miércoles, mayo 23, 2007

Torrentes

Las lluvias de este anormal mes de mayo están resucitando los viejos arroyos de la ciudad. Pero además de los cauces, la lluvia revela también la codicia de los constructores, que edifican sobre los barrancos secos, y la permisividad de las autoridades, que autorizan semejantes desmanes. Después nos llevamos las manos a la cabeza cuando el agua anega las calles o derriba las casas. Entonces maldecimos a las fuerzas de la naturaleza, como si ella fuera la responsable de lo que sucede, en vez de reconocer nuestra responsabilidad en el asunto.

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