martes, diciembre 19, 2017

Curso zen

Este fin de semana completé el segundo nivel del curso Zen de Suzanne Powell. Lo llaman Zen pero no entiendo por qué, ya que no tiene nada que ver con la escuela budista. Lo que enseñan es una forma de canalización de energía de la energía cósmica a través de los siete chakras del cuerpo para la sanación de enfermedades. Sólo las personas iniciadas tienen la capacidad de aplicar el llamado “toque zen”, que se usa a tal fin.

El curso se estructura en dos niveles que se imparten en dos fines de semana. En el primer nivel se activa la capacidad de los chakras al 30%, en el segundo se activa al 60%. No está claro cómo se adquiere el 100%, aunque estoy de acuerdo con la propia Suzanne cuando recomendó practicar en el segundo nivel antes de avanzar más. En este sentido, nuestro ego nos anima a acumular más y más niveles, sin haber afianzado el anterior. 
Hay otro punto más a favor del argumento: parece que una capacidad 100% te pone en comunicación directa con la parte multidimensional del ser humano, y hay que estar muy preparado para esto. Yo no sé si lo estoy. Una parte de mí le encantaría, pero otra siente miedo. Ese miedo es el que me evita ciertas experiencias espirituales.

El toque zen es sólo una de las herramientas que se enseñan en el curso. El resto lo completan la respiración consciente, que mueve la energía cósmica, y la meditación, que ayuda a mantener activa la capacidad de los chakras. Estas dos últimas herramientas me parecen importantes, porque aunque el toque zen sea la más atractiva (poder pensar que puedes ayudar a sanar o aliviar ciertas enfermedades), la respiración consciente te permite centrarte en el presente, mientras que la meditación te permite serenar la mente. Como poco, la enseñanza te ayuda a conseguir una práctica regular de bienestar, similar a la que se podría conseguir con el mindfulness, por ejemplo, si bien el catálogo de meditaciones de éste es más amplio.

El toque zen ya es una cuestión de fé, aunque estoy dispuesta a experimentar. Se trata de tocar una serie de puntos locales afectados por una enfermedad más su chakra asociado. Así, por ejemplo, el chakra 5 se relaciona, entre otras cosas, con el habla. El toque zen sólo puede aplicarse si se tiene la capacidad despierta, que es lo que se activa en los cursos.

Los cursos son gratuitos. Solamente se pide la voluntad al final del curso para cubrir los gastos de alquiler de la sala. Si lo comparamos con otros cursos, resulta más económico. Aunque también es verdad que por poco que den los asistentes, dado su volumen (mil personas), se pueden alcanzar cantidades importantes.

Además del toque zen, está el llamado “reset”, una herramienta que solamente pueden aplicar personas con capacidad total: la propia Suzanne y sus colaboradores. Aquí la persona que hace el reset conecta su campo magnético con la persona que lo recibe para detectar dónde están los bloqueos y liberarlos. El sábado tomé uno de esos resets, y he de decir que por lo menos me han dejado las lumbares como nuevas. Ya no me duelen, y eso que llevaba varias semanas con un dolor importante. Desde entonces no me he resentido. A ver si dura porque qué gusto es sentirse sano.
Sobre la fundación Zen y la propia Suzanne sé poco. Llegué a ella por una de las chicas del curso de lo divino femenino, que la recomendaba. Al primer nivel fui un poco por curiosidad, y porque el curso es gratuito. Luego quise terminar la práctica. La enseñanza me parece muy sencilla, apenas requiere tiempo, y como ponente, Suzanne es muy buena. Es muy divertida y amena, lo cual hace que el curso sea muy llevadero. Detractores tienen.

Sobre los participantes, como digo, una asistencia importante, constituida por un grueso claramente femenino (aunque la cantidad de hombres no era desdeñable), de todas las edades, y diferentes procedencias (mayoritariamente de Madrid que es donde se celebraba el curso). Las experiencias también diferentes. Hay gente que experimenta cosas que me dan envidia, como muy avanzadas. Pero ya digo que quizás mis miedos no me permiten avanzar más, o no estoy preparada (ley de correspondencia (recibes lo que te corresponde, nada más y nada menos), o quizás es que me hago pajas mentales. También hay mucho ego espiritual, aunque la base de la enseñanza se base en la humildad. Y por ratos, aquello parece un poco secta, pero si es peligrosa no lo he detectado.


De momento me he agenciado un par de cobayas que me permiten practicar con ellos. Si mi disciplina me permite continuar (porque me cuesta mantener la práctica – llevar a tierra, que diría Carmen), podré comentar más cosas en el futuro. O quizás no.

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