme a mí misma. Pero he resistido porque además de una muestra de debilidad, me parecía una falta de respeto a la profesora. En mi mente resonaban unas palabras mientras mi cuerpo pedía a gritos un descanso: "venga, un poquito más". Así hasta el final de la misma. ¡Menudo estoicismo de mierda!. Ha sido tremendamente duro, he sufrido enormemente, y menos mal que se trataba de una clase de corrección postural, donde el objetivo no es precisamente quemar calorías. No habría podido resistirla en caso contrario. De hecho, he tenido la sensatez de no ignorar más las señales y continuar con una clase de body jam. 

Al terminar la clase he llegado arrastrándome al vestuario. He parado en la recepción por un paracetamol que pudiese matarme el dolor y me he ido directamente al baño. Me he cruzado a varias personas y nadie me ha preguntado si me encontraba bien. Quizás no se han percatado de lo pálida que estaba (lo más probable), quizás es otro síntoma de la deshumanización que nos invade.

Me he metido en el water número dos y allí prácticamente me he hecho amiga de la taza. Afortunadamente ese baño está tan limpio que se podría comer en él. De la taza a una tumbona que hay junto a la sauna. De la tumbona a la taza otra vez. Así todo el rato, una media hora. Me sentía muy incómoda, muy agitada, incapaz de superar el malestar general y el continuo dolor abdominal que, lejos de cesar, se hacía más agudo cada vez. Así hasta que finalmente he vomitado.

Por un momento me he visto en perspectiva desde arriba, como si fuese la borracha de un bar. He pensado que podría morirme allí y que tardarían mucho en descubrir mi cuerpo. Sería una forma bastante patética de morir, agarrada a la taza de un baño de gimnasio, la verdad. Pero en esos momentos todo me daba igual: no había nada, salvo el malestar y el dolor. Vomitar me ha dado algo de paz, aunque no ha borrado los síntomas. Seguía sintiéndome mal, pero tenía que regresar a casa, que es donde yo quería estar realmente. Me habría gustado tener a alguien a quien llamar y que se hiciese cargo de mí, pero no hay nadie. Me he sentido muy sola. 

Como buenamente he podido me he subido al coche en dirección a mi casa. Me encontraba algo mejor para poder conducir, aunque no en plenas facultades. El único momento de lucidez ha sido llegar a preguntarme cuál sería la mejor ruta para minimizar un accidente. Todavía no sé la respuesta, pero yo he ido por la vía de circunvalación, que es el camino más rápido. Durante todo el trayecto he tenido que lidiar con mi incesante dolor abdominal, la necesidad de cerrar los ojos, y la obligación de mantener una precaria atención a la carretera para no tener un accidente. Para colmo hoy todos los semáforos parecían ponerse en mi contra y no me he encontrado a los mejores conductores precisamente. He pensado que efectivamente podría tener un accidente, y que todo daría igual porque por fin podría descansar.

Por fin aparco el coche y llego a mi casa tambaleándome. Me tomo un ibuprofeno, que es el último recurso que tengo a mano para apaciguar el dolor. No debería haberlo tomado tan próximo al paracetamol, pero entiendo que éste no ha llegado a absorberse. Me tumbo en la cama. No puedo estar más mareada, ni estar más cansada, ni más ida, ni el dolor puede ser mayor. Me retuerzo, me abrazo a la almohada, sollozo...pero el dolor sigue ahí.

No sé en qué momento me he quedado dormida, pero de repente me sorprendo despertando. Mi estómago pide comida. Me siento débil, pero más entera. La crisis parece haber remitido una vez más. Ahora solamente quiero dormir.

jueves, mayo 18, 2017

Cartas a los padres

Una de las cosas más difíles de la vida es aceptar que tus padres no lo hicieron bien contigo. Mal tampoco, simplemente no supieron hacerlo mejor. Eso creó una herida y un niño herido que se perpetúa en el adulto que eres hoy, y que tiene enormes implicaciones en la forma en que te comportas.

Para sanar la herida, se usan varias herramientas dentro del curso del niño interior que estoy haciendo. Uno de los ejercicios más duros consiste en decir a tus padres desde el niño, desde la parte más emocional que tenemos, todo lo que no nos gustó que hicieran y todo lo que nos faltó. Si la memoria puede complicar el recuerdo, no es peor que verbalizarlo delante de unos desconocidos que toman sendos roles paternos y sobre los que vuelcas todo tu dolor y toda tu frustración. Lágrimas aseguradas. Es el comienzo de la sanación, que pasa también por un terrible dolor de cabeza con el que me he levantado esta mañana, y la sensibilidad a flor de piel. El tiempo lluvioso, con todo lo que me gusta, tampoco ayuda.

Durante el ejercicio te sientes culpable por sacar la mierda que llevas dentro, por enfrentarte a tus padres apartando cualquier lógica que pueda ampararlos, por llorar en público cuando eso es algo casi prohibido en tu mente, por sentirte débil y herido. Descargas, pero hay mucho que sacar y muy profundo, muy arraigado, muy reprimido. Por eso el ejercicio continua en casa mediante unas cartas donde expresar a cada uno el dolor de tu corazón, y enfrentarlos nuevamente en el famoso ejercicio de la silla vacía. No va a ser fácil, pero creo que después de la sesión de ayer, tampoco será lo peor del mundo. O quizás sí, porque allí no habrá ningún tipo de protección. Al menos no es público.


miércoles, abril 12, 2017

Eutanasia

La gente no lo comprende. Se les nota. Se encierran en sus argumentos lógicos para intentar comprender algo que no puede ser abordado desde la lógica. Lo hacen con buena intención, pero me exaspera. Además, yo no les he pedido argumentos, simplemente les he comunicado como sentía, nada más. No se trata de buscar razones, sino de integrar la experiencia, y eso es un trabajo personal.

Cuando Teína empezó a ponerse tan mal, apareció la eutanasia como posibilidad. Me molestó que la gente se apresurara a indicármela como la mejor opción. Seguramente fue la mejor opción desde el principio, pero cuando quieres a un animal como yo quería a mi gata, te aferras a la esperanza, aun cuando esa esperanza es exigua.

El tercer día de hospitalización, Teína estaba totalmente apática, tumbada en su incubadora, y sin fuerzas ni ganas para levantarse. En ese momento no me quedó duda de que sólo quedaba la posibilidad de la eutanasia. Quizás podría haber intentado un día más de suero, pero la recuperación total era inviable. No hacía falta que me lo dijeran los veterinarios, se veía claramente.

Así que autoricé la eutanasia, y pasé todo el tránsito con Teína, para no dejarla sola en sus últimos momentos. Primero dos sedantes, después la inyección letal. Fue bastante rápido y aséptico (quitando los espasmos finales de la salida del aire de los pulmones).

Pero junto al dolor de la pérdida de un ser querido apareció otro sentimiento: la culpabilidad. Por supuesto que la eutanasia es un acto de compasión y de amor, pero el hecho es que yo he matado a un ser que quería, y eso en mi interior ha sido como traspasar una línea moral. Esto es lo que la gente no comprende. Me sé sus argumentos de memoria, no sólo porque son los mismos que ya me he dicho yo, pero no soy capaz de hacerles entender la otra sensación que hay dentro. Y eso es porque sus argumentos son pura teoría, convencionalismos sociales sobre lo que está bien, sobre lo que es el amor. Pero además de esas creencias hay otras creencias morales sobre la vida y la muerte, y ahora mismo existe un conflicto entre ambas en mi interior: una parte de mí sabe que mi acto fue compasivo; otra parte de mí me juzga como asesina. Un conflicto detonado a raíz de una experiencia que ellos no han vivido, pero yo sí. Y mi misión es integrar esa experiencia para poder quedarme tranquila y evolucionar.


Mi misión no es satisfacer vuestro ego y demostraros que os he escuchado y os he dado la razón. Y mi misión tampoco es ayudaros a comprender la situación. Mi misión es para mí, no para vosotros. Lo único que necesito es tiempo y que me dejéis en paz con vuestros argumentos. Acompañadme si queréis, pero dejadme integrar mi experiencia con tranquilidad.

viernes, abril 07, 2017

Teína



"Es sólo un gato", dicen. "Para que esté sufriendo, mejor eutanasia y te quitas de problemas".
Sí, seguramente me quite problemas. Seguramente sea lo más compasivo. Seguramente sea lo mejor para todos.

Pero es mi gata. Mi Teína. Mi preciosa carey de ojos verdes (con lo feica que era de pequeña).
La gata de presencia silenciosa que me acompaña allí donde estoy.
La que me acompaña desde la distancia y se acurruca en la cabecera de mi cama cuando veo la tele.
La que me acaricia el pelo desde la almohada.
La que me consuela cuando lloro, cuando estoy triste.
La que me saluda todas las mañanas desde la mesa de la cocina cuando me levanto.

Ahora soy yo la que tengo que decidir si matarla o no, porque sus riñones no funcionan, el tratamiento no funciona, y se está envenenadno inexorablemente. Verla convulsionar no es agradable. Verla tan decaída no es agradable. Ver cómo apenas puede mantenerse en pie. Ver cómo se le marcan los huesos porque ha adelgazado tantísimo.
Y esos ojitos tan tristes medio tapados por el párpado interior.
Y su pelaje, tan suave, ahora se ha vuelto áspero al tacto.
Sí, seguramente lo mejor sea la eutanasia. Pero me siento una traidora, una asesina.

Me molesta la frialdad de la gente. Me molesta la falta de compasión hacia mi gata y hacia mí. Me molesta que quite importancia a mi dolor, sólo porque se trata de un animal. Pero Teína es más que un animal. Es mi amiga, mi compañera, mi paño de lágrimas. Es mi niña. No es mi hija, claro que no, pero es lo más parecido a un hijo que tengo en esta vida, y yo para ella soy su madre humana. 
Y me siento desolada. 
Y me siento culpable porque no lo vi venir. Porque quizás no la cuidé tan bien como debía. Porque quizás pude haberlo evitado si hubiese programado una visita al veterinario antes, si hubiese estado más centrada en ella que en otras cosas, otras personas, que ni merecen mi atención, ni mi dedicación, ni mi tiempo...

Ahora mi niña se va y yo me quedo rota de dolor. Porque ya se nota su ausencia, porque donde mire estaba ella. Hoy es uno de los días más tristes de mi vida. Y me siento muy sola.

miércoles, marzo 29, 2017

Despidiendo a un ángel

Mi madre me ha llamado para darme la peor noticia posible: mi tía Anita tiene cáncer de páncreas, y metástasis en hígado y sangre. El cáncer es muy agresivo y va rápido. Me da la sensación de que no voy a llegar a despedirme, y eso me da muchísima pena.
Desde la noticia, no puedo dejar de llorar. Creo que estoy en schock y me siento desconsolada. Yo esperaba otro diagnóstico, algo más esperanzador. Qué ingenua soy a veces, qué estúpida.
No dejo de pensar en ella y de recordar ciertos momentos. También pienso en el impacto que su muerte va a tener en nosotros: creo que esto supone el fin de la familia, porque ella era como una columna vertebral. Es más, sin ella, casi pierde todo el sentido visitar el pueblo, porque verla a ella era una de las grandes motivaciones de estas visitas. Su ausencia va a ser mucho más notable que la de mis abuelos, y va a ser tan duro no verla en cada rincón de la casa…
Esta semana tengo varios frentes abiertos a nivel emocional, pero esta noticia pesa como una losa. Ahora mismo, nada tiene sentido en mi vida. Ni el presente, ni el futuro. Ahora mismo, sólo existen el pasado y los recuerdos. Y en mi pasado está ella, como lo estuvo Basi. Todos son recuerdos buenos, porque mi tía es la bondad personificada. Es tan humilde, tan sencilla, tan sacrificada, tan dedicada…Quizás ser así le haya pasado factura. Ocurre cuando te centras en los demás y te olvidas de ti mismo. Pero, ése era el rol que se espera de una mujer de pueblo, y ella cumplió bien con las expectativas.
Los días que quedan son de preparación para una despedida. Pero, ¿cómo se despide uno de un ángel? Eso es lo que ella era para mí: un ángel. Un ángel que se marcha de mi vida. Otro más. Mi vida se está quedando “desangelada”.
En realidad, debería sentirme contenta. Su alma ha terminado su paso por este mundo y va a viajar por fin. Saldrá de esta dimensión y quizás se reúna con mis abuelos, que estarán encantados de volver a ver a su Anita, y con mis tío Paco, y con mis tías-abuelas, y con todos aquellos que se fueron hace tiempo y que no conocí. Creo que será un bonito reencuentro. Supongo que cantarán jotas allá donde se encuentren. En el pueblo siempre supieron vivir la vida despacio, sencillamente, saboreándola.
Pero para los que nos quedamos, la pérdida es muy grande, muy dolorosa. Es parte del apego, y el apego pertenece a esta dimensión.

No sé cómo voy a poder superar esto. Y como siempre, lo tengo que pasar sola. Y estoy muy cansada. Y me da miedo volverme loca.

lunes, enero 02, 2017

Sueños de Yor

Creé imágenes hermosas de amor y de futuro, pero esos sueños no son y parece que no serán. Su destino está abocado al Pozo de Minroud, donde se apilarán con otros sueños empolvados. Pero lejos de ser olvidadas, mis imágenes me son tan queridas, que he de envolverlas en un paño de amor para que nada pueda dañarlas, porque merecen ser salvadas para la eternidad. Quizás pueda rescatarlas para otra vida. Quizás su belleza duerma el sueño eterno.

domingo, octubre 23, 2016

Sincronías concentradas

¿No quería ver sincronicidades? Pues toma tres tazas. Algo así debió pensar el Universo este fin de semana, porque no recuerdo haberlas visto tan claramente en mi vida. Quizás porque todas ellas se han sucedido demasiado secuencialmente en un corto espacio de tiempo, y han convergido en una experiencia muy especial que me ha hecho crecer espiritualmente varios escalones de golpe.

Hace una semana aproximadamente empecé a beber agua de shungit. Llegué a la piedra de forma casual buscando un regalo para el cumpleaños de mi cuñado. La piedra se encuentra en varios formatos, pero yo me decanté por aquel que me permitía añadirla al agua, de manera similar que hago con los cristales de cuarzo.

Siguiendo el consejo de una amiga, decidí apuntarme a una excursión grupal a la Tejera Negra para este mismo fin de semana. La idea era no sólo hacer una actividad fuera de casa, sino conocer gente nueva y crear nuevos círculos sociales. Elegí esta opción primero porque la ruta propuesta tiene un nivel básico, y en segundo lugar porque los hayedos en otoño adquieren colores nuevos, que convierten el lugar en un espectáculo único. Había intentado reservar por mi cuenta, pero a estas alturas resulta imposible porque casi todas las plazas están ocupadas.

Al mismo tiempo, me apunté a una meditación para la energía femenina basada en Hoponopono, que es algo que quiero potenciar.


Llega el viernes y me llaman de la agencia de viajes para decirme que los autobuses de la excursión están llenos, y me ofrecen cambiar el día de la misma. Una contrariedad, pero viendo lo que ha llovido todo el fin de semana, ha terminado siendo una fortuna. Sincronía. Había visto varios planes alternativos para este fin de semana, pero no recordaba exactamente cuáles y en qué ámbito. Pensé que quizás era mejor descansar después de mi viaje a Vigo esta semana, y hacer limpieza de la casa.

El viernes por la tarde cojo un taxi para ir a la meditación, y me dejo olvidado el móvil en el asiento. Otra contrariedad. A punto estuve de perderme la meditación para intentar localizar el móvil. Pero internamente sentí que no tenía mucho sentido, y que era mejor ir a la meditación. En realidad, algo pasa con el dicho número de teléfono, porque esta tarde no he conseguido solucionar el tema de la línea con Orange para mi mayor frustración (como diría mi amiga Ainoa: pues pensé que estaba más elevada). Últimamente parece que me tienen manía en Orange, pero creo que hay alguna cosa en el fondo que tengo que solucionar. Me haré un espejo.

Llegué a la meditación tremendamente frustrada por el tema del teléfono, pero desde que entré en la sala mi estado interior empezó a calmarse. Luego supe que la sala había sido preparada energéticamente para crear bienestar. Se estaba tan a gusto allí, qué paz, qué calidez.


Había un montón de gente congregad: unas cuarenta personas, la inmensa mayoría mujeres. Esto me echó un poco para atrás, porque la última vez que hice una meditación colectiva me conecté a la consciencia conjunta y me dio mal rollo. Sin embargo esta vez resultó mucho más individual. He de decir que la meditación fue rara de narices porque se usan palabras de Hoponopono (papel para moscas, gotas de rocío...) que no tienen  ningún sentido para mí. Pero el efecto fue muy beneficioso, tanto que dormí como un tronco y me levanté con muchísima energía para un sábado a las 7 de la mañana.


En la meditación apareció un chico llamado Aleix Caldera, que mencionó que este fin de semana iba a impartir un curso sobre cómo aunar corazón y mente, además de relacionarlo con otros temas como la limpieza de auras. Por alguna razón, sentí interés por el curso. Cuando pregunté el precio y los horarios, me cuadraba tan perfectamente que no vi objeción para no hacerlo. Sincronía.A la mañana siguiente me preparo para el curso, pero veo que llego tarde, así que decido tomar un taxi. Miro por la mañana y no veo que pasen muchos. En ese instante uno para en el semáforo frente a mi casa. Me lamento porque no me va a dar tiempo a bajar a cogerlo, así que decido pedir uno por My Taxi, y ¡qué sorpresa cuando el taxi que me dan es justo el que está en el semáforo! Sincronía.


El curso ha sido algo espectacular. Ahora tengo demasiada información en la cabeza y tendré que digerirla (no a nivel consciente, me temo), pero ha sido tremendamente provechoso. He salido tan sumamente enchufada espiritualmente que he sido capaz de reconocer dos señales en el día, que tendré que interpretar porque no entiendo el significado. 


También he sido capaz de conocer el significado del sueño de los gorriones que tuve hace un par de días. Ahora sé que los gorriones simbolizan la libertad, que tengo que alimentar esa libertad, y que el gorrión que me miró a la cara era yo. Curiosamente en la meditación con la Madre Tierra de esta mañana, me ha vuelto a salir el tema de la libertad. Sincronía. Libertad que se consigue con el contacto con la naturaleza, y en mi caso particular, tiene que ser haciendo lo que quiero o necesito hacer sin esperar a los demás. Eso es lo que me bloquea. Me sabe un poco amargo porque me vuelve a dejar sola, pero si es mi trabajo...


Pero si algo ha quedado claro en el curso es que la misión de cada uno en la vida es el aprendizaje personal, y hay que hacer lo que sentimos mejor para nosotros siempre, porque nuestra responsabilidad es para con nosotros mismos. Y eso aplica también para familiares, para cualquiera de ellos: no son nuestra responsabilidad, ellos son responsables de sí mismos y tienen su propio aprendizaje y responsabilidad. Parece que sólo hay una excepción, y es en el caso de las madres con sus hijos pequeños hasta los 6-7 años, que es cuando adquieren su propia consciencia. Hasta entonces, es la madre la que cuida de ellos porque los hijos comparten la consciencia de la madre. Aunque tampoco sería estrictamente necesario, ya que el niño tiene sus propios custodios. En fin, un mundo.


El profesor me ha dado hoy el nombre de mis ángeles guía: el guía solar y el guía físico. Esta mañana, cuando aún no sabía sus nombres, he invocado al guía solar y me ha pegado un golpe en el sexto chakra que me quedado sin poder hacer el resto del ejercicio de invocación porque no era capaz de visualizar un tubo de luz que tenía que entrar por dicho chakra. En vez de eso he recibido la imagen de un océano bajo un cielo dorado. El agua es información, lo que significa que me ha pasado medio océano de golpe para gestionar en el día de hoy.


Entre otros temas, en el día de hoy hemos visto cómo limpiar estancias y cómo sellar nuestro aura para que las energías negativas no nos afectan. Y ¿qué se usa para visualizar? ¡Shungit! Sincronía.


En resumen, este fin de semana ha sido muy bueno porque he hecho lo que estaba para mí. Ahora queda practicar e intentar que el día a día no me desvíe de mi camino. Tengo tanto por andar...