viernes, mayo 17, 2013

La Senda

Cuando era pequeña, tenía claro qué quería en la vida. Mis padres trazaban mi camino y yo lo recorría sin objección. No era problema porque sentía que estaba bien. Conforme fui creciendo, fui poniendo en tela de juicio que esa senda fuera realmente la mía y, sin embargo, fui incapaz de encontrar otro que me valiera. He visto miles de bifurcaciones y he elegido algunas, pero en ninguna he encontrado el sentido de mi existencia, así que siempre he sentido una insatisfacción más o menos llevadera. 
Parte de ese camino lo he recorrido con las vendas que me he querido poner para no ver lo que había ante mí; quién sabe qué he descartado por negarme a ver la realidad.Y de repente llegas a un punto en el que te quitas la venda y te preguntas dónde estás, cómo has llegado a ese punto y cómo vas a ser capaz de deshacer el camino andado con el poco tiempo del que dispones (porque el tiempo vuela y va en tu contra). Esto me recuerda al proceso annealing que me contaban en electrónica, donde tu cambio de posición depende de la energía disponible en el sistema, el cual se va enfriando con el paso del tiempo; llega un momento donde te quedas sin energía para dar el salto y la posición encontrada no es la más óptima, a pesar de que la has ido buscando. Y lo peor es que no vas a encontrar una fuente que te permita completar los saltos, dado que ni siquiera sabes dónde está la posición óptima a la que dirigirte. 
Finalmente, están las consecuencias de la senda. Cuando eliges una bifurcación, las consecuencias no se manifiestan inmediatamente, sino que las vas encontrando conforme lo recorres. Durante ese recorrido, tu forma de pensar y entender la vida ha cambiado completamente, pero tienes que afrontar las consecuencias de otro tú que ya no existe: el muy cabrón se ha largado y te ha dejado ahí con el marrón. 
Pero ahora que acabo de escribir esto, me doy cuenta de que en el fondo todo es una cuestión mental de cómo juzgamos las cosas, buenas o malas. En sí, una consecuencia no es ni lo uno, ni lo otro, sino que depende de cómo lo vivamos. Así que quizá mis consecuencias tal como las percibo y siento no sean tan malas como me parecen. Quizá deba intentar buscar los aspectos positivos de las mismas, pero sinceramente, es bastante difícil.
Y mientras, sigo recorriendo la senda.

1 comentario:

Sharing-dreams dijo...

"Caminante, son tus huellas el camino,
y nada más.
Caminante: no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar, se hace camino,
y al volver la vista atrás,
se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino...
¡sino estelas en la mar!"

"¿Para qué llamar caminos
a los surcos del azar?...
Todo el que camina anda,
como Jesús, sobre el mar"

Medita bien estos versos, como llevo yo haciendo toda la última semana (¿sincronicidad? ¿serendipia?). Siento que la sabiduría de los poetas le habla a nuestro corazón con mucha más fuerza y hondura , llevándonos a las verdades secretas de manera más eficaz y directa si dejamos que lleguen a nuestro Centro. Al poeta, sus caminos le llevaron a la mar (de Collioure) y quizá, como canta Serrat, "al alejarse le vieron llorar" al ver la senda que nunca había de volver a pisar... Quizá entonces volvió a recitar: "Sobre la tierra amarga, caminos tiene el sueño..."

Lo importante, intuyo, no es elegir los caminos (bifurcantes) ni emitir juicios sobre los caminos que quedaron atrás... Como el poeta, ya es bastante si podemos decir "Yo voy soñando caminos" (http://www.poesi.as/amach011.htm). Sí, porque "Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar." ¡Ah! Y no se deshacen caminos... creo que a estas alturas ya lo habrás comprendido. Yo, mientras, me quedo meditando acerca de eso de cómo nos cambian los caminos, y de las energía para dar saltos... :-)

P.D.: Más océanos de sabiduría (para saborear y asimilar despacio aquí: http://atlasdepoesia.blogcindario.com/2007/11/00222-proverbios-y-cantares-de-antonio-machado.html