miércoles, marzo 23, 2016

Luz

El día de mi cumpleaños recibí una felicitación muy especial de Suni, mi amigo, mi hermano, mi mentor. Decía: "espero de corazón que Belisama tenga a bien devolverte una al menos una parte de la luz que tú nos regalas el resto del año". Me encantó, es una felicitación preciosa, original, y se nota que me conoce mucho al nombrar a una diosa celta.

Me sorprendió que Suni hiciera referencia a la luz, como si yo fuera una especie de candil. Qué bonito, qué halagada me siento, pero qué responsabilidad también. Pero Suni no es el único que me ve como un ser de luz. Sharing-Dreams también. Hoy me escribía por chat "Pero iluminas a distancia...". Y aún recuerdo el día que me asignó la etiqueta "radiante". Simplemente son palabras que me dejan perpleja.

Me parece inconcebible que alguien que mora casi siempre en las sombras, pueda siquiera brillar. Yo no me reconozco como un ser luminoso (aunque todos los humanos somos bioluminiscentes). Y si es así, mi luz debe ser muy pequeñita, muy tenue. Pero supongo que hasta la luz más débil brilla en la oscuridad, y a veces es más que suficiente en estos tiempos que corren. Espero averiguar algún día cómo usar esa luz que a mí se me escapa.


sábado, marzo 19, 2016

Calle Cloverfield 10


A falta de mejor opción, esta tarde he ido al cine a ver esta película. La oferta cinematográfica reciente es de lo más lamentable, respecto a mis gustos, claro está. Así que una película etiquetada como "thriller psicológico" tenía muchas papeletas.

La historia comienza cuando Michelle abandona a su prometido (o marido, no está claro) y en su huida tiene un accidente de tráfico. Cuando despierta, descubre que se halla en un bunker subterráneo de una granja que pertenece a Howard, un antiguo soldado obsesionado con la supervivencia un ataque post-nuclear. Howard cuenta a Michelle que un ataque ha tenido lugar y que toda forma de vida en la superficie ha desaparecido, siendo ellos los únicos supervivientes. Con Howard vive también Emmet, un obrero que ayudó a Howard a construir el bunker.

La película se centra en las relaciones de estos tres personajes: Howard, es el dueño del bunker y por tanto quien establece las normas de convivencia en el mismo. Su comportamiento extraño hace que Michelle desconfíe de él desde el primer momento. Michelle es quien se rebela contra la situación existente intentando salir del bunker, ya que considera que la versión de la historia por parte de Howard no es verídica y que tiene razones mucho más oscuras de las que dice. Por último, Emmet, que aceptaba las normas de Howards, se ve arrastrado por los intentos de Michelle para oponerse al status quo. Esta lucha entre Michelle y Howard vertebra la trama y también el desenlace.

La película me ha gustado mucho. Tiene tensión suficiente, tiene algo de claustrofóbica, y es imposible no alinearse con Michelle y compartir su punto de vista. El final es un giro de tuerca interesante, aunque raya un poco en lo surrealista y creo que le sobra algo de metraje. En general, recomendable.

viernes, marzo 18, 2016

La naturaleza del odio

En una reciente conversación una persona mencionó el odio. Aquello me hizo pensar en las veces que he sentido odio y no di con ninguna. No quiero decir que jamás lo haya experimentado, simplemente digo que no lo recuerdo. Si todas las personas somos capaces de experimentar todas las emociones, yo debería ser capaz de sentir el odio.

En mi mente, el odio debe ser una emoción tremendamente fuerte e intensa, de esas que te hacen arder las vísceras y te consumen por dentro. Recuerdo la ira, pero no recuerdo el odio. Si el odio es opuesto al amor, debería ser de igual grado. Pues no recuerdo nada parecido. Ni siquiera las veces en que tenía motivos para odiar he sentido odio hacia la persona que me estaba causando daño.

Recuerdo los días de Ariel y lo mal que me lo hizo pasar, y jamás sentí odio hacia él. Sentí angustia, sentí hartazgo, sentí injusticia, sentí impotencia, sentí rabia, sentí desvalorización. Pero no odio. Al revés, le veía como una persona con un gran complejo de inferioridad (no frente a mí, sino en general), que necesitaba machacar a la gente para sentirse mejor. Llegué a sentir pena por él. Qué mierda es a veces la empatía.

He buscado la definición de odio: "Sentimiento profundo e intenso de repulsa hacia alguien que provoca el deseo de producirle un daño o de que le ocurra alguna desgracia". ¿Sentía yo deseos de hacer daño a Ariel? No. Yo sólo quería salir de aquella situación. Incluso cuando se destapó el fraude del monedero, tampoco me alegré. Y sí, he hecho daño a gente a alguna vez, pero no ha sido por odio, sino al contrario, movida por el dolor de sentirme lastimada, herida, abandonada, traicionada.

Y qué curioso que me haya venido Ariel a la cabeza al pensar en la persona que más daño me ha hecho, y que no haya salido Diego primero. U otras personas que han estado más próximas a mí. Ariel a fin de cuentas, era una persona externa a mi mundo. Quizás me importara su opinión en aquel momento, pero no sentía estima por él. No así con los otros casos. Creo que debería reflexionar sobre esto un poco más porque hay más miga de la que se ve a simple vista.

En mi búsqueda sobre la naturaleza del odio también he encontrado una especie de explicación en un blog sobre emociones muy próximas: rabia, ira, odio y cólera. La rabia tiene como finalidad que la dificultad o el obstáculo que se interpone entre lo necesitado y la persona deje de ser operativo; la intención no es  eliminar o destruir, sino de que deje de interponerse.  En la ira sí hay intención de eliminar o destruir el “objeto” frustrante. En el odio hay un componente claro de destrucción del objeto de deseo. Por último, la cólera vendría a ser un impulso destructivo intenso e indiscriminado contra todo.

¿Será que estoy confundiendo las emociones? ¿Será que solamente se puede odiar aquello que se ama? Si no odias, ¿no amas? Creo que esta pregunta es absurda porque para mí el opuesto al amor es el miedo (a lo Jung). Y miedo siento un montón, muy frecuentemente. Quizás el odio es una parte del miedo. Miedo a lo desconocido, miedo a lo incomprendido, miedo a lo diferente, miedo a reconocer que todo ello está en nosotros igualmente. En ese sentido sí reconozco aversión a ciertas personas, algo realmente intenso, pero jamás llega al punto de querer hacer daño. 

O puede que esté reprimiendo mi deseo de daño deliberadamente: un mecanismo de defensa que ata a la psicópata que llevo dentro. ¿Será que no busco el daño porque mis creencias me lo impiden?

Aunque pensándolo bien, creo que sí siento odio por alguien: por mí misma.

domingo, marzo 13, 2016

¿Es el confort la muerte?

A estas alturas, no creo que nadie desconozca el término "zona de confort". Últimamente parece un lugar muy denostado y sólo recibo mensajes para salir del mismo. Pero a todos nos gusta lo conocido, lo seguro, ¿qué hay de malo en disfrutar de ello un poco?

El problema es que la mayoría de las veces no sabemos que estamos en esa zona de confort. Somos ciegos a los límites de la misma. Pero si llegamos a divisar esos límites, a la mente no le gusta que nos salgamos de ella, porque supone mucho esfuerzo, especialmente lidiar con la incertidumbre. Para ello la mente va a generar muchos pensamientos que intentan evitar la salida de esa zona. La mente es muy lista y sabe a qué debilidad apelar dentro de nosotros para motivar la inacción. Muchas veces es miedo, otras juega con nuestra pereza. Siempre sabe cuál es la debilidad más fuerte y juega sucio. Como diría Rafa, desde la mente jamás vamos a motivarnos para salir de la zona de confort.

Esta noche he tenido una experiencia algo parecida a la que tuve en Magdeburg en el 2009. Creía que había hablado de esta experiencia en este blog, pero no encuentro ninguna entrada, salvo la crónica del viaje de vuelta, que aún me parece divertido. A aquella experiencia yo la llamé "la lección de la oscuridad". En diciembre de 2009 estaba en Magdeburg por una reunión. Había quedado con mis socios para tomar Glühwein en el mercadillo navideño. Eran las cinco de la tarde, pero parecían las once de la noche, porque la noche era cerrada. Pereza máxima. Tengo algún recuerdo similar en Estocolmo a las cuatro de la tarde un mes de noviembre. El caso es que fui a la cita y me encontré con que el mercadillo bullía de actividad. Entonces me di cuenta de que la noche solamente era una excusa y que se podía vivir a pesar de ella.

Hoy quería ir a ver a mi abuela, que sigue convalenciente. Era ya tarde y la pereza sólo incitaba a meterme en la cama de nuevo. Si algo me ha movido es reconocer que mañana tendría mucha más pereza aún tras regresar del gimnasio, habida cuenta que tengo que hacer la maleta para marcharme a Lovaina el martes. He pensado también que si no iba esta noche, quizás no volvería a verla. Y así he salido por la puerta de casa.

Sorprendentemente en la calle hacía menos frío del que pensaba, había una gran paz en la atmósfera, y la sensación era agradable. Es algo parecido a la experiencia de la ducha fría: mi mente me había dado un montón de argumentos para no ir a visitar a mi abuela: frío, pereza, posibilidad de aplazar la visita a mañana, etc. No era para tanto, no suponía un esfuerzo tan grande. Es más: me sentía muy bien.

Y entonces me ha venido a la mente el proceso de annealing que estudié en electrónica, que ya no recuerdo bien si se usaba para los algoritmos de rutado de PCBs, pero tampoco es importante. En el annealing se partía de que el estado inicial del proceso quizás no fuera el mejor, aun siendo favorable, así que era necesario hacer una búsqueda de otros estados más óptimos y saltar a ellos. Un cambio de estado sólo era posible cuando había energía suficiente (calor) para dar el salto. 

Siguiendo con la metáfora, la zona de confort, sería un estado estable, pero en él sólo cabe el enfriamiento, no hay espacio para la evolución. Puede que inicialmente no sea un mal estado, pero terminará siéndolo, a pesar de que nos podemos sentir muy a gusto en él en un momento dado. Y si no es así, ya se encarga la mente de darnos razones para no saltar, que las encontrará, por jodidos que estemos en la zona de confort, y nos hará creer que son suficientemente buenas razones como para permanecer. Una vez que nos hemos enfriado demasiado, ya no podremos saltar a otro estado. Y de ahí sólo cabe la muerte. La muerte como enfriamiento total.

viernes, marzo 11, 2016

La ducha fría

El reto de mindfulness de esta semana era darse una ducha fría. La sugerencia fue recibida con gran desconcierto y todo el rechazo posible por gran parte de los alumnos. "Tortura innecesaria" se llegó a oír. Y sí, el reto no era para nada apetecible. Por supuesto no era obligatorio, pero era necesario, decía el profesor para experimentar ciertos aspectos del mindfulness. 

El principal es quizás reconocer cómo la mente crea falsas ideas ante una experiencia. Juzgamos desde la mente, no desde el sentir, y eso hace que lleguemos a conclusiones erróneas, por no mencionar la privación de experiencias "interesantes".

Así que el ejercicio consistía en ir introduciéndose poco a poco en la ducha fría, dejando los pensamientos a un lado y concentrándonos en las sensaciones: primero una mano, luego el antebrazo, más tarde el brazo, y así poco a poco hasta mojar todo el cuerpo.

Bien, yo completé el reto anoche. El primer día de la semana. ¿Para qué esperar más? El reto no me seducía, pero quería hacerlo. Esperar solamente suponía dejar que mi mente me diera más argumentos para no hacerlo. Y la mente es muy lista, y sabe bien qué decir para evitar que salgas de la zona de confort. Eso sí, elegí el momento: en el gimnasio después de las clases. Hacerlo por la mañana habría sido realmente masoquismo.

Aunque me gusta mucho bañarme en ríos de montaña, donde el agua está helada, la experiencia ducha ha sido muy diferente. Primero por el paisaje, segundo por la actitud ante el evento, y tercero por la acción en sí. Lo de ir entrando poco a poco en el agua, sientiendo la misma en el cuerpo, es algo complicado. Porque no tenemos costumbre, porque no comienza siendo agradable. Una vez dentro, sientes que dejas de respirar, pero la sangre corre a toda velocidad por las venas, a lo largo de todo el cuerpo. Y luego está la cabeza. Para mí, lo peor con diferencia: qué dolor de cabeza. Y encima repetí tres aclarados. No, no fue algo agradable.

Sin embargo, al terminar la ducha había sucedido algo increíble: me sentía mucho más ligera, el cansancio había desaparecido, y estaba llena de energía. Fue un auténtico subidón. Me sentí muy bien, no tanto por haber conseguido el reto, sino por la sensación que quedaba en mi cuerpo.

La próxima vez que me duche, lo haré con agua templada. Pero creo que me aclararé con fría, sólo por volver a sentir (mala expectativa) esa sensación.

jueves, marzo 10, 2016

D+R=S

Una clase dura la de mindfulness de anoche. Hasta ahora las clases habían sido un tanto asépticas. La meditación estaba enfocada a dominar la atención para evitar que vagara al capricho de cualquier elemento que surgiera en el campo de la consciencia: un sonido, una sensación, o un pensamiento. Era un trabajo más o menos complicado, pero en ningún modo doloroso. Ayer, sin embargo, comenzamos con la aplicación de mindfulness a las emociones, y fue un ejercicio complicado.

Contaba Rafa que las emociones nos suceden y son finitas: surgen, ascienden, alcanzan su pico y desaparecen, como una especie de campana de Gauss. La misma campana que Lola me señaló para la ansiedad. La misma campana que hay con el dolor físico cuando el masajista presiona un punto de dolor.
Las emociones están en movimiento: surgen y desaparecen, necesitan expresarse. Si el pico se mantiene es porque las mantenemos con nuestros pensamientos. Y estos pensamientos, a su vez, alimentan esta misma emoción y otras que están latentes. Es necesario, pues, cortar ese bucle para apartar los pensamientos de la emoción.

Por otro lado, tenemos la tendencia a aplicar mecanismos de defensa ante las emociones: evitación, negación, desplazamiento y represión. El no enfrentar las emociones, hace que se expresen de otra manera, mucho más complicada que la pura emoción en sí. ¡No me extraña que estemos tan mal de la cabeza todos!.
Rafa habla de la ecuación D+R=S, es decir Dolor + Resistencia = Sufrimiento.
Cuanto más nos Resistimos, más Sufrimos, porque la emoción se va transformando en algo más complicado, al no poder liberarse naturalmente. Hay que sustituir la R de Resistencia por R de Rendición, y sumergirse en la emoción.

El trabajo de mindfulness es sumergirse en la emoción para dejar que se exprese y se libere, lo cual es un ejercicio muy desagradable.
Se trata de dejar sentir la emoción tal cual se siente físicamente en el cuerpo, nombrarla (para tomar consciencia de que no somos la emoción), y sostener la atención en esas sensaciones hasta que desaparecen. La metáfora es la de "acunar a un bebé que llora". Con el bebé no puedes razonar, no puedes negociar, no puedes forzar que deje de llorar, simplemente lo acunas hasta que el llanto cese.
Con la emoción es lo mismo.

Así que anoche evocábamos una emoción que acunar. Yo elegí una frustración particular y la evoqué tan bien que terminé llorando. Entonces hice lo que no hay que hacer: reaccionar sin consciencia. Mis manos automáticamente acudieron a mis mejillas a secar mis lágrimas, cuando tendría que haber dejado que fluyeran libremente. Pero no estaba dispuesta a llorar en público. Así que no solo reaccioné, sino que terminé reprimiendo la emoción. Bien, tendré que acunarla en casa en otro momento para terminar el trabajo. La verdad que tendría que haber elegido otra cosa menos intensa, algo más controlable (si es que lo hay). Y encima me quedé con el mal sabor de boca de revivir ese momento. No, no fue nada bonito. Ni lo va a ser la próxima vez que la evoque, o que la experimente en vivo. 

Tengo mucho trabajo en este campo de las emociones porque sí suelo aplicar los mecanismos de defensa, sobre todo en público.
En casa no, en casa a solas lloro como una magdalena y sí me permito sentirla. El problema es que no apago los pensamientos que tengo sobre ella, y la mantengo tanto rato que termino aplicando la represión para aliviarla.
Puede que hasta ahora no me hubiese dado cuenta de que estaba haciendo algo incorrecto. ¿Quién me ha enseñado a gestionar las emociones? Nadie. Muchas matemáticas, mucha lengua, mucha física...pero cuántas cosas deberían enseñarnos que no se enseñan.

Otra cosa curiosa que aprendí ayer: el sistema límbico (a.k.a cerebro reptiliano) hace que tengamos una mayor tendencia a ver las cosas negativas de la realidad, lo que hace necesario que tengamos que equilibrarlo cambiando la polaridad hacia las cosas positivas de la misma (que son muchas, ciertamente).
Es un trabajo necesario porque el cerebro reptiliano es muy poderoso: siglos de existencia dedicados a protegernos del peligro y a la supervivencia de la especie. Con el equilibrado de la percepción lo que se busca es abrir el campo de consciencia para no quedarnos centrados en lo negativo. 
Hasta ahora yo culpaba a mi amídgdala de mi inseguridad y mi TOC, ahora además tengo que achacarle todo mi filtraje negativo. Graciaaaas. Menos mal que el trabajo de equilibrio lo vengo haciendo desde hace meses, ya tengo parte del camino andado. Pero me queda mucho por delante. Incluyendo una ducha con agua fría, como parte del entrenamiento de esta semana. Dios nos pille confesados.


sábado, marzo 05, 2016

Ciruelos y hospitales

En una de las esquinas de dos avenidas principales se yergue un ciruelo. Para mí es el árbol más bonito de Madrid porque en primavera se cubre todo él de flores blancas que contrastan con el cemento y el ladrillo que hay a su alrededor. Es un árbol esbelto, no demasiado alto, de copa ancha, solitario y de esplendor níveo.

Pero esta primavera el árbol apenas ha sacado flores. Una gran parte de su copa permanece vacía y es evidente que por ahí no va a retoñar. Es un árbol enfermo. El año pasado su tronco ya sangraba savia que cristalizaba sobre su leña. Era cuestión de tiempo que empezara a declinar. ¿Cuántos años pueden quedarle de vida? Es difícil de saber. Pero un día llegarán los servicios del ayuntamiento y lo talarán sin ningún miramiento, y de él solamente quedará un tocón muerto que no hará justicia al hermoso árbol que una vez fue.

En cierta medida, este ciruelo me recuerda un poco a mi abuela, que ahora mismo está ingresada en el hospital. Llegó allí por retención de líquidos y lleva más de una semana por síntomas diversos, incluyendo un terrible enfriamiento. El bajón físico que ha dado es muy considerable. Son 96 años, es verdad, pero hasta hace unas semanas gozaba de una salud impresionante, quitando el dolor de la pierna que la tenía retenida en casa. Ahora he llegado a considerar que mi abuela se esté muriendo. No sería descabellado a su edad, pero me da pena igual. Y ¿qué se puede hacer en estos casos? No mucho.

Subir al hospital siempre es una mezcla de amor y obligación, nunca a partes iguales. En ese sentido, es admirable que mi madre suba cada día dos veces a atender a mi abuela. Para ella es obligación claramente, dado que es su suegra y nunca ha tenido especial cariño por ella. Tampoco diría que es amor por mi padre, quien su estado de salud tampoco le permite pasar demasiado tiempo en el hospital con su madre. Mi madre lo hace porque es lo que toca hacer. En ese sentido, mi madre es de la vieja escuela. Para ella la situación es un poco injusta, cuando somos dos nietas las que podríamos estar al pie del cañón y no lo hemos hecho, bien por egoísmo, o simplemente  porque nadie nos ha dejado asumir la responsabilidad.

Yo subo a ver a mi abuela cuando buenamente puedo y quiero. Sí, hay mucho de amor y mucho de obligación en mis visitas. También hay mucho de hipocresía y de cumplir con las normas sociales. Es curioso, porque los únicos que podrían echarme algo en cara serían mis padres (jamás lo harían) y mi propia abuela, lo que opine el resto me resbala. Y sin embargo, seguimos cumpliendo con lo que se espera de nosotros, porque es un programa que tenemos grabado a fuego en nuestra mente. No somos tan libres como creemos. No somos tan libres porque creemos que no podemos serlo, porque creemos que es tan difícil. Y sin embargo es sumamente sencillo. Pero somos animales de costumbres y tradiciones. 

El hospital tiene algo que me tranquiliza: serán las paredes de color celeste, la luz tenue de las habitaciones, o cierto silencio generalizado (a pesar de que el vecino de la habitación contigua ponga la televisión a todo volumen). Podría quedarme horas allí, no se me hace tan pesado como pudiera parecer. Allí no tengo que hacer nada, salvo intentar no incordiar demasiado. Allí simplemente puedo estar, simplemente puedo ser. Puedo leer con tranquilidad, puedo reflexionar serenamente, puedo meditar, puedo caer en mis fantasías, puedo dormir. La habitación tiene algo de escondite: nadie podría encontrarme allí, y eso me encanta.

Me pregunto si mi abuela no se aburre de estar allí sin hacer nada, pero luego recuerdo que cuando uno está enfermo no tiene ganas de nada más que de dormir.
Mi abuela comparte habitación con una enferma de alzheimer. A pesar de la crueldad de esta enfermedad, tiene un punto cómico: dicen las cosas sin ataduras mentales y resultan tremendamente acertadas. Las enfermeras son muy cariñosas con ella; sienten pena de que la familia la tengan tan abandonada. Ayer la enfermera le preguntó a quién iba a votar. Ella dijo: "al mejor". Me resultó gracioso, fue una buena contestación.

Y así pasan los días, entre médicos, pastillas, pruebas y comidas. Esperando una especie de liberación de una forma u otra que alivie la sintomatología y quizás la realidad tal y como se desarrolla en estos momentos.

jueves, marzo 03, 2016

El corazón de la casa

Muchas veces he oído decir que la cocina es el corazón de toda casa. Creo que esta afirmación era más acertada en otros tiempos, en los que la vida en la cocina era más común, donde se pasaban muchas horas allí, incluyendo el tiempo entre fogones. Los tiempos han cambiado, también el uso de los espacios y la relación que tenemos con ellos. En mi caso, el corazón de mi casa es, sin duda, mi dormitorio.

Mi dormitorio es para mí mucho más que el lugar habilitado al reposo, o un lugar de encuentro para el "amor". Mi dormitorio es una especie de santuario, donde me relaciono con mis dioses y mis guías espirituales, pero es también un refugio, un lugar donde puedo guarecerme cuando siento la hostilidad del mundo, su crueldad, su frialdad, su indiferencia. Esto cada vez es más habitual, así que sí siento frecuentemente la necesidad de recogerme en ese lugar donde me puedo sentir consolada.

Consuelo es una palabra que viene mucho a mi cabeza últimamente (la otra sería paz). Quizás pienso demasiado, quizás mis pensamientos son tóxicos. El consuelo es una especie de sentimiento de lujo que no logro encontrar salvo pasado un gran tiempo arrebujada entre mis sábanas, muchas veces tras conseguir vaciar la carga de mi pecho en forma de ríos salados que empapan mi cara, mi pelo, y toda la franela que me cubre. Mi almohada sabe de mucho más sobre mis sueños, de mis anhelos, de mis frustraciones, y de mis lágrimas que este blog y que el diario personal que llevo. Ella es mi confidente, mi amiga, mi hermana, mi compañera fiel. Quitando un perro, no creo que haya nada más en el mundo tan dispuesto a pasar tiempo conmigo, a escucharme, a confortarme.

A veces pienso que solamente soy de verdad en los espacios tenebrosos. La persona social que conoce la mayoría de la gente no soy yo. No es simplemente una careta, más bien es un maquillaje, algo que toma mi esencia, la cubre, y camufla aquellas cosas que no quiero que se conozcan. Como un payaso. Eso soy yo, un payaso. La gente ríe conmigo, pero no conocen de mis sombras, ni quieren (tampoco mis luces). Algunos las intuyen, otros han visto parte de ellas, pero las auténticas sombras son aquellas que muestro a cara descubierta en ese espacio donde puedo dejar de fingir la fortaleza, la alegría, la simpatía, el coraje, donde no tengo que relacionarme con nadie, donde puedo romperme en los mil pedazos en que he quedado fragmentada tras un día en el mundo "real". Es allí donde puedo evadirme entre pensamientos neptunianos, donde puedo buscar unicornios, donde la fantasía puede aliviar el dolor que me causa tanta dosis de realidad, donde puedo encontrar ese abrazo cálido que necesito a diario y que no encuentro.

Se me ocurre la base de un cuento: una mujer que se arrancó el corazón de cuajo y lo escondió en un lugar oscuro y seco de su dormitorio. Sin corazón, esa mujer era pura lógica y razocinio, cruel y fría. La gente la llamaba "bruja", pero en realidad ella había decidido dejar de sufrir, dejar de que las cosas le importasen tanto; había decidido cortar lazos con el mundo; había decidido esperar la muerte. Pero cada vez que llegaba a casa, se encerraba en su habitación, y abría ese cofre que guardaba su tesoro más preciado: un corazón rojo, de colores vivos y brillantes, que latía con la pulsión de la vida y el amor, puro. Un corazón que nadie más valoraba, sólo ella. Sabía que un día alguien llegaría a su espacio secreto, encontraría su corazón, y lo apuñalaría. Era cuestión de tiempo. Eso ya había ocurrido en el pasado, ahora estaba preparada. La gente celebraría la muerte de la bruja esa noche, pero el cielo lloraría por la pérdida de un corazón tan hermoso.

jueves, febrero 25, 2016

Yo soy en el trabajo

La clase de mindfulness de ayer tuvo un punto clave sobre nuestra forma de vida: gestionamos el tiempo fraccionándolo y miramos siempre a las fracciones que nos van a proporcionar placer. Esto que en clase era poco más que un concepto, he terminado vivenciándolo esta mañana cuando estaba visualizando mi día. Estaba diciendo en voz alta: hoy va a ser un buen día porque voy a comer con Macu y Ales, porque tengo zumba, y porque Crisis me va a dar un masaje. Y, entonces, una voz interior me ha dicho: ¿y qué pasa con el resto?

Me he quedado atónita porque tenía toda la razón: mi día es mucho más amplio que esos fragmentos. El resto del día son unas no desdeñables 8 horas que tienen la mala fortuna de estar etiquetadas como "trabajo", con todas las connotaciones que eso conlleva, la mayoría negativas. Y durante esas ocho horas yo sigo existiendo. Es más, estoy dando todo mi esfuerzo, mi creatividad, mis ideas, mi esencia a esa "ingrata" tarea llamada "trabajo". Filtrar todo eso, es filtrarme a mí misma, es quedar reducida a unas míseras horas.

Desdeñamos el trabajo, pero ese trabajo también nos aporta cosas buenas:

  • Paga nuestras necesidades y nuestros caprichos. Es decir, contribuye a nuestro sustento y a nuestro ocio.
  • Nos permite desarrollar el sentimiento de utilidad.
  • Nos permite desarrollarnos personalmente mediante un aprendizaje diario. Hablo de cursos de formación, pero también de la experiencia que ganamos día a día en lo que hacemos.
  • Nos estimula. Nos reta. Hace que evolucionemos.
  • Nos permite desarrollar otras facetas de nosotros mismos. Por ejemplo, si no fuera por mi trabajo, yo no daría charlas en público porque no está en mi día a día. Aun recuerdo a mis padres flipar un poco el día de la boda de mi hermana cuando hice mi speech, porque jamás me habían visto exponer (y mira que estaba nerviosa ese día), porque no conocían ese aspecto de mí, porque ellos tienen la idea de la chica tímida y reservada, pero no de la jefe de proyecto.
  • Nos permite relacionarnos socialmente (a veces a nuestro pesar ;-))
  • A veces es divertido.


El mindfulness va un poco más allá. Lo que nos pide es estar presente en esa actividad, aunque no nos guste, aunque no sea divertida, aunque no nos dé placer. Porque parece que en nuestra vida sea una búsqueda del placer, caminando de hito en hito de placer: el fin de semana, las vacaciones, el cine, salir de copas con los amigos...Siempre estamos ávidos de esas experiencias placenteras.

Pero la vida es mucho más. La vida también es la oscuridad. Y muchas veces esa oscuridad, en realidad, es una rica gama de grises, que no vemos porque estamos empeñados en verlos como negros. Porque no abrazamos los instantes de la vida, porque pasamos por ella de puntillas, sin saborear.

Así que esta mañana he decidido estar presente en mi trabajo e intentar vivirlo de la mejor manera posible (socios y compañeros mediante). Porque quiero experimentar toda mi vida.

miércoles, febrero 17, 2016

HoS

Me han ascendido. Ahora soy Head of Sector en mi departamento. Por un lado, esto es motivo de satisfacción, porque es un reconocimiento personal y porque me va a permitir hacer cosas nuevas. Por otro, me va a permitir crecer mucho personalmente. El mundo está lleno de maestros, y mis compañeros de trabajo van a ser “grandes” maestros. De hecho, la persona que resulte de esta nueva etapa será un poco también el producto de ellos (lo que yo les permita).

Con el nombramiento, el comportamiento de mis compañeros de trabajo ha cambiado. No todos en la misma medida y forma, pero se nota a la legua a quién le ha caído bien y a quién mal mi nombramiento. Da igual que traten de aparentar, lo percibo igual.

Sabía que esto iba a pasar porque los conozco. Sé de las aspiraciones de muchos, de sus reivindicaciones, de sus filiaciones…pero no sabía que sería así. La vivencia más parecida que recuerdo es por un tema de sueldos. Duele, relativamente. Mi parte géminis me ayuda mucho a desdoblarme para mitigar ese rechazo. 

En parte, reconozco que es normal que pongan distancia: es la misma que pongo yo con mis jefes. De hecho, es la misma que debería poner yo con ellos. Es la soledad del “poder”, supongo. Afortunadamente aún quedan quienes mantienen su trato conmigo más inmutable. No son muchos, pero me bastan.

Necesito un cambio de chip, pero va a tardar. Esto no es como un interruptor que presionas y tienes luz. Ser jefe es un proceso, un aprendizaje, y a mí me queda muuuucho camino por delante. El camino da muchas vueltas y tiene muchos obstáculos (ya los estoy viendo ¿no?). Y lo que hoy es arriba, mañana es abajo. Y lo que hoy es inclusivo, mañana es excluyente. Espero no olvidarlo. Por mi bien.

lunes, febrero 15, 2016

Nuria

Una ironía de la vida: mi prima Nuria llevaba largo tiempo pidiendo en el trabajo un traslado a Zaragoza para estar con su madre, enferma de cáncer. Ahora que mi tía acaba de fallecer, le conceden el mismo. Normalmente las ironías de la vida me arrancan una sonrisa, pero están llenas de cinismo, frustración y una ira latente. Las cosas que queremos, si llegan, a veces lo hacen demasiado tarde.

Aun así, me cuenta mi prima que se marcha a Zaragoza. Necesita empezar de cero. Lo entiendo perfectamente: un cambio te mantiene tan ocupado con la adaptación que dejas de pensar en otras cosas más dolorosas. Zaragoza, además tiene ciertas ventajas: antiguos amigos, familia, la patria perdida (en el sentido Heimat), así como las comodidades y ventajas de una ciudad de tamaño medio. En cierta forma, la envidio. Envidio los cambios que todo el mundo parece experimentar a mi alrededor. A ratos pareciera que todo el mundo evoluciona, excepto yo. Y no es verdad del todo, porque ahora mismo comienzo una nueva etapa, pero no es la que quisiera vivir en realidad.

Nuria nunca ha sido una persona con la que me haya relacionado muy intensamente. De pequeñas ayudaba tener una edad similar y coincidir en el pueblo aunque no fuera muy frecuentemente. De mayores no tuvimos apenas contacto hasta que llegó a Madrid. Pero realmente nuestra relación mejoró con el viaje que hicimos juntas a Israel. Nos llevamos bien, a pesar de los caracteres tan diferentes. Y sin embargo, a pesar de vivir en la misma ciudad, nos relacionamos lo justo. Creo que ambas sabemos que no nos necesitamos.

No obstante, ahora mismo siento un fuerte apego por ella, tanto que me duele que se marche. Tengo la sensación de que pasado el viaje que tenemos el próximo fin de semana, ambas dejaremos de vernos. Sé cómo funciono: ahora siento una gran tristeza, pero me desapegaré en cuanto deje de verla. A veces me sorprende cómo soy capaz de mantener tantas amistades en la distancia, cuando me relaciono tan poco. Debe ser que ciertos vínculos de amistad son diamantinos y perduran a pesar del tiempo y la distancia. Creo que no será así en el caso de Nuria.

Sin duda, Nuria no tiene nada que la retenga en Madrid, mucho menos yo. Tras el fallecimiento de mi tía me sentí muy mal por mi prima. Debe ser muy triste estar tan sola en el mundo. Aunque parezca llevarlo bien por fuera, en el fondo la procesión va por dentro. Es esa manía que tenemos de aparentar fortaleza cuando en el fondo queremos llorar. En eso, me siento identificada con ella, a pesar de la diferencia de circunstancias. Pero admiro su capacidad para lidiar con la soledad y la tristeza. Debería preguntarle cuál es su receta mágica.

Ahora mismo me siento tremendamente sola y la temperatura de la habitación parece haber caído diez grados de golpe. Necesitaría un abrazo, pero no hay nadie.

domingo, febrero 14, 2016

Spotlight

Por una vez, el plan de las Arpías fue diferente. En vez de la sempiterna cena, un cine. Y eso que el día lluvioso únicamente incitaba a la pereza y a quedarse en casa. Cuando Ali propuso el cine, me dio miedo la película que escogeríamos para ver. Algunas de ellas son demasiado culturetas para mí, y sinceramente, las películas sesudas me apetecen con cuentagotas. Pero cuando propusieron "Spotlight" respiré aliviada. Por supuesto, la experiencia social sí se ajustó a la norma: siempre nos pasa algo insólito y surrealista. Pero no lo contaré aquí.

"Spotlight" es el nombre de un grupo de investigación del periódico The Boston Globe. Cuando llega un nuevo editor jefe a la redacción les plantea empezar a investigar la denuncia de un abogado que acusaba al arzobispo de Boston de haber ocultado varios casos de pederastia. Una denuncia social al que apenas se le dedica unas líneas en una columna de opinión. La investigación empieza con sumo cuidado dada la influencia de la Iglesia católica en la ciudad, que prácticamente controla todos los recovecos del sistema. Los periodistas contactan con el abogado y algunas de las víctimas, y empiezan a tirar del hilo, que termina destapando un gran escándalo a nivel estatal.

La trama revela casos sistemáticos de pederastia, la mayoría en familias desestructuradas donde el peso de la Iglesia es enorme. Casos que quedan cubiertos al amparo de los múltiples intereses, desidia, y negligencia de todos los poderes fácticos, de toda la comunidad de Boston, así como del sentimiento de culpa y vergüenza de los afectados. La trama llega a verse afectada por los acontecimientos del 11-S del 2001 y los tiempos necesarios para publicar la historia dentro del marco de sensibilidad de una nación traumatizada por los mismos, que necesita aferrarse a su fé para seguir adelante.

La auténtica protagonista de la película es la propia historia, que está tratada con gran cuidado. La película plantea los hechos, sin llegar a ser desagradable o a supurar inquina, aunque señala claramente la culpa de la Iglesia y de la sociedad como responsables de los mismos. El reparto coral apoya la trama gracias a grandes actuaciones, muy medidas y equilibradas. Muy recomendable.

viernes, febrero 12, 2016

Machine Head

Primer concierto del año con Machine Head. El último disco, titulado "Bloodstone & Diamonds", salió en 2014 y pensé que la gira del 2016 estaba asociada al mismo. Pero en realidad el planteamiento de la banda era "An evening with Machine Head", es decir, un encuentro con sus fans, sin teloneros, dos horas de pura música de la banda. He leído también que este año no van a festivales porque no quieren estar con gente que no tienen ni idea de quienes son. Me suena un poco sentimental, pero me parece lícito. Y la verdad que el formato funcionó muy bien. Fue un gran concierto.


Es una pena que no pudiera disfrutarlo al completo porque no llegué muy entonada al mismo. No fue hasta que sonó "Darkness Within" que pude empezar a disfrutarlo. Me encanta esta canción, me pone los pelos de punta. Es una canción muy personal que habla de la redención a través de la música. Me siento muy identificada con ella, a pesar de que mi historia no tiene nada que ver con la de Rob Flynn, y que ambos vivimos la música de maneras diferentes. Él es música y yo simplemente la consumo y me evado con ella.

"So pray to music build a shrine
Worship in these desperate times
Fill your heart with every note
Cherish it and cast afloat
'Cause god is in these clef and tone
Salvation is found alone
Haunted by its melody
Music it will set you free
Let it set you free"

El repertorio estuvo muy bien elegido, aunque eché en falta canciones del "Supercharger". Y me habría encantado que tocasen "None but my own", pero nada. Por otro lado, antes del concierto había mirado algún setlist de conciertos pasados, concretamente el de Santiago. Y no sé, creo que la lista allí fue más larga, o me he liado malamente con las canciones. Me había hecho la ilusión de que sonara "The Blood, the Sweat, the Tears". Cuando llegó "Halo", que cerró el concierto, se me hizo corto, aunque llevábamos las dos horas de concierto. Cerrar con confeti también me sorprendió. Lo he visto en otros conciertos, pero de ellos no me lo esperaba. Fue curioso.

También me interesó la relación del público con la banda. El público estuvo muy entregado, más cuanto más próximo al escenario. Esto es así siempre: estar cerca de la banda y contagiado por el entusiasmo general hace que la comunión sea más fuerte. Pero hay que tener muchas ganas de estar en primera fila en un concierto de Machine Head, ya que promueven los pogos y los mosh pits. Si  ya es difícil ver un concierto apretujado (más siendo bajita), ser zarandeado de un lado a otro es horrible. Al menos para mí. Por eso siempre busco lugares altos, alejados del meollo, donde pueda disfrutar tranquilamente del concierto.

En esta ocasión, desde mi posición tenía una visión excepcional de toda la sala, y de las primeras filas. Es divertido ver cómo se forman los mosh pits. La teoría es sencilla: todos corriendo en sentido antihorario al tiempo. Sin embargo, cuesta mucho que la gente se organice y el círculo se consolide. No sé si es falta de experiencia o que es complicado crear el hueco para el círculo, un hueco suficientemente amplio para que el  mosh pit sea notable. Pero a veces surge y en esos momentos tiene algo de trascendental: cómo del caos surge el orden, y cómo el orden vuelve a diluirse en el caos. También me intriga cómo surge el propio círculo. A veces es el propio cantante quien lo pide: "circle pit", pero otras aparece espontáneamente. ¿Cómo se organizan ahí? Es fascinante.

Siempre es un placer ver a Machine Head. Siempre hacen buenos conciertos. Algún monólogo de Rob podría ser más corto, pero también es una forma de enganchar con el público, cosa que también criticamos a los que no interaccionan en absoluto, o no saben cómo hacerlo.

Y poco más que contar.  Muchísimas medidas de seguridad a la entrada. Yo llevaba por casualidad unos snacks de frutas confitadas en el bolso. El guardia me dijo que estaba prohibido pasar comida, pero le debí dar pena y me los dejó. Una suerte porque baratos no eran.
Dentro hacía bastante frío. Donde yo estaba no había mucha gente y se notaba más fresco. Además, la moqueta estaba mojada.
En La Riviera sigue estando la dichosa palmerita de marras. ¿Cuándo la quitarán?

lunes, febrero 08, 2016

Mindfulness y yoga

Por mis últimos posts, pareciera estuviese obsesionada con el tema del mindfulness, pero así son las cosas cuando uno se enfoca en un nuevo área. A pesar de la supuesta novedad, he descubierto que yo ya practicaba mindfulness desde hace tiempo, y lo hacía gracias a la clase de yoga. Pero no sabía que era lo mismo.

Hoy he llegado a clase un poco por casualidad.  En vez de yoga había pensado hacer algo de cardio, porque siento que he engordado, y me siento pesada y lenta. Pero cuando he entrado al gimnasio he cambiado de opinión súbitamente, porque el cuerpo me pedía yoga. Quizás era solamente pereza. Para mi sorpresa, la clase de hoy ha sido un tanto diferente a la rutina normal. No ha sido para nada una clase física, sino mucho más intimista (y ya es decir con este profesor). De hecho hoy la respiración inicial se ha prolongado enormemente, hemos realizado asanas tremendamente sencillas, pero muy conectadas con la respiración, y hemos estado trabajando el sexto chakra (lo cual está muy bien porque no es el que más desarrollado tengo).

Durante toda la clase las consignas han sido muy similares a las de la clase de mindfulness: atención, presencia, consciencia, sentir. Son palabras que nuestro profesor repite constantemente en todas las clases, pero que quizás no terminaba de entender. Ahora, con mis nuevas experiencias, esas palabras cobran un sentido nuevo, como cuando iluminamos con una luz una parte oscura de la mente (¿o es hacer consciente el subsconsciente?).

Hemos meditado de una forma parecida al mindfulness: centrados en la respiración. Y por un instante me he percibido a mí misma tal y como soy, como energía pura, sin etiquetas, sin obligaciones, sin preocupaciones, sin ruido. Simplemente yo. Y por otro instante me he sentido conectada a través de la respiración, primeramente a mis compañeros de clase, luego a todos los seres del mundo, después a la propia Tierra y sus ritmos, y por último al Universo. Todos éramos uno y respirábamos al unísono. 

Ha sido muy especial. Y salgo completamente relajada.

jueves, febrero 04, 2016

Soy. Aquí y ahora.

En primer lugar quiero pedir perdón porque creo que no voy a ser capaz de exponer con fidelidad las ideas que quiero transmitir. Son ideas de esas que se llegan a comprender a un nivel más interno pero que a la hora de comunicarlas, las palabras resultan insuficientes. Me declaro torpe en este aspecto.

Hoy, una vez más, hablo de Mindfulness. Hablo de las primeras ideas surgidas en mi primera clase, que son muy interesantes y que aportan un nuevo punto de vista, llegando a modificar la forma en que miraba la realidad de las cosas. Algunas de ellas ya las he tocado anteriormente en clase de yoga, en alguno de los libros que esto leyendo últimamente,  en algunas de mis soliloquios, incluso en las sesiones con Lola aunque desde una praxis completamente diferente. Ahora todas esas ideas parecen converger en cierta manera, y eso me encanta, porque parece como si fuera un puzzle en el que estuviera encajando las piezas. Cada pieza puede ser muy diferente y puede estar muy alejada de las otras, pero al final todas conforman la imagen completa que representa el puzzle.

La clase comenzó con la diferencia de los dos modos operativos que tenemos: el Hacer y el Ser. Habitualmente funcionamos en el modo hacer. Tenemos inculcada la idea de que tenemos que estar haciendo siempre algo. Nuestro cerebro está siempre activado, pensando, elucubrando, planificando, recordando... Creemos que somos lo que hacemos y asociamos nuestra valía a los resultados de nuestra acción. Nos atamos a una idea de cómo deben ser las cosas, y nos frustramos cuando los resultados no son los esperados, cuando las cosas no salen como queremos.

Esto es totalmente social. Desde que nacemos nos imponen una serie de metas a cumplir, con la promesa de la felicidad y la plenitud asociada a ellas: tienes que sacar sobresaliente en el cole, tienes que estudiar una carrera determinada, tienes que casarte, tienes que formar una familia... A veces las consigues, pero no obtienes la satisfacción que esperas. Otras no las consigues y te frustras, y te sientes un fracasado por no cumplir con los cánones. Otras esas metas ni siquiera tienen que ver contigo. Y nos pasamos la vida proponiendo metas y tratando de alcanzarlas. Una y otra vez, sin ton ni son.

Queremos controlarlo todo, queremos que la realidad se pliegue a nuestra conveniencia, pero la vida no es lo que hacemos, es lo que nos sucede. Y ante lo que nos sucede tenemos diferentes reacciones. Una es la resignación: las cosas son como son. Otra es la confrontación: rechazamos lo que nos acontece, nos quejamos, maldecimos nuestra suerte. Y por último está la aceptación, que es la menos frecuente. Aceptar significa que integramos lo que nos sucede en nuestra realidad como algo temporal mientras buscamos estrategias y posibilidades para cambiarlo, pero siendo conscientes de que quizá el resultado no sea el que buscamos.

Es bueno ponerse metas y tratar de alcanzarlas, pero jamás debemos atarnos al resultado. La búsqueda de la meta también tiene dos posiciones: la de la curiosidad y la de la carencia. En la primera, nos movemos hacia la meta por curiosidad, por el afán de aprender, de superarnos. En la segunda, nos movemos hacia la meta en la creencia de que conseguir la meta va a cubrir un vacío que tenemos, y que al cubrirlo, vamos a ser felices. Este posicionamiento es incorrecto porque la premisa es falsa: somos seres completos de por sí, no necesitamos nada que nos complete. Pero si asociamos nuestra felicidad a algo y no lo conseguimos, vamos a pasar a un estado de frustración creado que es muy dañino para nuestra valía. Porque nuestra valía no está asociada a objetos, logros o personas.  Somos valiosos porque somos seres humanos.

Luego está el modo Ser. Es lo que somos por debajo de ese ruido que es el Hacer. Nuestra esencia. Pero raramente conectamos con ella porque estamos demasiado ocupados haciendo. Porque nuestra atención está puesta en otros focos.Aquí aparece el concepto de atención como una linterna que enfoca un pedazo de realidad. Rafa dice que sólo existe aquello a lo que prestamos atención. Por ejemplo, ahora estoy centrada en la pantalla y esa es mi realidad. El resto de personas y objetos a mi alrededor (mi móvil, mi agenda, mi compañera Macu, incluso los emails que llegan de mis socios...) simplemente no existen hasta que mi atención se desplace hacia a ellos. De hecho mi única realidad es la que existe aquí y ahora. Soy aquí y ahora. Nada más. 

Pero nuestra atención aparece dividida continuamente atendiendo a una serie de distracciones, generalmente pensamientos intrusivos, que tratan de capturar nuestra atención. De esta manera nos perdemos la realidad y las experiencias que ella nos aporta. Vamos al cine, pero no disfrutamos la película porque estamos dando vueltas a cien cosas en nuestra mente: la lista de la compra, echar la lotería, llevar al gato al veterinario, sacar los platos del lavavajillas, pedir cita en el dentista, etc.

Mindfulness no trata de eliminar los pensamientos intrusivos. Se trata de reconocerlos para elegir dónde ponemos nuestra atención, para que ellos no nos desvíen del foco en el que queremos centrarnos realmente. Trata de que seamos conscientes más que reactivos. Y en esa conciencia, en esa elección del foco de atención, es donde reside nuestra libertad.

sábado, enero 30, 2016

La quinta ola

Sola y sin planes un sábado por la tarde. Un buen momento para una película. Pero necesitaba algo liviano, y la cartelera me ofrecía "La quinta ola". No sabía mucho sobre la misma, solamente que estaba basada en un libro y que era sobre alienígenas (con un título muy parecido a una antigua serie, llamada "First Wave", donde unos alienígenas invasores estaban relacionados con las profecías de Nostradamus). Perfecta.





Ahora acabo de descubrir que en realidad se trata de una trilogía (lo cual explica el final), lo que significa que me tendrán enganchada dos películas más para llegar al desenlace. Porque la película me ha gustado. No es difícil si vas al cine con las expectativas muy bajas.

La película es muy por y para adolescentes. De hecho, ellos son los protagonistas de una trama, encabezada por Cassie Sullivan, una chica norteamericana normal que tiene que aprender a sobrevivir en un mundo amenazado por una especie alienígena, Los Otros, que llega a la Tierra para ocuparla.

Para ello necesitan exterminar a toda la raza humana, y lo hacen a través de varias olas:
  1. Un pulso electromagnético que deja sin energía a los seres humanos.
  2. El oleaje que anega ciudades enteras
  3. La gripe aviar.
  4. La infiltración, ocupando los cuerpos de seres humanos para pasar desapercibidos.
  5. Reclutar a los niños humanos para acabar con el resto del género humano.

En todas ellas, Cassie ve como su mundo va desapareciendo progresivamente. Pierde su adolescencia, su casa, sus padres, y su hermano Sam es reclutado por el ejército. A partir de que Cassie y Sam se separan, la historia se divide en dos: la de Cassie por un lado (con trama de amor interespecie de por medio), la de los niños soldado por otro. Pero ambas vuelven a converger para reunir a los hermanos y desenmascarar a Los Otros.

No me parece que la película aporte mucho al género fantástico, pero me ha parecido entretenida. En una segunda lectura, se podría pensar en que Los Otros en realidad representan a los adultos frente a los niños, pero no creo que la historia fuera tan ambiciosa. Me gustaría saber cómo termina. Quizá me compre los libros (no tengo remedio).

viernes, enero 22, 2016

El propósito.

Este post es el resultado de la discusión del desayuno de ayer con Sharing-Dreams previa a la review del proyecto. Serían los nervios, serían las ganas de aplacarlos. El caso es que empezamos a hablar sobre temas metafísicos que nada tenían que ver sobre lo que acontecería unas horas después, pero que nos tuvieron ocupados un rato. El punto de partida de nuestra discusión era la búsqueda del propósito de cada uno en la vida. 

Parece que estuviéramos obligados a darle un sentido a nuestra vida, a buscar aquello que justifica de alguna manera el por qué estamos en este mundo, el por qué existimos, y para qué. Hay personas que parecen tener claro ese propósito. Otras no tanto. Y eso suele provocar un desasosiego interno que es cuanto menos incómodo. Pero en realidad, ¿necesitamos tanto realmente conocer ese propósito?

Una de las cosas que extraje de la charla de mindfulness del lunes pasado es que el cerebro odia la incertidumbre y busca la manera de eliminarla. La pulsión por encontrar ese propósito podría estar motivado por ello y, en realidad, la búsqueda sería una forma de aplacar a nuestra mente. Pero cuando buscas y no encuentras, se produce el desasosiego, que nos hace sufrir.

Por un lado pienso que quizás a nivel consciente no sepamos, pero que ese propósito esté grabado en nuestro subsconsciente (o en alguno de nuestros cuerpos metafísicos) y que ese nos guíe en la vida de una manera sutil, siempre y cuando le permitamos aflorar y cumplir con su misión. También pienso que, si ese propósito nos lo da Dios, realmente no necesitamos saber nada. Podemos pensar que Él sabe mejor que nadie qué debemos hacer en esta vida, y a nosotros nos basta con confiar, por duro que suene. 

Si por el contrario, creemos conocer el propósito, pareciera que estuviéramos obligados a cumplir con él, lo cual indicaría que nuestra "amada" libertad tampoco es mucha. A menos que quisiéramos rebelarnos contra él, aunque tampoco sé qué razón justificaría un acto así. ¿El ego quizás? Por no decir que el hecho de ver fallida la consecución de un propósito debe ser terriblemente frustrante. ¿Quién dijo que el propósito tenía que ser alcanzable? Asi que no sé que es peor, la ignoracia o la impotencia.

Por otro lado, también pienso que existimos de instante en instante. No existimos en el pasado, no existimos en el futuro. Sólo somos presente. Si eso es así, quizás el propósito simplemente no exista, dado que en el presente el propósito sólo es una utopía. O puede que el propósito sea una colección de trocitos infinitesimales de propósito para cada instante que se integren a lo largo de una vida.

En realidad, por claro que lo tengamos, jamás vamos a llegar a comprender el sentido de nuestra vida. No me parece tan malo.

martes, enero 19, 2016

Mindfulness o cómo aprender a ser un perro


Siguiendo mi periplo terapéutico, ayer asistía a un taller de Mindfulness. Fue una charla muy interesante, amena y didáctica, enfocada al curso de 8 semanas posterior para aquellos que quieren aprender la técnica. Yo, por ejemplo.

A diferencia de otros estilos de meditación, Mindfulness tiene como objetivo habitar el presente. Consiste en centrar la atención en aquello que estamos experimentando en el presente. El ponente explicaba con el ejemplo de una mandarina que no es lo mismo percibir todos los aspectos de la mandarina mientras la comes (aspecto, color, textura, olor...), que comerla mientras hablamos con un amigo. En el segundo caso se puede decir que esa experiencia simplemente no ha existido. 

La imagen de arriba viene a explicar esta situación también. Vamos de paseo con el perro y en vez de disfrutar el paseo estamos atendiendo a múltiples pensamientos que surgen en nuestra mente: la lista de la compra, la banda sonora de una película, el trabajo que has dejado por hacer, la reunión que tienes mañana, el traje que tienes que dejar en la tintorería, el pago del garaje...El perro en cambio está centrado en el paseo.

Esto aplicado a otras múltiples situaciones viene a decir que nos estamos perdiendo nuestra realidad por atender a pensamientos intrusivos espontáneos sobre el pasado y el futuro. Es decir, nos pasamos la vida recreando el pasado o anticipando el futuro, y muchas veces sufrimos por apego o por rechazo. 

Curiosamente tenemos estos pensamientos porque somos intolerantes a la incertidumbre, y estos pensamientos intrusivos vienen a aliviar ese malestar. Mindfulness parece tratar de anclar nuestra consciencia al momento presente, a lo que realme nte somos y hacernos experimentar la vida tal y como acontece, en todas sus expresiones. 

Luego tiene un montón de beneficios, como el relax, la aceptación, o aumentar nuestro sistema inmunológico. Hay varios experimentos que parecen acreditarlo. Yo estoy deseando empezar a comprobarlo, aunque va a ser intenso.

domingo, enero 17, 2016

EFT

La primera vez que oí hablar a alguien de EFT (Emotional Freedom Technique) fue a Ainoa. Hacía muchos años que no nos veíamos y la puesta al día fue larga y exhaustiva. Ainoa había emprendido hace tiempo atrás un camino espiritual muy profundo que la había llevado a experimentar con diferentes técnicas y terapias de corte psicológico, alternativo y místico. De todas ellas yo me quedé fundamentalmente con dos: registros akáshikos y EFT. Decidí que haría ambos cursos. Tras varios intentos infructuosos con EFT1, por fin este fin de semana, he podido hacerlo.

Han sido dos medio días intensos, en un lugar mágico como la Gatoteca, lleno de gatos geniales (Mao, Antoine, Maia...), con una profesora como Raquel Rus, que me transmite muy buenas vibraciones, con un grupo de personas bastante bien compenetrado, a pesar de ser extraños, y con la presencia de una de las personas que mejor me conoce en este mundo: Crisis.

EFT es una técnica basada en la acupuntura que utiliza el tapping de dedos sobre ciertos puntos corporales para lograr una liberación emocional. La técnica en sí es bastante sencilla y cualquiera puede acceder a ella. Se trata de 14 puntos básicos sobre los que aplicar el tapping, mientras se piensa en eliminar la emoción que nos causa malestar. EFT se aplica tanto a malestar emocional, como a dolor físico, como a adicciones porque todo se basa en que el origen de todo malestar es de carácter emocional, el cual suele responder a una causa originada en la infancia.



Aunque la técnica es sencilla, la práctica no lo es tanto. No lo es porque EFT intenta desmontar todas las capas de emoción o aspectos que enmascaran uno sobre otro la emoción raíz que genera toda la angustia. Es como ir limpiando una cebolla, aligerando el bulbo capa a capa. Lo normal es ir tratando los diferentes aspectos hasta llegar a la raíz. Y ahí precisamente está la dificultad. Llegar a la raíz cuesta. Enfrentarte a ella es más duro aún. Eliminarla por completo aún me parece imposible (y aquí seguramente estoy expresando lo que Raquel llama un reverso psicológico).

Cada uno tenemos un plan de paz personal a trabajar. El mío tiene muchos aspectos como desconexión del mundo, miedo al fracaso, desamparo, miedo a volar, comerme las uñas, frustración, desesperanza,…Pero tengo la sensación de que todos tienen una raíz común que es la desvalorización. Enfrentando la raíz, puedo eliminarlos todos de un plumazo. Pero enfrentar la raíz requiere una honestidad brutal conmigo misma, un ejercicio emocional desgarrador y luchar contra todos los reversos que van a luchar contra el cambio. Puede ser terriblemente agotador.

Ayer sábado fui la primera en hacer la práctica. Creo que tuve suerte porque no ahondamos demasiado. Las prácticas de hoy han sido mucho más profundas. Y lo malo es que terminas viendo en los demás aspectos que tú tienes en ti mismo, así que terminas conectando con ellos y contigo, y acabas con un dolor de cabeza monumental que sólo se ha podido solucionar con una siesta de tres horas. Eso sí, me he levantado con una inusual sensación de ligereza emocional en el chakra 4 y con distancia frente algunas cosas a las que suelo dar importancia. Un auténtico alivio. Es decir, EFT funciona.

Pero la práctica personal aún queda pendiente. Tengo una resistencia terrible en mi interior. Espero ser lo suficientemente valiente para poder pasar por ello y salir victoriosa. Casi me da miedo decir que iré paso a paso, porque parece una actitud tibia en la batalla. Debería decir que me voy a arrancar la raíz de cuajo, pero ya sabemos que hay raíces que están profundamente arraigadas en la tierra y que pueden romperse en el acto de tirar de ellas. Veremos en qué resulta.

Y mañana: taller de mindfulness.