viernes, septiembre 28, 2018

Oxitocina

Llega la noche y no puedo dormir. Quizás sea la adrenalina del gimnasio que aún corre por mis venas. Puede que sea por puro estrés laboral. O tal vez mi mente quiera torturarme un poco con los acontecimientos de esta semana, y de paso con los de años y años de errores no perdonados.

Me tumbo en la cama, mi mejor amiga, rodeada aquellos que me confortan en la noche: la almohada, el monstruo de colores, una gata a mis pies, y a mi versión adulta. Me acurruco entre mis brazos y dejo que fluyan las torrenteras  que nacen en mis ojos, confiando que arrastren la desvalorización la tristeza, la frustración, la impotencia, la desvalorización. Vaciarse antes de poder llenarse de nuevo. Morir para volver a nacer. Las mil muertes.

Siempre me ha parecido un poco patético eso de abrazarse y acariciarse uno mismo, Gollum a Smeagol, pero no hay más calor humano que el mío propio. Con suerte quizás genere suficiente oxitocina para apaciguar la ansiedad y quedar dormida, mientras me susurro las palabras que nadie pronunciará: te quiero, te amo, tú me importas, estoy contigo, cuenta conmigo, estoy orgulloso, eres valiosa, yo te cuido. Suavemente, como una madre, como un amante, como un ángel de la guarda. Como si yo fuera un pequeño tesoro que proteger, cuidar. Algo querido, valioso y amado.

Sigue aumentando la oxitocina. Caricia a caricia, palabra a palabra. Mi fiel compañera. La que vela mi sueño, la que cose los jirones, la que cura las heridas. Siempre ella, yo. Incansable, la que no se rinde, la que susurra «una vez más». Puro amor incondicional, pura entrega, puro compromiso, a pesar de los desplantes, las traiciones, las cobardías y las flaquezas. ¿De dónde proceden su fuerza y su fe? El amor es más fuerte que la oxitocina.

Y poco a poco voy cayendo dormida con la nana de su letanía: todo está bien, estoy a salvo, estoy conmigo y me amo.
Quizás hoy consiga bonitos sueños.

martes, septiembre 25, 2018

El prisma del dolor

El dolor lo cambia todo. A veces es un filtro momentáneo que se coloca delante de la imagen, como esas gafas de cristales de colores que dan una tonalidad diferente a lo que miras con los ojos desnudos. De repente todo es de color azul y han desaparecido los brillos y los matices. Es la misma imagen, pero ya no tiene la riqueza de antes. Todo es monocromo y árido. Pero al mismo tiempo, todo se equilibra: lo que tenía importancia, deja de tenerla; lo que destacaba, queda atenuado; y eso hace que lo que no se distinguía, se pueda poner al mismo nivel, deja de estar relegado.

Quizás sean las trampas del ego, o quizás sea la verdad que te negabas a ver.
Es como una bofetada para que despiertes de tu ingenuidad.
Y duele mucho más, porque sobre todo apreciabas a personas.

Yo con el dolor me repliego a mi interior, a ese lugar donde nadie puede llegar. Es como levantar un velo de niebla. Los velos de Ávalon.
Allí rumio el dolor a solas, lo intento transmutar en algo que se parezca a la luz, a las ganas de volver a vivir, intentando que no me devore, intentando emerger cual polilla.
Pero también me protejo. Me insensibilizo, me desconecto emocionalmente (solamente hay dolor agudo, no se siente nada más).

Porque muchas veces, en las supuestas muestras de empatía solamente hay hipocresía y ego.
Los falsos "lo siento mucho", que es una mera formalidad, una convención social para quedar bien cuando no se sabe qué decir, cuando no se empatiza en realidad. Las palabras son muy falsas.

Quizás es mi percepción azul la que me engaña, la que se pone a la defensiva porque no se fía, porque en mi dolor, soy incapaz de creerme esas supuestas muestras de acercamiento. Me parece todo tan sumamente fingido, tan ficticio.
En muchos casos, esa gente que pasa de ti cuando estás bien, se acerca cuando estás mal, solamente para sentirse mejor ellos, para elevar su ego, porque consideran que su gesto los hace mejores personas, los hace sentirse buenos y útiles. Panda de hipócritas. Si no estás conmigo en las buenas, tampoco voy a alimentar tu ego en las malas.
Y al revés, si no sabes estar conmigo en las malas, no mereces estar conmigo en las buenas.

Los eneatipos 6 tienen esa característica de ir posicionando a la gente conforme al nivel de confianza que les inspiran. A veces los acercan, a veces los alejan. A veces los hacen desaparecer del círculo de confianza. Cuesta mucho que eso suceda, porque el 6 es leal hasta el punto de no querer perder a nadie, pero una vez que ocurre, están muertos de verdad. La mayoría de la gente no es capaz de sentir el alejamiento ni la desconexión. A la mayoría probabablemente ni les importe. Muchos incluso creen que pertenecen al círculo cuando ya no existen.
Bueno, es casi peor en el mundo 8.

Y mientas el dolor lo va tiñiendo todo de azul, como un prisma, envolviéndolo en su manto, como la niebla. Para no levantar. Los velos de Ávalon.

lunes, septiembre 24, 2018

Silencio y soledad


Ayer no me encontraba muy bien, que no es más que la tónica de esta semana pasada. Primero esa especie de gastroenteritis, y después el resfriado. Estábamos de celebración y yo cada vez me sentía peor, hasta el punto de pedirle a mi hermana que me dejara subirme a su casa a echarme la siesta, porque no podía aguantar más. Subí, me acosté en su cama, acompañada de su gata, y me quedé dormida casi enseguida. Debí dormir una hora más o menos, lo suficiente para encontrarme mejor al despertar. Sin embargo, lo más reseñable eran el silencio y la soledad. Bueno, no exactamente soledad porque Gladia estaba a mi lado, pero no había humanos. Estaba tumbada en la habitación, en semioscuridad, y el silencio lo ocupaba todo. Me sentía tan bien que no quería salir de allí.

Como chófer oficial tenía que llevar a mis padres a casa, lo cual implicaba volver a mezclarme con los invitados de la celebración antes de poder irme de allí. Mi mente solamente pensaba en mi cama, con mis gatas, y mi libro. Me estoy leyendo "Gataca", una trama de suspense en torno a la genética y la evolución de la especie. Es todo ficción, justo lo que necesito para evadirme. Hacía mucho que no leía ficción y mi mente la echaba de menos. Yo necesito evasión regular para poder sobrevivir.

Conseguí salir de la celebración, dejé a mis padres, y me fui a mi casa a esconderme del mundo. Me tiré en la cama, con mi pijama, mi botella de agua, y pasé el resto de la tarde con mi libro, el silencio, y la soledad, hasta la hora de cenar.  Se me pasó el tiempo volando. Y en un momento pensé: "Dios, qué genial es leer". Me ha gustado leer desde siempre, era lo que más me gustaba de pequeña. Pero ahora no me refería solamente al acto de leer, sino a toda la atmósfera alrededor, a esos minutos de paz, a esos momentos de auténtica desaparación y separación del mundo. Esos momentos en los que casi da igual si el mundo se hunde a tu alrededor, porque te sabes en tu refugio a salvo, apartada de todos, inalcanzable, inaccesible, aislada...

A veces es un placer indescriptible saberse solo.

viernes, septiembre 21, 2018

Deslealtades

Pedro, mi ex jefe deja el departamento y se marcha a otra unidad. Lo comunicó a tres personas en una reunión exprés y se hará oficial la semana próxima. Yo me he enterado de rebote.

Por encima de la sorpresa inicial (aunque se veía que podría pasar), lo que me duele es que ni él ni Rodri me hayan comentado nada al respecto. Supongo que quieren tratar el tema con cuidado de cara al grupo de Pedro, que es como si se quedara huérfano, intentando que sepan por ellos y no por rumores la situación y qué va a pasar con ellos. Sin embargo, que me dejen fuera me molesta, porque yo no soy una compañera más, se supone que soy una amiga, sobre todo de Rodri. Son muchos años juntos y parece que no signifiquen nada. Imagino que tienen sus razones y sus tiempos, pero me ha dolido. Me ha dolido eso y que Rodri haya venido a Madrid y ni haya hecho por verme, que he tenido que enterarme de casualidad de que había venido a la convención de expertos de la empresa.

Bien, ya sé a qué atenerme. Ya veo cuán valorada soy y cuanta confianza me tienen. Pues quid pro quo: acaban de ser expulsados a los círculos exteriores de mis círculos de confianza. Aunque supongo que no sentirán mucho la pérdida. Nadie siente mi pérdida.

Al final se cumple la idea de que no me puedo fiar de nadie. 

viernes, septiembre 14, 2018

Regalos

Ayer salí de casa a comprar un pequeño detalle para unas niñas que me invitan a merendar. Son las hijas de una amiga y mis méritos son especialmente mi nombre y mis gatas. Con eso solamente ya soy genial. Quería tener con ellas un pequeño gesto de agradecimiento. No es que yo sea la persona más detallista del mundo, pero sí me gusta tener pequeñas atenciones cuando así lo considero.

Para mí, hacer un regalo es una especie de reto, porque pretendo acertar con el gusto del que lo recibe, cuando muchas veces ni siquiera estoy muy segura de cuál es. Hacer un regalo por tanto requiere de una preparación especial: es tiempo, es esfuerzo, es atención, y sobre todo, es un pedacito de mí que va en ese regalo. Es como si con el regalo, ofreciera también un trocito de mi persona.

Ayer, por ejemplo, recorrí el centro comercial de arriba a abajo buscando lo que tenía en mente. En este caso particular, hablamos de dos niñas de unos 5-8 años (la verdad no estoy muy segura), que les encantan los animales y las princesas, y que se llevan la suficiente edad como para competir con ellas. Por tanto, los regalos debían ser suficientemente equiparables para no despertar los celos de una a la otra. Porque me conozco el tema de los niños y las comparaciones.

Como consideran que su madre y yo vamos de brujas, había pensado en comprarles sendos gorros de brujas. Pues no hubo manera de encontrarlos. Aunque ya se está montando la decoración de Halloween, aún no están los estantes preparados, y apenas hay mercancía. Mi primera opción descartada.

También había pensado en pegatinas de Frozen (Frozen es un valor muy seguro), y Rydwlf me sugirió algunas ideas de Lego y de Playmobil. Incluso la tienda Disney era una opción. Pero no. Nada de nada. ¿Cómo es posible?

Por ejemplo, encontré libros de Frozen, pero ¿son capaces esas niñas de leer esos libros? Si regalo libros diferentes ¿no se van a enfadar entre ellas? Luego encontré un juego de muñecos de Frozen, pero ¿realmente quería gastarme ese dineral para no acertar? También vi unos sets de Playmobil de 6-12 años, pero ¿qué años tienen estas niñas?¿es un regalo adecuado? Y si compro a una la muñeca rubia (las dos niñas son rubias), ¿se enfadará la otra si le llevo la castaña?  Y si le llevo a una el juego de fútbol, ¿qué pensará la otra si le llevo el de hockey?. No sé, un dilema. Muy seis todo.

Anduve de un lado a otro en busca de algo que me pareciera adecuado, hasta que por fin di con un kit de manualidades para crear tu propia bruja. Algo pequeño, asequible, y ¡había dos iguales! Lo completé con sendos paquetes de gominolas que son parecidos, pero no iguales del todo, y ya veremos qué tal aceptan que una tenga el azul y las conchas de mar y la otra el rojo y las estrellas de mar. Pero mi parte está hecha. Sólo falta envolverlo en papel regalo (iguales ambos, por supuesto), y listo para entregar.

El riesgo de todo esto es que el regalo no guste o que simplemente lo ignoren, después del esfuerzo que me ha supuesto. Que puede pasar, lo sé, y lo tengo muy racionalizado como para que me afecte (o eso creo). Pero la verdad es que poca gente valora el esfuerzo que supone el regalo en sí. Nunca se ve el tiempo, el empeño, y la ilusión que se invierte en el proceso. Te llega el resultado final y es eso lo que se valora, pero no todo lo que hay detrás.

Ciertamente podríamos hablar sobre la intención del que regala y las expectativas que tiene sobre la recepción. En mi caso, diría que mi motivación primaria es complacer al otro, porque me encanta compartir la alegría que le puede generar recibir un regalo. Es una especie de conexión mágica que se establece entre ambos en ese momento, un acercamiento, una comunicación no verbal de afecto. Es un sentimiento estupendo. Luego hay motivaciones secundarias: un gusto por el proceso, que es una especie de anticipación de la motivación primaria, y por supuesto, la necesidad de reconocimiento, que es lo peor cuando el regalo no se recibe en la manera esperada.

Con las prendas de amor sucede algo parecido. Das porque amas, porque en cada prenda hay un pedacito de tu corazón, de tu amor, de tu espíritu, de tu ser. Dar como expresión de amor  . Das porque te encanta ver sonreir a la otra persona, porque sabes que gusta de lo que le has entregado. Das porque quieres conectar con la otra persona, quieres reforzar la unión entre ambos de una manera agradable. Das porque harías cualquier cosa por esa persona.

Y luego...quizás no se recibe tu prenda en la forma que pensabas, o no se valora, o se ignora, o se da por hecho.Puede resultar entonces un tanto desilusionante. Pero hay que recordar algo: esa prenda puede darte una idea del tamaño de tu amor, de tu capacidad de amar, de cuánto te entregas...Y quizás, en vez de dar tanto a los demás, debieras darte a ti misma lo que para otros no es importante.

jueves, septiembre 13, 2018

Los TFMs perdidos

Parece que en política se ha desatado una especie de caza de brujas en torno a los trabajos fin de máster. Primero se empieza demostrando que tienes un título que te acredita, luego que existe el susodicho TFM, más tarde que sea original (que no contenga plagio), y por último llegará que encima sea bueno. No seré yo quien justifique el adornamiento de cualquier curriculum y que la gente se atribuya falsamente titulaciones inmerecidas, especialmente cuando hacer un máster conlleva tanto esfuerzo, dinero y sacrificio, y noticias como las que vemos últimamente son un insulto a la gente que efectivamente ha estudiado y trabajado por obtener tal título. Pero quizás también aquí se nos está yendo todo un poco de las manos, y al final estamos dejando de lado otros temas que son más importantes. Porque de lo que se trata todo esto es de un desprestigio del rival político a cualquier costa, poniendo el foco en la persona más que en sus actos.

Viendo todo esto, he pensado en mi caso personal. Por un lado, yo tengo el Proyecto Fin de Carrera que me acredita como Ingeniero, y después tengo un MBA. En el primer caso, además del título firmado por el Rey emérito, que tuve que devolver porque se habían equivocado con mi nombre, tengo el tomo de mi PFC. Está en casa de mis padres guardando polvo. Es un libro que no he vuelto a mirar desde entonces, y ya ha llovido, y que perfectamente podría haber tirado a la papelera hace años. Además de este tomo, supuestamente hay dos más: uno que se quedó la universidad y otro para el departamento donde hice el proyecto. Jamás he ido a ver si mis tomos siguen en la universidad, dónde se encuentran, cómo se almacenan, y si son accesibles. Cuando hice el PFC yo tuve acceso a los trabajos de otras personas, solamente porque el departamento tenía una copia y yo pertenecía a dicho departamento. Podría ser que mi tomo siguiera allí, pero yo no lo sé. Con los cambios administrativos, es posible que haya habido reformas en los departamentos universitarios. Ahora prima la rentabilidad frente al conocimiento (una pena), y es posible que el departamento hasta haya desaparecido. ¿Qué harían entonces con esos tomos?

Nunca bajé a la biblioteca de la universidad a ver la existencia de otros trabajos, así que desconozco si es fácil el acceso a los mismos. También me pregunto si guardan todos los tomos que alguna vez se han hecho, o si los van liquidando en función de una fecha (por obsolescencia de los Estados del Arte). Lo que sí hice fue ir a la biblioteca a buscar unas revistas del IEEE para mi trabajo. Lo recuerdo muy vagamente. Me dieron acceso a las mismas, pero no fue nada fácil por los trámites burocráticos y por el almacenamiento de las mismas.

Por supuesto, no había nada online entonces. Hice el trabajo en un ordenador, por supuesto: parte código Matlab, parte Word. Pero entonces el almacenamiento eran disquetes. Que nadie me pregunte si siguen existiendo, porque yo diría que no. Es más, de existir, dudo que pudieran leerse, bien por falta de dispositivos aptos para la lectura de disquetes, bien porque quizás estén corrompidos después de tantos años. Por entonces tampoco se guardaban copias en repositorios virtuales, ni en nubes, ni nada.

Respecto del MBA casi es peor y eso que es más reciente (aunque ya hace sus añitos también). Lo hicimos en grupo, 3 personas. Me consta que se imprimieron tomos del Trabajo Fin de Máster, pero ignoro cuántos. Yo no tengo uno, nunca tuve. No recuerdo si mis compañeros tienen el suyo. Ni quiera tengo una copia electrónica, porque el disco duro donde almacenaba se cayó y murió. Podría ser que la universidad y el departamento guarden sendos tomos, pero tampoco es algo que me haya preocupado. Así que salvo el título (por cierto, creo saber dónde está pero no estoy segura), no tengo muchas pruebas que acrediten mi máster.

¿Me preocupa? Pues de momento no. Jamás he tenido que presentar los títulos para un trabajo, y sinceramente, nunca me han servido para demasiado (que yo sea consciente). Ahora, quizás no debería meterme en política.
Por eso, cuando oigo que piden a los políticos que muestren sus TFM, pienso en lo complicado que puede ser.

Una última cosa. Tener un TFM no significa que tenga que ser de premio Nobel. No creo que haya muchos que lo sean. El TFM simplemente indica que se hizo un trabajo y alguien lo validó, pero no necesariamente el contenido tiene que ser una obra de arte que sume al conocimiento mundial. Me parece injusto que se quiera exigir también una calidad (¿quién determina el estándar?) de algo así.

miércoles, septiembre 12, 2018

El Yo


Esta mañana me he puesto un nuevo audio de Abraham Hicks y he vuelto a tener una especie de epifanía. Es un poco ida de olla, así que a ver si soy capaz de explicarlo.

Me he visto por primera vez como una prolongación de mi Ser Superior aquí en la tierra. Lo que he sentido es que mi Ser Superior quiere manifestar, quiere darme cualquier cosa que yo desee, porque es él en realidad quien desea, no yo, y es mi cuerpo, o más bien, mi representación física, la que le sirve para manifestar.

Es decir, mi Yo auténtico es mi Ser Superior, no mi representación física. Mi representación física puede creerse separada de mi Ser Superior, hasta puede creer que es una entidad/identidad en sí misma. Eso sería mi Ego. Pero mi ego no es real. 
Esto es como decir que realmente yo no existo, o que esta expresión de mí física no existe, o que es una versión muy limitada y reducida de lo que realmente soy. Es un avatar, una representación.
Y soy mucho mucho más. Solo que ese mucho más no puede ser captado en su totalidad porque son las restricciones de esta dimensión las que lo impiden. Yo soy el soñador, el observador, el que contempla desde un plano mucho más elevado.

Es precisamente esa representación física, mi ego, la que está impidiendo todo tipo de manifestación, como si estuviese bloqueando un canal. ¿Por qué motivo? Pues realmente no lo sé, aunque parece miedo. Así que por un instante me he sentido totalmente conectada con mi Ser Superior, y el canal estaba limpio entre ambos, nada lo obstruía. Y en ese momento he sabido que cualquier cosa puede hacerse realidad, si mi representación física, mi ego, no se dedica a obstruir el canal. Saber esto ha sido alcanzar un estado de paz interior bastante reconfortante, liberador incluso. Porque lo único que he de hacer es permitir, es dejar que todo fluya, es no interferir, es no molestar. 

Parece sencillo, pero no lo es en la práctica, porque la visión que he tenido termina por empañarse, y se me olvida cuando me meto en la rutina. Pero puedo parar y recordar. Entonces intento visualizar una corriente de luz que emana de mi Ser Superior y llega hasta mí en perfecto flujo. 
Como poco es una imagen de lo más relajante.

lunes, septiembre 10, 2018

El nido

Llegó a casa, cerró la puerta tras de sí, y se despojó del disfraz de adulta para quedarse en lo que realmente era: una niña pequeña, frágil, vulnerable, triste y asustada que había tenido un mal día. Se puso un camisón limpio y se acomodó en un nido de almohadas para echarse a llorar. La acompañaban sus fieles: el monstruo de colores, la vaca de rayas, una muñeca de pelo indomable, sus dos gatas, y quizás sus guías, que a veces le dejaban plumas a su paso para indicar su presencia. Ellos la acompañarían durante el desahogo, sin preguntar, sin juzgar, sin querer resolver, solamente con su presencia.

Echaba de menos el tacto humano, una caricia, un abrazo, una palabra afectuosa, pero al mismo tiempo lo rehuía. Era uno de esos momentos donde no se fiaba de la gente para nada. En su estructura de círculos, la mayoría habían ido a parar a uno de los más alejados, hasta que ella nuevamente pudiera permitir la proximidad y sentir que podía confiar mínimamente. No era tanto que no quisiera mostrar su vulnerabilidad, que también, más bien era que se sentía abandonada por ellos, como si la hubiesen traicionado. La traición era no aceptarla como era, pero también tomar demasiado sin dar a cambio. Así que se sentía sola, insuficiente y vacía. Ya no era una cuestión de autoestima, que también, era sentirse incapaz de satisfacer las expectativas de los demás para poder ser aceptada totalmente, para que la tomaran totalmente, en vez de ser un plan B, un kleenex, un pasatiempo, un recurso secundario.

Ella se había esforzado mucho por acercarse, por estar, por acompañar, por aconsejar, por consolar, pero no se sentía retribuida. Era dar pero no recibir. Y no es que quisiera un quid pro quo, pero a veces necesitaba recibir un poco, sentirse valorada y querida. Necesitaba sentir que merecía la pena, necesitaba sentir que la tomaban en serio. Pero entendía que ella nunca sería suficiente para ellos. Jamás sería suficientemente buena, ni inteligente, ni interesante, ni simpática, ni agradable, ni guapa, ni adorable, ni comprensiva, ni luchadora, ni valiente, ni arriesgada, ni generosa, ni entregada, ni tendría un estatus adecuado, ni siquiera el rol adecuado. No era nada importante, no era nadie relevante.

Aun así, a ella le gustaba su forma de ser, de pensar, de sentir, aunque nadie lo apreciase.

Lloró mucho en su nido de almohadas, como solía hacer. A veces sentía que ese nido era como un abrazo acogedor que la acunaba. No sabía qué hacer, ni por dónde seguir. Aunque quizás precisamente se trataba de eso: de no hacer nada más, de no esperar nada. Seguramente iba a perder mucho, pero no se puede perder lo que no se tiene. El dolor lo anestesiaba todo: daba todo igual. Es la muerte de la motivación, es la derrota del espíritu.

No tiene nada que ver, pero hoy 10 de septiembre es el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Cada año 3500 personas se quitan la vida. Sigue siendo un tema tabú. No es cobardía, no es enfermedad, es pura desesperanza.

Contención

Me dicen que soy imposible, solamente porque mi estado de ánimo hoy no es el mejor.
Nadie valora los esfuerzos de contención que hago por no volcar la mierda. Si desatase el demonio de la ira, sabrían, aunque no comprenderían. Hace años que intento no actuar en caliente.
A veces es más difícil que otras el poder contenerlo, todo depende de lo herida y de lo fuerte que me sienta. Este fin de semana es particularmente complicado porque siento mucha ira y mucha frustración. Y eso tiene un precio, el mayor del cual pago yo. Pero mi desgaste no lo ve nadie.

Quizás debería liberar la ira y desatar la tormenta. Total, no tengo demasiado que perder. Hoy me da todo igual. Pero quizás no sea del todo cierto, ya que no termino de liberar al kraken.

"Eres imposible", dicen. Pero nadie se pregunta qué hay detrás de mi mal humor y mi apatía. En muchos casos, los responsables ni siquiera llegan a plantearse que ellos son la causa. Sin embargo, se ofenden porque mi comportamiento no es el que les gustaría.Y no lo entienden. Ni quieren. Ni les interesa. Ni les importa.

A veces me da por pensar que no le importo a nadie.

sábado, septiembre 08, 2018

Creencias de dinero

Me gusta escuchar audios de Abraham Hicks no solamente por sus enseñanzas sobre la ley de la atración, sino porque me parece que tienen mucho sentido del humor. Tengo la misma sensación cuando Gema se comunica con su equipo akáshiko: sus guías parecen divertidos. ¿Por qué no deberían serlo? Ellos tienen mucha más información que nosotros y saben mejor qué es lo que hay para nosotros. De hecho, muchas veces tengo la sensación que se descojonan al vernos actuar y lidiar con la realidad porque a nosotros se nos escapa casi todo, mientras que ellos lo saben todo.

En el audio de hoy hablaban sobre la paciencia a la hora de lograr un resultado. Definían la paciencia como un estado de permitir que una situación que no nos gusta se perpetúe, en vez de recibir lo que queremos realmente. Son cosas así las que puedo entender, pero no tanto asimilar o llevarlas a la práctica porque requieren de un cambio interior que no sé bien cómo hacer.

Sin embargo, hoy se me ha revelado una especie de creencia limitante sobre la abundancia, de la cual no era muy consciente. Tiene que ver con el dinero como forma de energía, y como tal, el dinero debe fluir. Debe entrar y debe salir, no quedarse demasiado atascado. Esto no significa que nos convirtamos en manirrotos, pero el dinero no debe estancarse, ya que se pudre, como el agua. En el audio ponían de ejemplo el dolor que puede causarnos el hecho de gastar. Y ahí está mi creencia.

Muchas veces me duele hacer gasto. Lo hago, pero no lo hago con alegría sino con cierto miedo, y eso a nivel vibracional se paga. Es una especie de diálogo con la vida dándole a entender que no te gusta el dinero, de que sientes miedo de que se te acabe, de que no confías en que puedas encontrar más, y esa idea se va a reflejar en tu realidad. En la mía.

Sanar la relación con el dinero es importante, porque el dinero es un aspecto de la abundancia. Tenemos muchas creencias equivocadas sobre el mismo que nos vienen de nuestra infancia y que se traducen en nuestro estado actual:

  • Los ricos son malas personas.
  • Los ricos son ladrones.
  • El dinero solamente trae corrupción.
  • El dinero es la raíz de todos los males del mundo.
  • Si gano dinero estoy traicionando a mi familia, a mi clan, a mi grupo social.

Tenemos miedo de tener dinero, no nos sentimos merecedores del mismo, tenemos asociaciones negativas respeto al mismo, por eso el dinero no llega o nos quema en las manos.

Decimos que el dinero no es tan valioso como otros valores, pero eso es como rechazar un regalo que nos da la vida. En cierta forma, la relación con el dinero es un reflejo de la relación que tenemos con nuestros dones. También es una especie de síntoma de nuestra capacidad de manifestar en la realidad, ya que es un aspecto tangible de la abundancia. Igualmente, es un reflejo de nuestro amor por nosotros mismos, ya que da una idea de cuánto nos estamos permitiendo recibir.

Ser consciente de tener estas creencias es un paso grande, pero hay que ir más allá y sanar la relación con el dinero. ¿Cómo cambiar esto? La respuesta es: cambiando de creencias. Sin embargo esto no es tan fácil de llevar a la práctica. Yo voy a empezar con dos cosas que no hago: 1) Gastar con alegría, disfrutando el hecho de que estoy gastando en algo que me apetece y me proporciona cierta satisfacción (aunque sea efímera). 2) Cuidando mejor mis cuentas, porque soy bastante negligente al respecto. ¿Qué clase de relación resulta de una a la que no prestas atención? Como todo en esta vida: lo que quieres necesita atención y cuidado.

jueves, septiembre 06, 2018

La dualidad y la soberbia

Que vivimos en un mundo dual y polarizado es algo conocido, aunque no sé si demasiado obvio. Resalta particularmente en los noticieros y también en las redes sociales. No hay como echar un vistazo a Twitter para darse cuenta de los extremos tan distantes que existen, así como el odio que supuran. O que supuramos, no voy a dejar de incluirme en la ecuación. 

Intento no leer ciertos hilos para no encabronarme demasiado y llenar mi vida de mierda, aunque hay una especie de atracción morbosa que me lleva hacia ellos. Leo algunos comentarios que no solamente no los entiendo, no los comparto, o me indignan, sino que además me fascina ver cómo hay personas que han llegado a pensar algo así y que creen firmemente en su idea. Me parece inaudito que alguien haya podido tener un pensamiento así, cuando para mí está claro justo el contrario. Por supuesto, para mí, mi pensamiento es más verdad que el suyo, pero desde su perspectiva soy yo la que está equivocada y enajenada. Me asombra que ambos pensamientos existan a la vez, lo del entendimiento ya es más complicado. Y es así como se movilizan las masas y se crean las tendencias. Me resulta muy interesante, aunque también da un poco de miedo.

Una de las últimas muestras de este efecto es el caso del concierto del dúo Andy y Lucas sobre la exposición de una foto del niño Gabriel en un concierto en favor de la prisión permanente revisable. Para mí está claro: la madre no quiere que se utilice la foto de su hijo y tiene todo el derecho del mundo a negar su uso. Me da igual si es ésta u otra causa. Me da igual si esta causa es noble o no, si ayudaría a otros o no. Me dan igual sus ideas políticas. El tema es que ella no quiere y eso hay que respetarlo. Así que como mínimo, el dúo tendría que haber pedido permiso a la madre antes de estampar la foto del niño en una camiseta. Pedir permiso a ella y al resto, por muy a favor que estén. 

Para mí se ha creado una polémica estúpida respecto a la decisión de la madre. Primero están los Andy y Lucas, todo ofendidos por la reacción de la madre. Son tan soberbios que la disculpa que han emitido parece un nuevo ataque a la mujer. No parecen entender que es ella quien tiene los derechos de la imagen de su hijo y que no es una imagen pública. Tienen suerte de que no les ponga una denuncia por violación de derechos. Quiero creer, aunque me cuesta horrores, que una parte de ellos ha hecho esto de buena fé, pero tienen que entender que no todo el mundo va a apoyar su causa. Yo misma no la apoyo por muchas razones (en parte porque no la entiendo, en parte porque me parece muy manipulada, en parte porque me parece que no aporta nada bueno). Ellos creen que es una buena causa, pero no pueden obligar a nadie a subirse al carro, a su carro. Y no es peor persona por no secundarla, simplemente o bien no la comparte, o no quiere hacerlo. Y ya está.

Luego están los "ofendiditos" de la causa. Las barbaridades que han podido decir de esta mujer simplemente por negar la foto del niño. Dicen que cuando el niño desapareció bien que difundió la foto para buscarlo. Pero ¿qué tendrá que ver una cosa con la otra? ¡Pues claro que quería encontrar a su hijo! Pero no significa que ahora tenga que pagar el precio de secundar esta causa. Y que si prefiere que los asesinos estén en la cárcel, que si está envenenada por sus ideas políticas (por ser simpatizante de Podemos), etc, todo porque no comulga con esta idea de apoyar la prisión permanente revisable. ¿Por qué no la dejan en paz?

Por cierto que el foco se ha puesto en la madre del niño, pero ¿qué pasa con el padre en este tema? Entiendo que él está de acuerdo con ella y que también él niega el consentimiento, pero toda la ira se ha centrado en ella, quizás por ser la cara más visible en el caso del niño. O quizás no. Esto quizás roce la paranoia, pero quizás la han volcado en ella por ser mujer. Es una idea que me ronda, nada más. 

La tienda de piedras

Me ha costado mucho dormirme, no sé bien por qué. Aparentemente estaba cansada y tenía sueño, pero al ir a dormir simplemente no podía, y la melatonina no terminaba de hacer efecto. Para colmo el moola mantra no dejaba de aparecer en mi mente: "Om sat chi ananda parabrahma...".

Aun así he dormido y parte de mi sueño es la visita a una tienda de piedras. No quería entrar porque sabía que terminaría comprando algo, y me resistía. Creo que es porque últimamente estoy haciendo bastantes gastos y quizás son compulsivos. Esto me recuerda la conversación con Charles el martes sobre los vacíos que intentamos llenar en nuestro interior, de una manera u otra, por ejemplo, con compras de cosas que no necesitas.

Me acercaba al escaparate a mirar, eso sí. Iba y venía, atraída por la tienda. Dentro había una mujer morena vestida de azul sentada a una mesa. Creo que me veía en la calle y creo que era consciente de mis dudas. En uno de mis acercamientos parecía que la tienda estaba cerrada, pero en realidad ella había cerrado porque no se sentía segura. Sin embargo abría la tienda para dejar entrar a los clientes, y entonces terminaba por entrar.

No era la primera vez que estaba allí, y conocía la tienda de maravilla. Había trozos de piedras y joyas. En en interior era mucho más estrecha de lo que apreciaba desde fuera, y resultaba difícil moverse con demasiada gente, cosa que me agobiaba particularmente (no me gustan las aglomeraciones en general). Recordaba que la tienda tenía más mercancía en ocasiones anteriores, y no veía nada que comprar. Y quería comprar. Me veo viendo algunas zoisitas transparentes, pero sin gran convencimiento.

Bajaba a la parte inferior de la tienda, donde no había nadie, y podía curiosear a mi antojo. En un altillo descubría varios efectos de desecho, entre otros, colgantes rotos y antiguos papeles de patronaje (esto es de mi madre con seguridad). También había un antiguo cuaderno mío, bantante amarilleado por el paso del tiempo, y cubierto de polvo. Parecía un antiguo diario personal, y el hecho de que alguien hubiese podido leer su contenido me causaba mucha vergüenza. Sin embargo, parecía llevar allí mucho tiempo sin ser tocado. Además, pensaba que hasta la fecha nadie me había hecho un comentario al respecto, así que no pasaba nada.

En la tienda estaba también un hombre que se parecía a Mathias Raus o a Alberto Lobo. Era simpático (ambos los son).

Al salir llovía. Iba entonces acompañada de Macu y Mª Ángeles. Macu tenía que coger el tren y me ofrecía a acompañarla a la estación de Atocha, que yo también podía usar para regresar a casa. Entonces aparecía un bólido de alquiler y ella se apresuraba a cogerlo para poder llegar deprisa a la estación. Resultaba un tanto cómico y yo quería hacerle una foto. Pero llovía bastante y el móvil no funcionaba bien, y ella terminaba por irse. Ahí termina el sueño.
Esta última parte creo que está relacionada con las jornada gastronómica que tuvimos el lunes, que siguió con un café con las chicas. Esto las evocaría ambas, aunque no sé qué significa el resto de la simbología.

lunes, septiembre 03, 2018

Concierto de Dry River (II)

Nuevo concierto del grupo de Castellón, pero esta crónica podría ser semejante a la que hiciera meses atrás. Me reafirmo es que Dry River son una gran banda y que su vocalista es inmenso. Suenan bien, son simpáticos, amenos, y tienen gran interacción con el grupo. El concierto duró una hora y media, siendo los segundos teloneros de Asfalto, y el setlist estuvo bastante bien. Faltaron sus actores, lo cual puede quitar cierta simpatía a la puesta en escena, pero en realidad su música no necesita de otros apoyos que la simple ejecución. Es una banda redonda.

A diferencia del primer concierto, éste se celebraba en la plaza de toros de San Martín de Valdeiglesias, como parte del programa de las fiestas de la localidad. Además de ellos tocaba un grupo local llamado Black Hole, que realizaron versiones de varios éxitos rock y punk. A mí me gustaron. El grupo principal, sin embargo, era Asfalto. Sonaron muy bien, pero los tengo muy poco escuchados. Creo que apenas conozco tres canciones de ellos. Su cantante, además, es la típica persona que se expresa mejor a través de la música que cuando se dirige al público. Un 4 ala 5 seguramente. Las letras son bastante elaboradas, pero se centran mucho en el pasado. Y ¿puede haber una canción más triste que "Rocinante"? Que empezaran tarde tampoco ayudó. Estoy acostumbrada a que los conciertos finalicen a las 0:00, no que empiecen a esa hora. Por tanto, tuve que hacer un pequeño esfuerzo para unirme a mi sobrino en los brazos de Morfeo.

Éste era el segundo concierto de mi sobrino, y me hacía ilusión compartirlo con él. Tanto él como la niña de los amigos que nos acompañaban van a cumplir cinco años en breves, y a ambos les encanta Dry River. A mí me hace mucha gracia ver cómo un niño así canta canciones que son tan adultas. Me parto con su vocecita tarareando la que parece su canción favorita del grupo, "Traspasa mi piel":
"Dame de beber la melodía de tus palabras...".

Quizás las horas no fueran las mejores para unos niños. Habíamos intentado que durmieran la siesta, pero con mi sobrino no fue posible. Lo pagó luego quedándose dormido en medio del concierto y perdiéndose sus canciones favoritas. Al menos llevaba los tapones puestos. Le tuve que dejar los míos, que son bastante buenos, porque no se apañaba con los suyos de goma. Aun así, creo que le molestaba bastante el ruido. No sé si querrá volver a un concierto en mucho tiempo. La verdad, cuando dicen que lo quieren llevar al Wacken, flipo un poco, porque no creo que lo vaya a disfrutar demasiado. Hay ocios por edades, está claro.

Recordando las experiencias del Wacken, pensé que haría bastante frío por la noche. Me puse unos vaqueros largos y me eché ropa en una mochila. Sin embargo fue una nocha bastante calurosa y di un paseo a mi cazadora. Como estuvimos todo el rato en las gradas, por decisión de los niños, al menos no cargué con la mochila todo el concierto. Estar sentado ayuda a sobrellevar el concierto, so riesgo de caer dormido, pero estábamos un poco lejos del escenario. La plaza de toros no es Las Ventas, pero aún así es amplia. De todas formas, el sonido era bastante bueno, mucho mejor de lo que recuerdo otras plazas de Madrid como Vistalegre o La Cubierta, donde el sonido suele ser pésimo. Lo malo de ir a estos sitios es imaginarse una corrida de toros: la arena está lo suficientemente cerca como para poder ver sufrir al animal su tortura. Debe de ser bastante más desagradable de lo que he visto en la televisión, que no ha sido demasiado porque es algo que no soporto.

Salir de madrugada del concierto y conducir al hotel me recordó mucho a las noches del Wacken. Un poquito de nostalgia sí tuve. Quizás algún día regrese, aunque no creo que sea pronto. En cambio, Dry River tienen concierto en Madrid el próximo mes de enero.