miércoles, septiembre 02, 2015

Un niño sirio



Las redes arden con la foto de un niño sirio ahogado en las costas turcas. En lo que va de año, más de 2000 personas han muerto en el Mediterráneo, todas con un nexo común con ese niño: la huida hacia la promesa de un futuro mejor, promesa que ahora yace en las aguas de ese mar que representa la frontera sur de Europa. Podríamos ver sus fotos y conocer sus historias, y sin embargo, ninguna nos ha llamado la atención como la de ese niño. ¿Por qué?

Cuando sucede una tragedia así, uno suele mirar hacia otro lado. Si no vemos el problema, es como no existiera. Si no lo vemos, no podemos sentirlo, no podemos conectar con él. Si no conectamos con él, no sufrimos. Y si no sufrimos, ¿somos felices?

La mayoría de nosotros vive vidas anodinas, absurdas en muchos casos, casi como fantasmas que van de la cama al trabajo y del trabajo a casa, como máquinas para consumir y pagar facturas. Alimentamos un sistema que consume nuestras almas, y a cambio nos ofrece una falsa sensación de bienestar y seguridad. Por eso protegemos ese sistema ante cualquier factor que pudiera amenazarlo. La imagen de la tragedia y la miseria humana es algo que atenta contra ese sistema y por tanto, negamos la realidad. O la racionalizamos. O tratamos de diferenciarnos de ellos, los refugiados. Así que generamos incomprensión, racismo, odio, cualquier cosa que nos aparte, como si todo lo que sucede fuera ajeno a nosotros, como si las consecuencias fueran ajenas a nosotros, como si no fuesen seres humanos como nosotros.

A veces miramos con un poquito más de atención y podemos llegar a sentir compasión. A fin de cuentas somos humanos, y los humanos sentimos. Pero suele ser una compasión tibia, fría. A veces pienso que el consumo masivo de los medios nos ha insensibilizado. Estamos acostumbrados a ver imágenes similares cada día. El efecto sólo dura hasta que surge una nueva imagen.

A veces hasta somos capaces de sentir cierta indignación por lo que sucede. Pero es una indignación fugaz. Alguno moverá un dedo y compartirá una foto en las redes sociales, pero hasta ahí su compromiso social. En los momentos decisivos nos echamos atrás y lo justificamos con manidas frases inmovilistas tipo "esto no vale para nada", "nada va a cambiar", "todos los políticos son iguales"... Joder, pues claro que vale, mucho más que refugiarte en tu mierda de vida gris que llevas. Tú mismo alimentas tu propia decepción en un sistema al que te niegas a cambiar.

Entonces, ¿por qué nos afecta tanto la imagen de este niño? Primero porque es un niño. Los niños nos causan especial sensibilidad, quizá porque representan la pureza, la inocencia, la esperanza, el futuro, todo lo que es bonito y tierno. A veces me jode un poco cómo los medios hacen uso de los niños para aderezar las noticias, como si la tragedia de por sí no fuera ya consistente. A veces también me jode que parezca que la vida de los niños valga más que la de los adultos, pero esto quizá ya sean cosas mías de esas que no son normales.

Por otro lado es una foto diferente: la imagen que se muestra no parece estar asociada a ninguna tragedia. El niño aparece sólo. No hay más cadáveres, no hay restos de un barco naufragado, no hay sangre, no hay violencia. A ratos pareciera que está dormido placidamente, junto al mar, mecido por las olas, a la orilla de un mar tranquilo y arrullador. Es una foto que inspira ternura, pero al mismo tiempo resulta desoladora porque sabes que esa imagen idílica oculta la muerte.

Mi hermana ha comentado con tristeza hoy: "me recuerda a mi peque". Efectivamente, guarda cierto parecido con mi sobrino, de una edad aproximada. También es un niño que no tiene raza, porque su posición nos impide clasificarlo. Y creo que ahí reside precisamente lo que termina por atraparnos: es un niño cercano, podría ser el hijo de cualquiera. Ahí te das cuenta de que ese niño, que podría ser tu hijo, jamás tendrá un futuro; jamás crecerá, ni hará castillos de arena en la orilla del mar, ni reirá cuando juegue con las olas, ni leerá "Calle", ni cantará "En la granja de Pepito", ni jugará a pressing-catch con su tita; que nadie, salvo su padre que se arriesgó por él, hizo nada por ayudarlo; que todos somos un poco responsables de su muerte; que con él muere también la esperanza de un mundo mejor. Nuestra esperanza.

No sé, se me parte el corazón.

lunes, agosto 31, 2015

Sirsasana

Hoy era un día especial en yoga. Gabriela, la profesora sustituta, terminaba sus clases. A partir del miércoles vendrá el profesor titular, que estaba de baja por depresión, algo que jamás pensé que pudiera darse en un yogi. Me da mucha pena la marcha de Gabriela porque sinceramente me parece una gran profesora y con ella he tenido clases de yoga increíbles. Espero que sea posible que pueda dar los talleres de fin de semana.

El punto final del ciclo Gabriela venía acompañado de la clase sobre el último chakra: el chakra de la coronilla. Es el chakra que nos une al universo, como una pieza del mismo, al igual que las células individualmente componen el cuerpo. Es curioso porque el símil indica que cuando todas las células están en armonía, el cuerpo está sano, mientras que células enfrentadas dan lugar a la enfermedad. De esta manera, el sistema al que pertenecemos estará sano si nosotros contribuímos de manera positiva al mismo. Al final cada uno en este mundo contribuye al total, así que todos somos responsables de la salud de nuestra realidad.

Gabriela también comentaba que todos somos antenas, conectados con el universo a través de este séptimo chakra. Es curioso porque esto enlaza con un pensamiento que tuve hace unos días: si nuestro subconsciente es un amplificador de nuestros pensamientos, entonces esa parte de nosotros es la antena emisora que genera nuestra realidad. Por otro lado, esto enlaza con la idea del cono mágico, el cono de las brujas, para manifestar la magia. Mucha gente no lo sabe, pero en realidad el sombrero típico de las brujas es una representación del cono mágico, que no es sino la energía generada para la magia.

Comenzamos las asanas y resulta que nos pasamos toda la clase arraigándonos y haciendo respiración plantar. ¿Curioso, no? Y todo porque la energía superior debe estar sustentada por todos los niveles. Esto es exactamente lo que explicaba Isabel en clase de canto con su teoría de la columna de aire: sin el apoyo inferior, la voz no es lo suficientemente poderosa, carece de "carne".
Y al revés, desde el séptimo chakra, todos nuestros niveles se nutren del universo.

Pero cuando pensaba que ya estaba todo hecho, llega la sorpresa de la clase: sirsasana. Me quedo sin aliento de la emoción. Es la postura que he deseado aprender desde que de niña miraba la enciclopedia de Ciencias Ocultas de mis padres. La postura en la que todo el cuerpo descansa sobre la cabeza y los brazos. Una postura que da miedo porque uno piensa que se va a fracturar el cuello, porque parece imposible que la cabeza pueda sostener todo el peso. 

Lo hacemos en parejas. Empiezo yo por pura ansiedad de hacerlo. Parto de la postura llamada "el delfín", con la cabeza entre las manos, y desde allí voy avanzando hacia la vertical, donde elevo una pierna y mi compañera me ayuda a elevarme. Resulta tremendamente sencillo porque no tengo dudas sobre ella y su ayuda: confío en ella. Y más importante, no tengo dudas al elevarme: confío en que lo voy a lograr, confío en mi capacidad. Al principio las cervicales me molestan un poco, pero de repente me asiento en la postura y todo resulta cómodo. Y allí estoy, erguida sobre mi cabeza, con la sangre circulando en torrente hacia la cabeza. No sé si estoy más perpleja o emocionada. Cuando desciendo estoy eufórica. Joder, no sé si voy a poder apaciguar mi emoción en la parte de la relajación. Bueno, y ahora estoy totalmente despierta y espabilada. A ver cuánto tardo en dormir.

Ahora que lo he experimentado una vez, tengo que probarlo a hacerlo yo sola contra la pared. He visto a una chica hacerlo en clase, creo que puedo intentarlo. De aquí al cuervo, sólo hay un paso :-)

miércoles, agosto 19, 2015

Choose Beautiful


Me levanto esta mañana y veo un vídeo "Choose Beautiful". El vídeo es parte de una campaña de la marca Dove para que las mujeres reconsideren la idea que tienen sobre la belleza y, más importante, sobre ellas mismas. El vídeo muestra un experimento con dos puertas, una etiquetada como "Beautiful", la otra con la etiqueta "Average". Aunque alguna mujer elige "Beautiful", la mayoría de las mujeres que aparecen en el vídeo eligen sin dudar la opción "Average". Según el estudio,  "96% of women said they wouldn’t choose the word “beautiful” to describe themselves — although about 80% said there is something beautiful about them." Me parece simplemente terrible. Pero más terrible me parece cuando pienso en mí y me veo cruzando la puerta "Average".

Pero ¿qué hay de malo en ser hermosa? Desde siempre la idea de la belleza ha estado denostada. Parece que la idea de una mujer bella es la de una persona vanidosa, superflua, vana, casquivana,tonta...la lista de descalificativos es interminable. Nadie querría ser así, por eso rechazamos de plano la idea de poder ser hermosas. Y para colmo nos proponen cánones de belleza imposibles que jamás podremos alcanzar. Así que cuando vemos una mujer hermosa, antes que admirarla como admiraríamos una obra de arte en un museo, la envidiamos y la intentamos hundir, como si su belleza pudiera ser una ofensa para las demás. Es lo que nos han enseñado y lo que enseñaremos a nuestras hijas.

Bien, si el objetivo de la campaña era que me replantease mi idea sobre mi belleza, lo ha conseguido. Quiero poder sentirme bella. Pero sentirme bella tal como soy, con todos mis atributos físicos independientemente de si el resto de la gente los percibe como armónicos o no. Quiero aceptarme a mí misma tal como soy. Pero ser consciente no soluciona la cuestión. No es tan fácil. Se trata de un problema de permiso: el poder que te concedes para poder sentirte así. Es un permiso que va en contra de años de creencias consolidadas en tu mente y que tienes que romper. Algo que va oponer resistencia, y fuerte, para intentar que no cambies tu forma de pensar. Internamente es una lucha de poder entre dos creencias: la existente y la que quieres instaurar. Se supone que somos libres de escoger nuestros pensamientos, ¿por qué es tan difícil sustituirlos? ¿por qué es tan doloroso? Supongo que es una cuestión de trabajo constante. Una elección que hay que hacer todos los días.

lunes, agosto 10, 2015

Zugarramurdi


Zugarramurdi es un nombre que me retrotrae a mi infancia, a la enciclopedia de ciencias ocultas que tenían mis padres y que yo devoraba. Me encantaban aquellos tomos, aunque por mi edad no entendiera todo lo que allí se contaba. Zugarramurdi es uno de los episodios más famosos de brujería de España, que acabó tan mal como cabría esperar. Algo que para una niña resulta un tanto incomprensible.

La visita a este lugar era algo especial para mí. Sin embargo tampoco es algo que haya buscado activamente. No sabía muy bien qué iba a encontrarme allí y ha resultado increíble, no tanto por la magia de las brujas, sino por la magia de la naturaleza. El entorno es increíble y la cueva es simplemente impresionante. Posiblemente la cueva fue siempre conocida y se utilizó para diferentes propósitos. Las brujas debían conocer el lugar, pero no menos los aldeanos. Pero en una época oscura y llena de supersticiones, pocos osarían andar de noche hasta este lugar.

Subiendo a la cueva del aquelarre hay un prado. Una imagen de mujeres danzando juntas ha llegado a mí. Ha sido algo fugaz y efímero. Muchos dirían que producto de la sugestión. Y sin embargo, el prado está orientado al sur, de manera que la luna siempre ha de iluminarlo de noche. 

Igual ha sucedido dentro de la cueva. No ha habido imágenes, pero por un momento he tenido un sentimiento de fraternidad, el que tendrían todas aquellas mujeres que se sienten unidas por el poder, por la sabiduría, por la libertad personal, a través del tiempo, por una misma etiqueta: "brujas".  Por un instante de tiempo me he sentido traspasada por esa sensación, me he sentido parte de algo. Aunque sólo fuera mi sugestión, la sensación ha sido real.

sábado, agosto 08, 2015

Pamplona: 19 años

19 años después he regresado a Pamplona. Todo me parece como nuevo porque mis recuerdos están muy difuminados. Se confunden a ratos con otros recuerdos más próximos: Donostiarra, Logroño...

Hace 19 años vine a ver los San Fermines. Crisis y yo éramos por entonces muy seguidoras de los encierros (que no de las corridas posteriores). Esto es algo que habíamos mamamos del pueblo. Mi tía Ana nos ponía los encierros cada mañana y los veíamos juntas. Así nos creó afición. Desde entonces, cada 7 de julio madrugábamos para no perdernos detalle.

En el 96 decidimos venir a Pamplona a verlos. No recuerdo bien cómo se gestó aquello. Supongo que fue una de esas ideas que alguien comenta de pasada y todo el mundo decide que hay que hacerla. Yo tenía que hacer un examen de matemáticas, así que hubo que esperar al último fin de semana de las fiestas para poder ir. Íbamos Diego, Crisis, la Innombrable, sus amigas y yo.

El grupo se separó nada más llegar a Pamplona. La razón fue a que teníamos diferentes maneras de entender el fin de semana. No volvimos a reunirnos hasta el regreso a Madrid. Nosotros tres empezamos a deambular por la ciudad porque no teníamos alojamiento y nos parecía demasiado pronto para empezar a beber. No era nuestro objetivo.

Recuerdo que fue un finde duro. La primera tarde llovió y nos metimos a un cine a ver "Misión Imposible" para guarecernos. Las noches las pasamos a la intemperie junto a una panificadora a las afueras de la ciudad. Hacía tanto frío que era imposible dormirse. Sólo teníamos unos plásticos para aislarnos de la tierra y las chaquetas como abrigo. Resultó insuficiente. Y encima teníamos que aguantar la radio de la gente que trabajaba en la panificadora y el olor a pan que salía de la misma. Desde entonces he mirado a los mendigos con otros ojos.

Por las mañanas intentamos ir a los encierros. Había que madrugar mucho para coger sitio. Primero desayunábamos chocolate caliente para entonarnos un poco. Luego a buscar un hueco en los travesaños a lo largo del recorrido. Recuerdo que tuvimos la oportunidad de entrar en la plaza de toros, pero no lo hicimos porque pensamos que cobraban la entrada. Eramos un poco pardillos, la verdad.

Encontramos un hueco en la calle de Sto Domingo entre dos edificios. No se veía casi nada. Los toros pasaron por delante como una exhalación. Sólo recuerdo el lomo de un morlaco oscuro. Fue muy decepcionante.

De Pamplona vimos las calles del centro. Olían a una mezcla de vino y orines. Las limpiaban cada mañana con jabón. Aun así a veces nos quedábamos pegados al adoquinado de la mierda que tenían. Y había tanta gente...

El domingo por la mañana estábamos tan cansados que Diego y yo nos quedamos durmiendo en un parque de la ciudad mientras Crisis hacía turismo. Nos habían advertido de ladrones que robaban las mochilas a los turistas que dormían en las calles. A mí me daba igual. Sólo quería dormir y calentarme un poco al sol. Fueron dos horas de sueño y me parecieron cinco minutos.

Me alegré de volver a Madrid y poder recuperarme. Juraría que después me fui de vacaciones con mis padres a algo mucho más convencional y cómodo. Prometí volver a Pamplona para conocer la ciudad en otro momento, pero jamás en San Fermines. Y aquí estoy. Mucho tiempo después, casi sin haberlo planeado. Lo pienso y parece mentira que hayan pasado 19 años.

jueves, agosto 06, 2015

Espejos

Dejé apartado "Die Entdeckung der Currywurst" porque leer en alemán requiere de una continuidad que no he podido conseguir en semanas pasadas. Por eso y porque se cruzó el libro "Cree en ti" de Rut Nieves. Este libro lo sentí como una llamada, un libro que aparecía regularmente en mi cuenta de fb y que me pedía que lo leyera. Así que lo compré. 

Podría catalogarse como un libro de autoayuda. Es de lectura fácil y amena. Creo que la autora se excede con el uso de las mayúsculas y me molesta mucho cada vez que se olvida de abrir las frases exclamativas con el signo correspondiente. Hasta el momento, veo que tiene alguna cosa nueva, pero todo lo demás lo he leído antes. Sin embargo, me parece que el planteamiento es diferente y por eso su mensaje me llega mejor. O bien estoy más receptiva.

Uno de los capítulos hace referencia a las personas como nuestros espejos. Propone que nos vemos reflejados en los demás y además reflejamos en ellos nuestro estado interior. Normalmente he leído que los rasgos que no nos gustan en los demás, son aspectos que no nos gustan de nosotros mismos.
Es un pensamiento un poco perturbador, considerando la cantidad de cosas que no me gustan de la gente. Es más perturbador aun considerando ciertas personas concretas. El sólo hecho de pensar que tengo algo en común con Darío o con la Sosérrima, aparte de pertenecer a la misma especie, es algo que me incomoda y me violenta. Pero nunca hasta ahora había leído el corolario: los aspectos que nos gustan de los demás, también nos gustan en nosotros. Y eso es reconfortante.

Hay personas que me causan una fascinación inexplicable. Es un compendio de cosas entre su forma de hablar, su forma de moverse,...Me encanta mirarlos y absorber su esencia. No puedo evitarlo. El problema es que a veces se me olvida hacerlo de manera discreta y puede resultar incómodo. Me pasa ahora con la profesora de yoga. No es una persona especialmente destacable, aunque tiene una melena ensortijada abundante y preciosa, ni especialmente carismática, pero la forma en que tiene de comunicarse me engancha. Es dulce, reposada, discreta, y domina su cuerpo. Quizá por esa atención estoy viviendo las mejores clases de yoga de mi vida, y sólo llevo dos. Me gusta lo veo en ella, y me gusta pensar que eso existe en mí también.

También es verdad que si disfruto las clases es por la predisposición a disfrutarlas. Es sorprendente que antes de las clases mi cabeza parece una jaula de grillos, llena de basura del trabajo, y mi espíritu se revoluciona con sentimientos dañinos. Pero es entrar en clase y todo se serena. Creo que mi cuerpo reconoce la situación y se orienta hacia ella. Si pudiera conseguir la misma forma de programación para otras áreas, mi vida sería muy diferente.

Todo es una cuestión de cambiar el firmware. En ello andamos. Pero quizá la clave no sea tanto mirar en los espejos externos para reconocer cómo quiero llegar a ser, sino mirar en mi interior y aceptar lo que soy ahora mismo.

domingo, agosto 02, 2015

El Ventorrillo - Mirador de las Canchas - Risco de los Emburriaderos - Pto Navacerrada

Pocas cosas producen más empoderamiento que salir solo a la montaña. No es que prefiera ir sola a ir en grupo, pero la experiencia es muy diferente. Cuando voy en grupo, siempre voy a remolque porque, como dije en otro post, suelo ser la más lenta, la que menos resistencia tiene, la más quejicosa. Soy el lastre. Pero cuando voy sola voy a mi ritmo, soy yo la que decide dónde, por dónde y hasta dónde, y además suelo aprender cosas, sobre todo de mí misma y de los recursos y capacidades que poseo. Estas vivencias suelen ser bastante reafirmantes. Y después de varios días con el ánimo bajo y de sentirme poco valiosa, necesitaba algo así.

Esta mañana amanecía cubierto. Me sentía muy perezosa, tenía dolor de cabeza, y con molestias en el estómago. Cosas del estrés, supongo. A poco no desisto antes de empezar. Tengo el par de arranque muy alto la verdad. Pero tras comprobar que no había alarma de tormentas en la montaña y desayunar, me he puesto en marcha.

Cuando he llegado al Ventorrillo hacía fresquito y seguía medio cubierto. Era un día ideal para haber subido a 7 Picos, uno de mis retos pendientes. Pero he preferido atenerme a lo que mi mente me pedía. Tenía la ruta muy clara: el mirador de las Canchas. Es una ruta que hicimos hace unos años Crisis y yo. Entonces ella estaba embarazada y sólo llegamos hasta el mirador. La ruta me había gustado y he querido repetir.

Caminar a solas tiene un problema: estar sola con mis pensamientos. Por lo menos al principio, hasta que me meto en la actividad. Pero esto puede llevar un tiempo y, mientras, ahí están ellos, recordándome mis miserias. A veces me sorprende la ingente cantidad de pensamientos que puedo llegar a tener. Es agotador. Mi mente es como una máquina que no deja de generar pensamientos. No puedo pararla. 



He llegado al mirador de las Canchas. Era pronto, quizá las 10:30. Todavía podía aprovechar un poco la mañana y pasear más. La Bola del Mundo se mostraba como un objetivo ambicioso, no era necesario llegar. Pero acercarme un poco ¿por qué no? Sabía que había un camino que llevaba a ella desde la Barranca, pero el que había delante de mí se veía claramente que bajaba a La Barranca pero no parecía girar a la izquierda en ningún momento. Entonces he preguntado a un ciclista que acababa de parar en el camino.

"¿Quieres ir a la Bola del Mundo? Está muy lejos". Odio que me menosprecien aunque tengan razones para ello. Vale, estaba haciendo una lectura de pensamiento, pero era tan evidente que me estaba juzgando como mujer, gordita, y dominguera...Le habría borrado esa sonrisa condescendiente de un puñetazo. La sociedad creó las normas para situaciones como ésta.
El tipo me confirma que el camino desciende a La Barranca y que casi al llegar al final aparece el que va a La Bola del Mundo. ¡Qué pereza! Y justo cuando estoy asimilando la posibilidad de bajar a La Barranca sin más y almorzar allí, me sale con que hay un sendero justo a mi izquierda que se acerca a La Bola del Mundo. "Pero está muy lejos", añade. ¡Joder qué pesado! 

Subo a la senda. Se llama "Camino de la Tubería" porque hay una de hierro que acompaña todo el recorrido. Es un camino estrecho, pero cómodo para caminar: va ascendiendo muy suavemente y tiene un tramo de sombra. Cunde. Frente a mí, la Maliciosa y la Bola del Mundo. Es una vista bonita, salvaje. Se ven montones de lagartijas y un par de águilas. 


Sigo caminando hasta llegar al Risco de los Emburriaderos (el nombre lo he mirado luego). Se hace evidente que el camino tiene que llegar a Navacerrada, pero ignoro cuánto hay por delante. Me digo que si no lo veo claro, a las 12:00 me doy la vuelta y desciendo. De repente engancho con una PR que marca claramente un ascenso. Decido coronar y tomar la decisión allí. Este es el tramo más duro que he tenido en el día. Creo que me va haciendo falta comer algo.

 Corono. Entonces veo que estoy justo en la senda del puerto que va por debajo del telesillas. Y por encima de mí la senda que lleva a la Bola del mundo. Miro el reloj. Pienso en el ciclista. Aún no son las 12, llevo 2 barritas energéticas y suficiente agua. Vamos, que me da de sobra para subir a la Bola del Mundo. Y no lo digo por chulería, es que no es la primera vez que subo. Sé que me puede costar, pero sé que puedo lograrlo. Pedazo de cretino.

Justo cuando estoy planteándome si subir, una idea se gesta en mi cabeza. Esa idea tiene forma de bocata de lomo con queso y me llama. El puerto está tan cerca...Mis pies se encaminan automáticamente en ese sentido. Subir a la Bola del Mundo parece algo tonto. Si me pongo muy cabezona, siempre podría hacer trampas y coger el telesilla, que está funcionamiento. Pero yo sólo quiero comer...

Me pido un bocata que me sabe a gloria. Recargo agua. Me doy crema solar. Comienzo el regreso. Me ha tentado la posibilidad de bajar andando directamente por la carretera, que es el camino más corto al coche. También he sopesado la idea de hacer autoestop. Pero ninguna de las dos me hacen mucha gracia. Así que vuelvo sobre mis pasos. 

El sol está ya en todo lo alto y hace bastante calor. Me molesta un poco la rodilla derecha, lo cual no son muy buenas noticias para el descenso. Me doy cuenta de lo mucho que he caminado, aunque no soy capaz de calcularlo. Seguro que no es para tanto, pero estoy cansada y se me está haciendo largo y pesado. Sólo quiero llegar al coche. Apenas hay sombra y no llevo un pañuelo que me proteja porque no tenía planeado andar más allá de las 13h. Me pesan las piernas y noto cada centímetro del pie...

Y por fin...mi coche, mi Igortxu. No lo beso porque seguro que quema. Nos vamos a casa, que me espera un pedazo de helado de turrón en la nevera. Me lo merezco.

sábado, agosto 01, 2015

Del revés


"Del revés" es la nueva película de la factoría Pixar. En ella se muestra el día a día de unas emociones básicas: Alegría, Tristeza, Miedo, Asco e Ira. Su trabajo es asistir en la vida cotidiana de una niña llamada Riley. Su misión principal es la de generar recuerdos, instantes de la vida de Riley que van asociados a una emoción.
En el caso de Riley la mayoría de sus recuerdos son alegres. Alegría es la emoción dominante (en su madre es Tristeza, en su padre Ira), la que dirige el grupo. Alegría quiere que Riley sea feliz y hace todo lo posible para que esto sea así. Lo mejor de Alegría es que siempre ve lo positivo de cada situación: cree que siempre existe una solución para todo. Pero Alegría no permite que las cosas sean diferentes a como ella cree que deben ser, sobre todo cuando está involucrada Tristeza.
Sin embargo todo cambia cuando Riley y su familia se mudan a San Francisco. El cambio afecta a Riley mucho. Alegría, en su intento por que Tristeza no contamine la vida de Riley, provoca un incidente que hace que Riley pierda todos sus recuerdos esenciales y que Alegría y Tristeza vayan a parar a la mente de Riley. Sin la dirección de Alegría, Riley pierde el rumbo de su vida y los pilares sobre los que se cimenta (las islas de la personalidad).
Alegría y Tristeza tratan de regresar al cuartel general y en ese viaje aprenderán mucho sobre el funcionamiento de la mente de Riley, y Alegría comprenderá que la Tristeza tiene una función importante en la vida de Riley y que tiene que mostrarse al igual que las demás.

La película me ha gustado mucho. La historia en sí es entretenida, pero también es una película muy imaginativa. Es bastante compleja, tiene muchas capas y contiene muchos elementos: el amigo imaginario, el unicornio, los miedos, los sueños...Me encanta por ejemplo la escena del pensamiento abstracto y la escena de los sueños.

La película puede entenderse, por un lado, como una crítica a los defensores a ultranza del pensamiento positivo. La moraleja de la película es que lo importante es sentir, y sentir todas las emociones sin reprimir ninguna, porque todas son necesarias para el desarrollo de la personalidad y para afrontar las situaciones de la vida.

También he visto otras críticas sobre ciertos tintes machistas, aunque me parece llevar las cosas demasiado al extremo. Pero proceden de una feminista a ultranza. Ella señala que Alegría es alta, delgada y guapa, mientras que Tristeza es gordita, bajita y poco agraciada. Y Asco es la típica niña mona delgada, pija y estilosa. Siguiendo con esa serie de topicaoz, Ira se asociaría al típico macho, bajito, chabacano.

Por mi parte, esperaba llorar mucho y no ha sido así, aunque ha tenido sus momentos (cuando desaparece el amigo imaginario, por ejemplo). También esperaba conectar más con Tristeza, incluso con Ira, pero sorprendentemente he conectado con Alegría. No sé, me gusta su entusiasmo y cómo no se achanta por las circunstancias. Me gusta cómo le saca partido a las situaciones. Ella no se rinde. Lo único que me choca es verla llorar en un momento de la película: ¿puede la Alegría llorar de tristeza? Es un tanto perturbador.

viernes, julio 31, 2015

La vida no espera por nadie

A veces me pregunto si la vida es una necia o es cruel. La vida no espera por nadie, sea cual sea la situación en la que te encuentres. Da igual lo débil, lo cansado, lo herido que estés. Ella sigue adelante sin mirar atrás, sin preocuparse de a cuántos y a quiénes deja en el camino. La vida no tiene compasión. O quizá es que se rige por la ley del Karma donde sólo se busca restaurar el equilibrio. El equilibrio es el fin y cualquier medida es necesaria, por eso ninguna acción es buena o mala en sí. Lo es para nosotros que la recibimos.

Así que la vida sigue adelante, como una cabra loca pizpireta, y nos obliga a seguirla. Pero para poder seguirla debemos sopesar nuestra carga. Cuando antes soltemos el lastre del dolor, antes nos pondremos en marcha, más ligeros viajaremos en nuestro camino. La otra opción, la del inmovilismo, es la muerte. Biológicamente estamos programados para sobrevivir. Así que cogemos nuestra carga y vamos avanzando, aunque sean unos metros nada más, aunque sólo sean un par de pasos, aunque tengamos que parar mil veces, aunque nuestro corazón esté atravesado por mil agujas.

Siempre he sido muy mala senderista de grupo porque suelo ser la más lenta, la que menos resistencia tiene, la que se queda rezagada. No sé exactamente a qué ritmo marcha la vida, pero no es el mío tampoco. Así que seguiré el camino, pero será a mi ritmo porque no puedo avanzar más deprisa. No es necesario seguirla inmediatamente. Hoy no al menos.

miércoles, julio 29, 2015

Gestalt

Esta mañana, como siempre inesperadamente y por azar, me he topado con una frase que me ha encantado. Dice así:

“Sé como tú eres, de manera que puedas ver quién eres y cómo eres. 
Deja por unos momentos lo que debes hacer y descubre lo que realmente haces. 
Arriesga un poco si puedes. Siente tus propios sentimientos. 
Di tus propias palabras. Piensa tus propios pensamientos. 
Sé tu propio ser. Descubre. 
Deja que el plan para ti surja dentro de ti.” 

Fritz Perls
Googlelizando un poco (qué gran palabra nos inventamos Suni y yo) he descubierto que Perls es el padre de la Terapia Gestalt, de la que no sé nada. Para gustarme todas estas cosas de desarrollo personal, qué poco sé de ellas. Me gustaría sacar un poco más de tiempo para leer en profundidad sobre la Gestalt (aunque creo que lo mío es más la Terapia Conductual). De momento he llegado a sus preceptos que rezan así:

  1. Vive ahora, es decir, preocúpate del presente más que del pasado o del futuro.
  2. Vive aquí: relaciónate más con lo presente que con lo ausente.
  3. Deja de imaginar: experimenta lo real.
  4. Abandona los pensamientos innecesarios; más bien siente y observa.
  5. Prefiere expresar antes que manipular, explicar, justificar o juzgar.
  6. Entrégate al desagrado y al dolor tal como al placer; no restinjas tu percatarte.
  7. No aceptes ningún otro "debería o tendría" más que el tuyo propio: no adores a ningún ídolo.
  8. Responsabilízate plenamente de tus acciones , sentimientos y pensamientos.
  9. Acepta ser como eres

No tengo tiempo para analizarlos uno a uno y comentarlos en este blog. Podría estar más o menos de acuerdo con ellos, excepto con el tercero. El tercero no me gusta. No digo que no sea correcto y adecuado, pero no va conmigo. Yo soy una soñadora y me encanta fantasear. A veces esas fantasías me hacen daño, pero otras son las que me hacen este mundo más soportable. Si la Gestalt aboga por ser como uno es, yo quiero seguir soñando.

lunes, julio 27, 2015

Aceptación

Desde que desapareció el profesor oficial, no había regresado a clase de yoga. Tomé una clase con la primera sustituta, pero no me gustó y dejé de ir. De esto ya hace varias semanas, incluso diría que meses. De hecho hoy tampoco pensaba pasarme. Mi plan, una vez descartado el pump, era ir a clase de jam y bailar un poco. Pero una conversación en el vestuario lo ha cambiado todo. La nueva profesora hablaba con una alumna sobre una práctica espiritual aplicada al día a día. Entonces he pensado que quizá la clase fuese interesante.

La clase comenzaba con una introducción a la práctica. La temática era "La aceptación". Aceptación de aquello que sucede durante la clase y que escapa a nuestro control: una molestia física, un pensamiento intrusivo, una emoción inesperada nos puede desconectar del presente, del aquí y ahora. Intentar resistir es negarse a una lección que cada uno de ellos nos puede aportar, es negarse a aprender, incluso negarse a ser uno mismo. En cambio, es más positivo agradecer su presencia y tratar de aprender sobre la experiencia que nos quieren transmitir.

Esas palabras han sido bastante positivas para el resto de la sesión. Hacía muchas clases que no me sentía tan centrada, con la respiración totalmente acompasada, sin tratar de forzar la asana. Sí, he tenido algunos pensamientos intrusivos (en mí otra cosa sería raro), pero juraría que bastantes menos que en otras ocasiones. Emocionalmente bastante serena. Físicamente bien. De hecho, ha sido una clase sencilla y sumamente suave, tanto que ni siquiera he tenido que ducharme después.

La verdad que "aceptación" es una palabra con la que no me llevo bien. En general me cuesta aceptar que las cosas puedan ser de una manera diferente a como me gustaría. Esto no significa que siempre me salga con la mía, sólo significa que quizás me resista más de lo necesario, que lleve las cosas a límites absurdos cuando no hay necesidad de ello. Pero no encajo bien dónde queda el límite entre esforzarse por lo que uno quiere y abandonar. ¿Por qué aceptar es mejor que perseverar? Y ¿hasta cuándo hay que darse golpes contra la pared antes de rendirse?

En realidad creo estoy hablando más de "resignación" que de "aceptación". La línea entre ellas me parece muy fina, pero emocionalmente las siento diferentes en mi interior. "Aceptación" es mucho más positiva, sin duda. "Resignación" la siento como una emoción que se pudiera enquistar. Por momentos me sabe a frustración, a rencor.

Quizá "aceptación" no implique ningún tipo de esfuerzo o de sufrimiento, sino que sea más "fluir", dejarse llevar por la situación, observar sin juicios, aprender. La pregunta que me surge es: ¿es mejor aprender una lección que triunfar? Diría que sí, porque el triunfo es efímero y la lección (si bien aprendida) eterna. Pero aunque lo entiendo igualmente me cuesta aceptarlo. ¿Es una cuestión del ego (que diría el Curso de Milagros)?

domingo, julio 26, 2015

El Arroyo de la Laguna

Un buen día de verano para subir a la sierra y tomar un baño en un río. Crisis proponía ayer ir al Arroyo de las Guarramillas. Se supone que tenía que ser un sitio de fácil acceso para poder llevar al niño, y ciertamente lo es, siempre que se acceda por un sitio adecuado. Pero sorprendentemente hemos escogido uno de los peores caminos: el descenso del Arroyo de la Laguna (de Peñalara). 

El camino comenzaba bien, paralelo al río, bien definido, dirigido a converger con Guarramillas. Pero de repente ha empezado a ascender por la ladera, volviendose abrupto, tortuoso, escarpado, y lleno de maleza, alejándose del arroyo tanto en altura como en distancia.

Yo iba la primera del grupo, por eso de que era la que "mejor" conocía la zona, pero nunca había bajado por aquí. Me estaba mosqueando porque no estábamos descendiendo, porque me estaba llenando de arañazos de zarzas y arbustos, y porque detrás venía Miguel que llevaba al niño en la mochila, con evidentes inconvenientes. Lo que me preocupaba es que Miguel se rayara en algún momento y no quisiera continuar. O que llegáramos a un punto muerto.

Y de repente una vaca en mitad de camino.

A diferencia de lo que la gente cree, las vacas de la montaña no son animales inofensivos: están un tanto asilvestradas, lo que las convierte en animales impredecibles. Son veloces, ascienden con agilidad por las laderas, y si se ven amenazadas, embisten. En un camino tan estrecho, en fila india, y al borde del barranco, estábamos totalmente expuestos a ella. Ha sido una suerte que la vaca decidiera dejarnos el paso libre. ¡Gracias, señora vaca!

Seguimos adelante. Entonces el camino desaparece en un claro. Un poco angustiada (mi sentido de la aventura es regular), me adelanto un poco para explorar el terreno y ¡ahí está! El camino principal. Joder, en comparación es como ir en una autopista. Consideramos subir a Cotos por el mismo, pero el GPS nos indica que estamos demasiado lejos. Yo digo que siempre podemos bajar al siguiente arroyo y ascender por el mismo hasta la carretera. Me consta que tiene mejor acceso.

Pero antes un baño. Encontramos una poza profunda en el mismo Arroyo de la Laguna. Yo habría querido bajar al de Guaramillas, pero el resto del grupo no está por la labor. La verdad que la poza es fantástica y justo por encima tiene un acceso de poca profundidad para el niño. Allí nos plantamos, nos damos un par de chapuzones, tomamos el sol, hacemos tiempo hasta la hora de la comida. Vemos libélulas, mariposas, arañas, gusanos, zapateros y una trucha. Me relajo escuchando el sonido del arroyo.


Miguel dice que un par de excursionistas le han comentado que el camino por la otra vertiente del arroyo es mejor. Decidimos ascender por allí. Es muy empinado y sube por el lecho seco de un arroyo. Los gemelos y los glúteos arden. Tengo molestias en la rodilla. Mañana quiero ir a clase de Pump: ya veremos si podré.

Y de repente la vaca otra vez. La misma. Nos mira como diciendo: vaya día me estáis dando. Esta vez no parece tan simpática. No me parece prudente cruzar justo delante de ella, así que me desvío todo lo que puedo hacia el barranco para hacerle entender que no queremos líos. Son unos metros nada más, pero espero que sea suficiente. Llevo gafas de sol, pero aún así prefiero no mirarla directamente a los ojos. No sé los demás. Sólo me quedo tranquila cuando todos hemos salido de su área. Ya podemos seguir ascendiendo.

El camino es cada vez más empinado, pero es más directo. Se oyen los coches pasar y se avistan los quitamiedos. El tramo final parece imposible, pero el camino gira a la izquierda hacia el arroyo, por donde tendremos que cruzar, como indicaron los excursionistas. Por fin encontramos gente: domingueros. Son esos que bajan la nevera con ruedas hasta el arroyo. Señor...

Por fin pisamos el asfalto. Lo hemos conseguido. Se me ha quedado un poco corta la estancia en el río, pero lo compensaremos con una buena comida en Lozoya.

viernes, julio 24, 2015

Evasión o Victoria

Ayer se me planteaba una disyuntiva: pasar por una situación desagradable o evitarla. En ambos casos tenía el sufrimiento asegurado. La diferencia estaba en el grado del mismo. Pasar por la situación acarreaba mucho sufrimiento, pero a cambio la "recompensa" estaba en crecer como persona. Bueno, eso dice el dicho: "lo que no te mata, te hace más fuerte". Endurecerse como camino personal. The path of the Warrior.

Elegí la segunda. Sí, como buena piscis soy neptuniana, pero no siempre evito las cosas. En otra ocasión, habría escogido la primera opción porque tengo grabada a fuego en mi mente la máxima que he mencionado. De hecho, siento cierta desazón interior por no haber cumplido con ella. Sé que sería capaz de haber pasado por ello (porque ya he pasado por ello una vez), habría sufrido por ello, y ahora estaría hecha una mierda, esperando cerrar la cicatriz. Pero a cambio, habría obtenido una victoria personal: demostrar mi capacidad.

Sin embargo ¿es necesario sufrir tanto? ¿Para qué? ¿Tan importante es demostrarme que puedo ser fuerte? ¿Está mal demostrar que soy vulnerable, que sufro, que las cosas me duelen, que me importan? ¿Está mal demostrar que no soy una máquina, que tengo sentimientos, que tengo limitaciones? ¿Importa mucho si por una vez no quiero pasarlo mal, si quiero ser condescendiente conmigo misma?

lunes, julio 20, 2015

La culebra y la trucha

La Boca del Asno se está convirtiendo por sus condiciones en un punto de referencia de verano. Lo mejor que ofrece es un acceso fácil al río, sombra, lugares de baño, y un paseo bonito. Quizá por eso está siempre abarrotado. La gente me agobia. De hecho, agradecería que mantuvieran las distancias y no entraran en mi territorio (Pregunta: ¿cuántos metros considero que es una distancia aceptable?). Pero a veces la gente te aporta cosas. Como sucedió ayer.


Por la mañana, un primer grupo de gente resultó tener una especie de maestra chamán entre sus filas. En un momento me encuentro a esta mujer en el lecho del río sosteniendo la horquilla de un árbol, y de repente está dando una lección sobre la figura de la horquilla como elemento de sanación natural. El grupo comienza una visualización en la que se lleva esa horquilla a una parte dolorida del cuerpo, donde se integra como si fuera la rama de un árbol, y crece desde nosotros. Me uno al grupo en la distancia y me llevo una lección gratuita e inesperada. Aún así creo que buscaré sobre esta visualización en Internet.

Por la tarde otro grupo me saca de mi letargo ante el avistamiento de una culebra en el agua. Tras marcharse, me acerqué al río para ver la culebra. Me senté en una roca y me puse a contemplar el agua, a la espera de que la culebra decidiera asomarse. No la vi. Esto me trajo a la cabeza una reflexión: a veces no podemos ver las cosas o quizás miramos en mala dirección. En cualquier caso: no son para nosotros y por eso no llegamos a verlas, aunque esté contrastada su existencia por sus testigos. Mientras nos empeñamos en ver la culebra, podemos perdernos otras cosas que sí ocurren a nuestro alrededor, que son perceptibles, y que son hermosas: la danza de las libélulas, las mariposas que bajan a beber al río, el viento rizando la superficie del agua... Y luego, sorprendentemente, hay cosas que nadie más ve, como una trucha nadando en el fondo del estanque...Así que todos podemos disfrutar de la belleza del paisaje, aunque no en la misma forma.

Y por la tarde, hago un amigo entre los insectos :-)

lunes, julio 13, 2015

Momentos infinitos



Una de mis frases favoritas es "And in that moment, I swear we were infinite".
Es de la película "Las ventajas de ser un marginado". A pesar de que apenas recuerdo la película (y me gustó mucho), esa frase se me ha quedado grabada. A veces pienso en ella y me siento bien. Porque conozco esos momentos infinitos y cada uno de ellos me parece increíble.

He alcanzado ese estado muchas veces durante la relajación de la clase de yoga. También durante algún ritual o una meditación. A veces durante los estiramientos posteriores a una clase del gimnasio.
Pero alcanzar ese estado justo antes de una clase me parece mucho más sorprendente.

Son momentos perfectos porque mi interior está en calma. 
No hay pasado, ni futuro, sólo presente. 
No hay deseo, ni necesidad, ni dolor.
No hay dicha, pero tampoco tristeza.
No importa nada. No hay propósito.
Sólo estoy yo. Soy yo en estado puro.
Y me siento inmensa, como si pudiera ser capaz de trascender todos los límites y todas las dimensiones.
Me siento infinita.

Ocasionalmente, soy capaz de recibir mensajes.

A veces ese momento perfecto dura un segundo, apenas un destello.
A veces ese momento son 2 segundos, 3 segundos.
Otras, varios segundos encadenados, como las cuentas de un rosario, cada uno de ellos encerrando un instante perfecto.
A veces, con mucha suerte, el momento puede prolongarse minutos. Entonces se puede alcanzar un continuo. 
A veces el momento se puede estirar, se puede intentar prolongar, pero también es como agua, y termina por escurrirse entre las manos. Y cuanto más lo intentas retener, más rápido se desliza. Hasta que desaparece. 

Y luego la nada.

O el ruido.

La realidad.

viernes, julio 10, 2015

Terminator y la pirámide de Maslow

Viernes sola y sin grandes planes, viernes más que adecuado para ir al cine. Me decanto por "Terminator: Genisys". No hay nada mejor en la cartelera y más o menos me suelen entretener estas películas, así que ¿por qué no?
Efectivamente es más de lo mismo, con una vuelta de tuerca más, si cabe. Enviado por John Connor, Kyle Reese llega al pasado a buscar a Sarah para protegerla del T-800 (y engendrar a John), pero ella ya no es la mujer débil e indefensa de la primera película, sino la mujer luchadora que todos conocemos. Resulta que un Terminator fue enviado a su infancia para matarla y ello cambió toda la historia. Pues bien, pero a mí me gustaba la evolución de la otra Sarah, la de Terminator 1 y 2, la que se curtió a sí misma y convirtió a su hijo en un líder, más que la Sarah criada por un Terminator.

Otra diferencia: Skynet se ha cloudificado. O mejor dicho, se va a cloudificar. Ahora no es un superprocesador o una inteligencia artificial, sino un software que quiere aprovechar la alta conectividad de cada dispositivo y cada terminal para hacerse con el mundo. Es el año 2017 y estamos en una línea temporal diferente a la que comenzaba la trama anterior. Cosas de los viajes en el tiempo.

Quedan 2 años para que Skynet se apodere del mundo. La verdad es que la premisa de la película es buena porque ciertamente cada vez todo está más conectado, cada vez nuestra vida está más virtualizada, cada vez somos más dependientes. De hecho, esta imagen de la pirámide de Maslow modificada refleja claramente el cambio de nuestras necesidades. Se supone que es una broma, pero lo cierto es que no podemos vivir sin la conexión a Internet (y sin la batería del móvil).

A mí me falta añadir el soporte físico en algún lado. Quizá pudiera incluirse en la capa fisiológica de la pirámide, ya que los terminales se han convertido en una extensión de nosotros mismos. O incrustaría una nueva capa entre la WiFi y la batería. Vivir sin móvil ¿es posible?

Hoy sin ir más lejos, antes de la película, he pasado nuevamente por la tienda donde compré el Nexus para enviarlo al servicio técnico. Esta semana estaba funcionando de pena, sin dejar de resetearse continuamente, y sin acceso a la WiFi (menuda factura de datos me va a venir este mes). Puede que sea el calor, pero lo de la WiFi es raro. 

El miércoles ya había pasado por la tienda. Un dependiente me sugirió entonces restaurar la versión de fábrica antes de enviarlo al servicio de reparaciones, pero nada cambió. Miré también en foros posibles soluciones, pero tampoco funcionaron. No quedaba otra que prescindir del móvil. Yo estimaba que podría quedarme sin él una semana, porque si es un fallo conocido (como dicen los foros), deberían tenerlo ya solucionado (lo digo por experiencia). Dolía, pero lo tenía medio asumido. Sin embargo, el dependiente me advierte que el periodo de reparación podría llegar a los 30 días. ¡¡¡¡30 días!!!! WTF??? ¿Qué hago yo sin móvil un mes entero? Sudores fríos me han entrado.

No he podido remediarlo: me he comprado otro móvil. Efectivamente, no lo he pensado mucho. A veces me dan estos impulsos: llega la idea a la cabeza y yo ejecuto. Seguro que lo tengo programado en la amígdala. Ahora lo tengo cargado: mañana estará listo para la configuración.

Es un Alcatel idol 3. No tengo experiencia con esta marca, ni siquiera con el famoso "one touch not easy at all", pero el dependiente me lo ha recomendado y está bien de precio (barato tampoco es, pero vale la mitad de lo que costó el Nexus hace un año). Tiene una pantalla enorme, no sé para qué la quiero, si yo no veo películas, ni juego con el móvil. Al menos está ahí, para cubrir mis necesidades de conexión.

miércoles, julio 08, 2015

Concierto de Slash



Siendo precisos la entrada debería llamarse "Concierto de Slash con Myles Kennedy y The Conspirators". Aunque Slash es claramente la cabeza visible y reconocible, parece que Myles Kennedy tiene también su tirón y va ganando en popularidad gracias a sus impresionantes dotes vocales, y a su grupo paralelo, Alter bridge.

Concierto en el ahora llamado Barclaycard Center, a.k.a. Palacio de los Deportes. ¿Cuánto hacía que no venía aquí? Puede que un año, desde la última vez que viniera a ver al Estu. De conciertos es posible que más aún. Me viene a la cabeza RHCP, pero no estoy segura.

No abrieron las gradas, cubiertas por enormes cortinajes negros, lo que hizo que el sitio me pareciera un tanto extraño. No estoy nada acostumbrada a estar en pista, pero afortunadamente conseguimos encontrar un nervio frente a la mesa de sonido, que sumado a los tacones, hizo que pudiera ver el escenario con cierta facilidad.

Los problemas de visibilidad esta vez se los debo a una pava situada delante de mí, con melena abundante y suelta, que no hacía más que echarse para atrás. La última vez que quise cortarle el pelo a alguien en un concierto fue en el de Iron Maiden en la antigua pista deportiva del Real Madrid. Mi primer concierto, nada más y nada menos. Entiendo que la gente se emocione, baile y salte, pero coño, no a costa de los demás, habiendo bastante sitio. Tuve que poner el tacón delante para proteger mi espacio. Ni con esas. Dura un poco más el concierto y se lo clavo en el gemelo. Pero no era plan tampoco de montar gresca. Y menos cuando estoy en desventaja numérica y tengo pocas posibilidades de huida, a pesar de mi experiencia de correr por los aeropuertos con tacones.

El concierto estuvo muy bien. El repertorio fue una mezcla equilibrada entre las canciones de Guns 'n' Roses, la mayoría del "Appetite for Destruction" y las canciones más novedosas de Slash. Una mezcla de heavy y hard rock. A pesar de que prácticamente sólo conocía las canciones de Guns, me gustó. Pienso que Myles Kennedy canta mejor las nuevas, las suyas. Y esto es mucho decir de un tío que podría cantar cualquier cosa. Es impresionante.

Luego está el bajista, que me pareció genial. Es un tío con más pinta de gótico que heavy. Salvando las distancias, me recordó un poco a Peter Steeler de Type 0 -, pero más estilizado y con una voz más aguda. Ostras, que canta fenomenal también. El "Welcome to the Jungle" fue increíble. Su voz y la de Myles Kennedy empastan a la perfección.

Y por último Slash (del otro guitarrista y del batería no puedo hablar porque no me fijé). Se marcó un solo impresionante en la versión del "Rocket Queen" de Guns. Hizo dos crescendos alucinantes, pero se me hizo un poco largo. Con todos mis respetos, los solos instrumentales me terminan por aburrir, por fantásticos que sean. Lo mío es la voz, es lo que más disfruto y en lo que más me fijo. Y últimamente intento escuchar el bajo, con mayor o menor fortuna. Pero indiscutiblemente Slash es muy bueno, un icono.

El grupo cerró el concierto con "Paradise City", que me recuerda mis tiempos de Brighton allá por el 92. La canción me encanta, pero la tengo tan oída que me aburre un poco. Joer, podrían haber cerrado con "Sweet Child 'o Mine", que fue apoteósica, aunque sí, también está un poco manida. Hasta ya me canso de cantarla en el karaoke...

En resumen, un buen concierto, muy entretenido.
¿El próximo? Sería Judas Priest a finales de julio, pero me da muchísima pereza ir hasta Rivas sólo para verlos a ellos y sin nadie que quiera ir.
Otras opciones, pero no es que me convezcan mucho: Ensiferum (octubre), Gamma Ray (noviembre), Gojira (julio), Orphaned Land (septiembre), Paradise Lost (noviembre), Slayer-Anthrax (noviembre)


lunes, julio 06, 2015

OXI


Grecia dijo ayer NO a las condiciones del Eurogrupo. La pregunta que sigue es: ¿qué pasará ahora?
Personalmente creo que nada muy diferente a lo que hubiese pasado de ganar el Sí. Es decir, la negociación siempre ha sido inevitable. Lo que cambia tal vez es la atmósfera de la negociación, con un gobierno griego reafirmado por su pueblo. Los hechos siguen siendo los mismos, pero la perspectiva desde dónde se encaran son diferentes. Y eso es grande. Es morir quizás, pero morir con dignidad. Yo y mi romanticismo...

No lo tendrá fácil el gobierno de Grecia en las negociaciones, supongo que son conscientes. La Unión Europea casi es un ente orgánico y como tal se intentará proteger de cualquier ataque contra ella.
La amparan los grandes Estados que tienen más peso en ella y tiene además el respaldo de todos los ámbitos financieros que velan por el preciado status quo que tanto beneficia a unos pocos (no precisamente a los ciudadanos europeos). Es una posición de bastante fuerza, lo que tampoco impedirá que Grecia no pueda herirla de muerte si se lo propone. No creo que sea la intención de Grecia tampoco. No quieren salir del Euro, no quieren salir de la Unión. 

Ayer leía un comentario en Facebook sobre a lo injusto de que Grecia decida por toda la Unión. Sigo pensando que no es el caso. Grecia decide sobre ella, pero esa decisión sí tiene un impacto sobre toda la Unión, porque forma parte de ella y porque su deuda la han asumido los Estados Miembro. Ahora, eso de que el resto de la Unión decidamos sobre Grecia me suena a los mismos discursos que se mentan cuando se plantea la independencia de Cataluña. Sinceramente no sé si tienen mucho sentido en ambos casos. Me suena a pataleta absurda, y encima procede de unos ciudadanos de a pie que, por algún motivo, creen tener algo que decir en este asunto, cuando ni siquiera tienen el poder de decidir a nivel nacional.

No creo tampoco que Grecia no quiera pagar su deuda. Ya han dicho que quieren pagarla, pero hay formas y formas de hacerlo. Y lo entiendo: no me parece bien que se pague a cualquier coste, sobre todo si ese coste es la vida humana. Varoufakis decía que la actitud del Eurogrupo era comparable al terrorismo. Yo le di un nombre peor. 

Lo que realmente me asquea es esa hipocresía de una Europa que ondea orgullosa la bandera del soft-power, pero que, a la hora de la verdad, se olvida de todos los valores y principios sobre los que dice estar construida, esos mismos valores y principios que intenta vender como su leitmotiv en la esfera geopolítica.
¿Dónde está la solidaridad europea con Grecia? ¿Dónde están los valores sociales de las que tanto se jacta? ¿Dónde está el hermanamiento de los pueblos? Pura fachada.

Me descojono cada vez que pienso que en los proyectos europeos me descojono tengo que justificar el "beneficio social" de mis proyectos, velar por la ética de los mismos, pasar un escrutinio ético, o tener que revisar la dichosa carta de derechos fundamentales para fundamentar nuestros desarrollos. ¿Cómo puede la EC exigirnos nada cuando su moral es bien distinta, cuando cambia tan veleidosamente según le conviene? Lo que digo: hipocresía. Por no darle un nombre peor.

domingo, julio 05, 2015

El pollino

Eduardo siempre será "El pollino". Cuando era pequeña, mis padres quedaban de vez en cuando con Julita (prima de mi padre y mi madrina) y Eduardo, su marido. Tengo vagos recuerdos de aquella época, como alguna salida campestre al puerto de Canencia. Recuerdo eso sí, que Eduardo se metía jugando con mi hermana y conmigo, y nosotras le llamábamos "pollino". Esa palabra nos la enseñó él.

Julita y Eduardo desaparecieron de nuestras vidas, a pesar de la aparente cercanía. No sé qué pasaría.

Hace poco nos enteramos de que Eduardo tenía cáncer y que va muy acelerado. Tanto que está ingresado en el hospital, quizá en fase terminal. A pesar de que no he tenido trato con él, siento mucha pena por esta situación, por él. Creo que se debe a que Eduardo forma parte de mi infancia y le tengo cariño, a pesar de no representar nada en mi vida. Sinceramente, espero que el proceso sea rápido (lo parece) y que sufra poco.

Hace poco fallecía otro primo de mi padre y una amiga de mi madre por lo mismo. Desde luego, vaya añito que llevamos.

El niño 44

Quería ver esta película atraída por la promoción, que hacía de la película algo novedoso: un thriller en la URSS stalinista. Y sí, efectivamente, hay un asesino en serie que va matando niños a lo largo de una línea férrea entre Moscú y Volks. Asesinatos que son resueltos por el Estado buscando víctimas propiciatorias a las que cargar el crimen para cumplir con la máxima "El crimen no existe en el paraíso (soviético)".

Pero la película también intenta dar un retrato de la URSS de la época. Es una imagen sucia, mugrienta, paupérrima, injusta, con un férreo control de la población mediante el miedo y la información. En cierto modo me ha recordado bastante el "1984" de Orwell, que acabé de leer hacer unas semanas.

El tercer hilo es la vida de Leo, un agente del servicio secreto, que se encuentra con el caso por casualidad. La vida de Leo, huérfano ucraniano críado por un soldado ruso, héroe de guerra, se ve sujeta a la vida de su esposa, acusada de traidora por un sospechoso capturado en una redada, y a la de su compañero Vassili, que le envidia profundamente. El no querer denunciar a su esposa le hace caer en desgracia, y es precisamente el destierro en Volks lo que le hace resolver el caso.

La película está bien en términos generales, aunque se hace un poco lenta y pesada. Creo que la trenza que intentan hacer con los tres hilos mencionados no está bien resuelta del todo: demasiados ingredientes en la mezcla. Las actuaciones están bien. Me gusta mucho Noomi Rapace en esa frialdad que transmite como esposa que se vio obligada a casarse por miedo. Tom Hardy no tanto, es un poco hierático.
En cuanto a la moralina, además de la crítica a la URSS, creo que la película lleva a pensar en el mal. En este caso, el asesino no es el malvado. Sí, es un asesino en serie matando criaturas, pero en realidad no lo puede remediar, es un enfermo sujeto a una compulsión que no controla. La maldad es más Vassili, carente de todo escrúpulo, ansiando todo lo que Leo tiene.