miércoles, agosto 10, 2016

Choque de culturas


Cuando vi la foto por primera vez, me pareció fascinante: dos mujeres de diferentes culturas luchando por el mismo objetivo, el sueño olímpico. Me pareció una foto bonita, que hablaba de la multi-culturalidad de los Juegos Olímpicos, y la oportunidad para el encuentro que estos suponen. Pero instantáneamente supe que la foto se convertiría en polémica.

En vez de centrarse en el juego o en lo histórico de que el volley femenino estuviese representado por primera vez en los Juegos, las redes se llenaron de descalificativos hacia la jugadora egipcia por ir cubierta de arriba abajo, tapada con el velo. "Es  islam es machista y ella no elige libremente". Puede ser. Pero a mí me parece bonito que esta mujer haya sido capaz de encontrar una vía para hacer deporte, reconciliando aspectos de su día a día. Porque siendo sinceros, ella es quien tiene que afrontar las consecuencias de su cultura en su país.

Pero los críticos no se pararon a mirar a la jugadora alemana que prácticamente desnuda se alzaba al otro lado de la red. ¿Por qué pensamos que la estética de la alemana es mejor? Yo veo a la jugadora alemana y pienso en cómo hace para no rozarse los muslos y evitar unas heridas que se agravarían con el salitre y la arena. También me pregunto cómo aguantan el sudor, que una camiseta recogería.  ¿Libertad de movimientos? Los chicos de volley playa no juegan en slip y con el torso al aire. En realidad, la estética alemana también se corresponde con otro machismo: un machismo sexual que cosifica a la mujer y la reduce a un trozo de carne. Sólo que a éste estamos más acostumbrados y nos parece no sólo normal, sino lógico, porque lo tenemos interiorizado. Así que el objetivo del bikini para el volley sólo es mostrar la cacha de la mujer. Punto.

El caso es criticar a la mujer, continuamente. En Egipto, la alemana sería considerada una puta sin más, sin tener en cuenta su valor como deportista o como persona. En España hasta hace poco el juicio sería parecido. Unas son unas mojigatas, y el resto unas putas. Y ni lo uno, ni lo otro. El caso es que siempre estamos sometidas a unas valoraciones muy injustas (no hay más que ver cómo la prensa deportiva, ampliamente masculina, se refiere a las atletas), un bombardeo continuo, y de todas ellas salimos perdiendo, de una manera u otra. Todo para que no podamos ser libres e "iguales" a los hombres. Muy fuerte.

domingo, julio 31, 2016

Baño en Angostura

El arroyo de la Angostura (a veces también lo llamo Guarramillas por confusión) se ha convertido en uno de mis lugares favoritos para el verano. Tiene una pega fundamental: llegar allí puede convertirse en algo tedioso: demasiado tráfico por la A-1, demasiados ciclistas en carretera, y por último están los domingueros de volante, que parecen no saber conducir por las carreteras de montaña. La próxima vez lo intentaré por Navacerrada, a ver si hay más fortuna.

Lo bueno de la Angostura es poder bañarse en él. Es una de las cosas que más me gusta hacer en verano: un buen chapuzón en el río. Hoy me he obligado a caminar un poco antes, en parte porque el aire corría fresco y no incitaba al baño directo. Así que tras una hora de caminata (que poco habré recorrido), he vuelto sobre mis pasos y he buscado una poza con suficiente hondura como para poder sumergirme completamente. Esta vez con bikini. Y menos mal, porque el camino estaba muy transitado.

Me gusta más pasear junto al arroyo que por el camino principal, pero es un camino complicado y en el que se avanza poco. Quizás si hoy hubiese tenido mejor día habría podido llegar a la poza de Sócrates. Pero cuando he visto cómo ascendía el camino, bajo el sol de mediodía, he descartado esa posibilidad. Estaba un poco baja de energía, y necesitaba comer algo. Menos mal que llevaba chocolate en la mochila.

Junto al río el tiempo parece pasar de otra manera. Es como estar metido en una burbuja. Allí no importa nada, todo es tranquilidad y sosiego. Allí todo parece en orden. Podría llamarlo "felicidad".
Podría pasar horas, no ya bañándome, que el agua bajaba hoy más fría, sino viendo correr el agua. Además de las habituales mariposas y libélulas, hoy he visto truchas ¡y renacuajos!. También he visto cómo una lagartija bajaba al río a beber agua, algo que no había visto nunca. Me he preguntado si habría lagartijas torpes que pudieran caer al agua intentando beber, pero seguro que salen nadando, como las iguanas. 

Y así han pasado las horas, entre chapuzones de agua y observaciones del paisaje. No ha sido una mala mañana.

sábado, julio 30, 2016

18 meses

18 meses. Ése es el tiempo que él dice que ha pasado desde la última vez que nos vimos. Será verdad. Yo no cuento el tiempo. Para mí la cuenta se reduce a una apreciación subjetiva de "bastante tiempo". A efectos prácticos, creo que da lo mismo una valoración cuantitativa que cualitativa.

El paso del tiempo se nota poco. Quiero decir que las cosas han cambiado poco desde la última vez. Mucho small talk y temas tabú que no se tocan. También hay secretos que no se mencionan, pero que no vienen a cuento. 

Lo que sí se nota es la falla. Es una especie de grieta que se va agrandando lentamente separándonos un poco más cada vez. Si él la nota, no lo ha dicho. Para mí sí es perceptible. Supongo que es normal cuando dejas de ver a la gente. Al final todo se enfría y muere. Por momentos me causa perplejidad que dos personas que fueron tan íntimas hayan llegado a este nivel de separación. Queda algo de cariño, quizás alimentado por los recuerdos buenos, tamizados por el filtro de la memoria, pero la complicidad ha desaparecido por completo.

Supongo que es mejor así. La cicatriz me escuece un poco, pero en unos días se me habrá pasado.

viernes, julio 22, 2016

Paco

Hace unos minutos que he sabido que mi tío Paco, el hermano mayor de mi madre, ha fallecido. Desde entonces no puedo dejar de llorar. Algo sorprendente cuando no me sentía especialmente unida a él. Había cosas que no me gustaban de su forma de ser, especialmente esa forma de ser tan conservadora y tan machista, fruto sin duda de la época que le tocó vivir: el mayor de cuatro hermanos, criado en la guerra y la postguerra por sus abuelos y tías, yendo a trabajar al campo desde muy joven, cumpliendo con las normas de la sociedad, y peor aún, de un pueblo pequeño donde todo el mundo se conoce y todo el mundo comenta. Pero ahora mismo sólo me vienen a la cabeza cosas bonitas sobre él, cosas que tampoco he valorado mucho.

Mi tío adoraba cantar. Jota aragonesa, por supuesto. Y también le gustaba que la gente le escuchase cantar, porque él creía que cantaba bien. Cuando era más joven cantaba mejor, claro. Además él discurría (como decía él) sus propias jotas. En realidad mi tío tenía gusto por la música. También tocaba la bandurria y la armónica, que aprendería de oído cuando fuera joven, porque entonces no había muchos maestros.

Durante una temporada le dio por escribir. Escribió la historia de un personaje llamado Cirilico, que estaba basada en su propia vida. Lo poco que leí eran las anécdotas que él recordaba del pueblo de cuando era joven, y también las de su padre y las de su abuelo. Son historias muy rurales, como él, como era su mundo. Juraría que llegó a completar la historia, escrita a mano, aunque no sé qué habrá sido del legajo. Estará perdido junto con sus jotas. Me resulta un poco trágico haber dedicado tiempo a algo que no va a perdurar. Lo hacemos todos, pero ¿qué sentido tiene? Supongo que entretenernos mientras tratamos de vivir.

Como agricultor, era capaz de predecir el tiempo viendo las nubes del cielo. A mí eso me flipaba un poco. También se empeñaba en contarnos cómo se hacía un injerto, pero a mí no me interesaba mucho. Yo venía de la ciudad y me importaba poco la vida de campo. Un auténtico choque cultural. Quizás arrogancia por mi parte. Pero ahora lo recuerdo subido al tractor, yendo a Ludón o Alquicón a cuidar de sus arbequines, sus almendros y sus cerezos. Hacía tiempo que ya no los visitaba, por temas de salud. Se habrán echado a perder. Eso le dolía. Al menos por un tiempo le dolió.

Recuerdo una vez que fuimos a Alquicón con él, y nos puso a recoger las almendras del suelo. Casi lo mato por darnos esa tarea tan ingrata. Ni una almendra nos dio. Ni las gracias. Pero se quedó la anécdota.

Mi tío tenía también cierto ingenio aplicado a resolver sus problemas cotidianos. Él mismo se creó una red para coger las olivas vareadas, y modificó su remolque (no recuerdo para qué), y hasta ideó un sistema para ponerse los calcetines, ya que no podía agacharse para ponérselos.

Mi tío también era muy devoto. Algo exagerado. No sé si realmente creía o era por tradición. Conocía bien la Biblia. Lo que sí sé es que también tenía gusto por lo sobrenatural, por algún comentario que recuerdo de mi prima Marisa, aunque no es una cosa que expresase muy abiertamente. Quizás pensaba que era pecado o que era tentar al diablo. Lo que sí fue capaz en sus últimos minutos de vida fue darse cuenta de que iba a morir, y se encomendó a Dios antes de fallecer. Hay que agradecer que falleciese tan rápidamente. Como enfermo crónico habría sido un dolor de cabeza. Aun así sorprende lo rápido del desenlace. Ingresado por un fémur roto en el hospital, fallecido en tres escasos días. Ahora sé que la caída, y las caídas anteriores eran una señal que nadie supo ver. Pero "lo ha hecho bien" con el timing. Mañana es fin de semana y no hay que hacer cambalaches para poder ir al entierro.

Le recuerdo últimamente paseando por el patio de su casa, con sus muletas, acompañado de uno de los gatos, mientras las mujeres nos quedábamos charlando en la cocina. Tiempo atrás, sobre todo en verano, tenía la puerta de la casa siempre llena de gente que iba a visitarlo. La típica actividad del pueblo de tomar la fresca y hablar de sus cosas. Nos decía: "sácate una silla". Entrábamos, cogíamos una silla, y nos quedábamos allí escuchando lo que los adultos, especialmente los del pueblo tenían que contar. Y siempre quería que comiésemos algo de merendar, aunque ya lo hubiésemos hecho, o aunque fuéramos a cenar enseguida.

Le recuerdo también llorando en el entierro de su padre y su madre. Era muy sensiblero, como todos los hombres de la familia.

Supongo que esta tarde cuando vaya al pueblo me vendrán muchos más recuerdos, recuerdos que seguramente guardo muy en lo profundo de mi memoria. Recuerdos que me harán llorar. Lo que más me apena es saber quién le recordará. Su mujer, seguro (qué pena me da ahora que se queda sola), quizás sus hermanas.  Pero luego su recuerdo se borrará, como el de tantos otros que le precedieron. Sé que es algo natural, pero me parece tan triste.

lunes, julio 18, 2016

Cenotafio


Una de las calles de acceso al trabajo alberga un pequeño cenotafio en una de las farolas que alumbra la calzada.  Se trata de un pequeño homenaje compuesto de una foto, unas velas, y unos ramos de flores de plástico. El cenotafio siempre está cuidado: cuando las velas se consumen o los ramos amarillean por el sol, se renuevan por otros nuevos. Jamás se ve la mano que lo cuida, con esa devoción que me resulta entrañable. La foto representa un chico joven con una moto de cierta cilindrada, con una montaña a sus espaldas. Seguramente fue el chico que perdiera la vida contra esa farola.

Siempre que paso por la calle, el cenotafio capta mi atención. Resulta un contraste contra el cemento y el acero de la zona. Es algo cálido aunque trágico. Me hace pensar no tanto en el fallecido, sino en la persona que vela por el recuerdo. Hay mucho amor en esos cuidados, mucha nostalgia. En cierta forma, me pone triste, pero a la vez me parece hermoso saber que alguien sigue recordando. Me pregunto por cuánto tiempo y con qué intensidad. Quizás lo más fácil sería olvidar. Posiblemente también lo más sano. Probablemente irremediable. Pero ¿quién lo sabe con certeza?

Mientras tanto, el cenotafio se mantiene orgulloso, apuntalado por el amor de esa persona que lucha contra el paso del tiempo y contra el olvido. 

domingo, julio 17, 2016

El Sestil del Maillo

El cuerpo tiene formas muy curiosas de hablarnos. A mí a veces me envía imágenes para hacerme saber qué necesita. A veces son imágenes de chuletones de ternera, otras son imágenes de cosas con azúcar. Esta vez han sido árboles.

Mi cuerpo necesitaba recargar energía, y necesitaba una fuente pura. Y no le bastaba cualquier destino: quería sombra, verdor, árboles frondosos, aire fresco. Vamos, que El Pardo no era una alternativa. Quería montaña. Le comprendo: ¿cuánto tiempo hacía que no subía a la montaña? Diría que casi un año.

Pero todo tiene sus dificultades. Esta mañana no sólo me ha costado vencer la pereza de madrugar y arrebujarme entre las sábanas, también he tenido que superar todos los pensamientos en contra: no merece la pena, sería mejor que limpiases la casa, hace mucho que no visitas a tu abuela, etc. A punto he estado de claudicar, como pasa en otras ocasiones. Esta vez he tomado mi desayuno, he empaquetado, y he salido por la puerta de casa en dirección al norte.

Como hace tanto tiempo que no caminaba, necesitaba una senda asequible. He pensado en Mojanalvalle. La idea era llegar a la chorrera y hacer la senda ecológica. Algo cortito. 

He llegado a Canencia una hora después de salir de casa, sorteando una legión de ciclistas desde antes de llegar a Miraflores. Me molestan muchísimo cuando van en grupo porque se crecen demasiado amparados en el grupo. Ahora hasta se quedan de cháchara en medio de la carretera y no se apartan para dejar paso a los coches. Mucha moto también en sentido contrario.

La temperatura ha descendido diez grados respecto de la ciudad. Arriba en el puerto hacía fresco y hacía un sol radiante. Aun así, todo se ve bastante verde. Es muy bonito. He cogido agua fresca en la fuente y he empezado a caminar. El sol no había levantado demasiado, así que el camino tenía bastante sombra.

Lo bueno de ir sola es que no eres un lastre para nadie, y tampoco te ves obligada a seguir un ritmo que te resulta incómodo. Yo soy lenta y pesada, así que mi ritmo no es demasiado rápido. Ir lento me permite dosificarme, pero también me permite admirar mejor el paisaje. Decía el guía de la senda botánica de Sallent que normalmente los excursionistas no se paran a mirar a los lados, pero este no es mi caso. Me gusta ver los árboles, me gusta reconocerlos, me gusta identificarlos. También me gusta ver las mariposas. Y si veo un ciervo (que no es lo habitual), para qué hablar.

Así he llegado a la chorrera. Para ser verano, todavía tenía agua. En primavera ha tenido que estar espectacular. Allí me he detenido para meter los pies en el agua, una tradición y una bendición: cómo descansan los pies en agua fría. He hecho un ejercicio de respiración, y luego he continuado por la senda ecológica, paralela al arroyo del Sestil. En un punto, la senda se divide en tres: a la derecha, ascenso al camino de ida, de frente, a la carretera, y a la izquierda...sorpresa. No había ido por esa ruta, pero todo indicaba que bajaba al arroyo. Unos minutos antes había pensado que sería agradable bajar al arroyo. Eso he hecho.

He llegado al arroyo enseguida porque todo era cuesta abajo y la pendiente considerablemente pronunciada. Un buen camino, sin embargo. Como iba a Canencia, no tenía previsto darme un baño, y por tanto no había traído el bikini. De repente: pocitas para el baño. No he podido resistirlo: me he desnudado y me he metido en una de ellas. Con tan mala suerte que de repente han llegado varias parejas. Creo que han flipado un poco. Qué vergüenza más grande. Pero qué le vamos a hacer. Me he quedado como nueva, como si me hubiese liberado de un peso enorme en todo el cuerpo.


Tras el baño, he querido hacer meditación. Me la he saltado esta mañana porque quería salir pronto de casa, pero también porque he pensado que sería muy especial hacerlo en la montaña. La meditación iba bien, hasta que un grupo grande ha llegado al lugar donde estaba y se han quedado de charleta. A la mierda la meditación. He sacado mi sandwich de chopped y tomate y me lo he comido mientras tanto.

 

Después he descendido paralelamente al arroyo, reconociendo futuros lugares de baño. También he visto uno de los acebos singulares de Madrid, que es enorme. ¿Qué años podría tener? Así he llegado a la carretera, donde sospechaba que terminaría. Desde allí me quedaban dos kilómetros al puerto, con un desnivel del 6%. Ha sido bastante durillo, pero afortunadamente no hacía tanto calor como para que fuera insoportable. De esta manera, he coronado el puerto. Ha sido bastante gratificante. Tras rellenar el termo con agua fresca, he emprendido el regreso a Madrid para una merecida siesta.

Siempre digo esto: tengo que subir más veces a la montaña. Me sienta bien. Pero no sé si es por pereza o por qué, mis planes suelen acabar en agua de borrajas. Tendré que intentarlo una vez más.

Premonición

Creamos rutinas con facilidad y terminan encorsetándonos, aunque nos cueste darnos cuenta de ello. Incluso los fines de semana tenemos rutinas. Es necesario romperlas para poder respirar, pero también para generar nuevas experiencias. Además de las rutinas, tenemos tendencias, labradas también a fuerza de costumbre. 

Una de las mías es regresar enseguida a casa después de haber hecho la actividad que tenía pensada. Esto viene desde la infancia, claro está, y cómo cuesta vencer esa inercia. Pero aprovechando que ayer tenía un taller en el centro, decidí romper con esta fuerza, comer por la zona, ir a mis librerías habituales (ya hacía tiempo), y ver una película. Ésta. Qué diferencia de día resultó.



Anthony Hopkins es un doctor retirado del mundo tras la muerte de su hija por leucemia. El doctor Clancy es también una persona que tiene el don de ver el pasado o el futuro de una situación o una persona. Su don había sido aprovechado en ocasiones anteriores por el FBI para resolver algunos casos, y es el motivo principal por el que su amigo Joe, detective del FBI, le busca para investigar un caso de asesinato múltiple donde no existen pistas ni rastros. A pesar de su resistencia inicial, el doctor Clancy termina participando en el caso, donde descubre que el asesino está ligado a él por el don de la visión y que es un ángel de la muerte motivado por la compasión.

La película es entretenida para una sobremesa. Me gusta el toque de las visiones, que me recuerda un poco a "In Dreams", aunque la historia y el tempo son bastante diferentes. Anthony Hopkins está bien, pero no parece cambiar la cara en toda la película. Resulta bastante frío. Jeffrey Dean Morgan está mejor en el papel, para mi gusto. El asesino está encarnado por Colin Farrel, que aparece bastante avanzada la película, como si esto fuera parte de los planes del asesino en la trama.

La película la vi en el Palacio de la Prensa. Éramos pocas personas, pero también es verdad que era la primera sesión. Aun así me dio un poco de pena. Es un cine fantástico, la verdad. Espero que no terminen cerrándolo.

jueves, julio 14, 2016

Iron Maiden: The Book of Souls Tour


¿Cuántas veces he visto a Iron Maiden en concierto? Ni las recuerdo. Calculo que unas diez, pero no estoy segura de la cifra. Iron Maiden ha sido una de las bandas que más me han gustado, desde que Diego me los descubrió allí por 1994, con los batiburrillos de canciones grabados en hierro y cromo. Así ha pasado, que jamás he sabido bien la cronografía de la banda, ni el orden exacto de las canciones. Pecata minuta.

Es difícil elegir un álbum de Iron Maiden que me guste más. Cuento desde los inicios hasta que Dickinson se marchó. Tras la vuelta de Dickinson, han tenido algún disco decente, y mucha basura. O más bien hablo desde la ignorancia, porque tampoco les haya dado muchas oportunidades. Esto es precisamente lo que ha pasado con "The Book of Souls". Creo que es la primera vez que voy a un concierto de una banda que me gusta sin haber escuchado ni una de las canciones del disco. Así que lo he descubierto mediante el concierto, y he de decir que me ha gustado. Las canciones son un poco largas, pero los ritmos están bien.

También es la primera vez que voy al concierto de una banda conocida sin saber el setlist. Esto tiene como punto bueno que te llevas alguna sorpresa, como descubrir que van a tocar "Children of the Damned", que creo que es la primera vez que la escucho en vivo. Y qué bien funcionó. También me sorprendió que cerraran con "Wasted Years" y no con "Iron Maiden". Por lo demás, el repertorio muy centrado en el último disco, con algunas concesiones al pasado, pero que son las de siempre: "Hellowed be thy name", "Fear of the dark", "The number of the beast", o "The Trooper", que hay que ver lo mucho que me aburre esta canción, de manida que está.

El concierto tuvo lugar en el Palacio de los Deportes. Lleno total. ¿Hablamos de 15000 personas? Es algo impresionante. Mi asiento estaba en grada, casi sobre el escenario.  Quizás un poco arriba, aunque se veía muy bien. Se podía ver todo el backstage, con lo que pude ver toda la preparación previa, así como predecir los acontecimientos del concierto. Lo bueno de estar en grada, es que nadie te zarandea. Lo malo es que pierdes un poco de atmósfera, aunque a cambio puedes ver las mareas humanas, que siempre me fascinan. En esta ocasión, además pude sentir los flujos de sonido que se produce cuando desde pista comienzan los cánticos y arrastran a la grada, y que se mueven por todo el recinto, para chocar contra los nuevos flujos. En cierta medida, recuerdan a las olas del mar. El sonido un poco alto, demasiado cerca de los altavoces, quizás. Salí bastante sorda, porque además olvidé los tapones en casa.

El público bastante animado desde los primeros acordes del "Doctor, doctor". Había ganas de ver a Maiden, a pesar de los precios. Los conciertos cada vez son más caros. Y seguimos pagando, no sé bien por qué. Diego se gastó unos 140EUR por la entrada VIP. La foto, de hecho, es suya, que estaba en tercera fila. Yo no soy tan fan como para gastarme ese dinero.

En cuanto a la banda, se les nota que se van haciendo mayores. Ya rondan los 60. Aun así creo que tienen más energía que yo. Dickinson no para por el escenario, y es mucho decir para un tío que prácticamente acaba de superar un cáncer. El cáncer no parece haber mermado en demasía sus facultades vocales. Gerrs no deja de moverse. A mí me marea un poco a veces. Me da la sensación de que un día se caerá del escenario. Eso es fractura de cadera asegurada. Murray está hecho una foca. A Harris le vi poco, a Smith mucho menos (qué discreto es). McBrain saludó antes de salir desde el backstage, y luego tuvo unas palabras antes de cerrar el concierto. Estuvo simpático.

Un buen concierto.