sábado, marzo 03, 2018

XXII Edición de la Feria Esotérica de Madrid


Me despierto pronto. Con lo cansada que estoy, no sé por qué tengo que madrugar. Creo que mi niña quiere ir a la feria esotérica de la estación de Atocha. Hoy no tengo planes, así que me parece buena opción. ¿Cuánto hace que no visito la feria? Años. Una parte de mí se resiste un poco porque tengo esa dualidad respecto de la feria y su temática: por un lado me encanta, por otro recelo. Hay mucho charlatán en el mundillo, y además me da un poco de miedo caer un día en una secta, porque las cosas como son: soy carne de secta. Pero hasta la fecha, mi intuición me ha servido bien.

Decido que voy a ir a Atocha en tren, por variar un poco. No es el trayecto más barato, pero sí el más cómodo. Así que me voy a Pitis a coger el cercanías. Pitis siempre me recuerda mi etapa en Minorplanet y el día del 11-M.

Llego a Atocha y me voy directa a tomar un café. Estoy un poco adormilada y necesito entonarme. También hace tiempo que no me tomo café. Seguro que luego lo pago, pero ahora lo necesito. Lo acompaño con un donuts. La vocecilla de Alejandro suena en mi cabeza advirtiéndome de lo perjudicial que es el azúcar (y seguramente el aceite de palma), pero está tan rico...

Llego al invernadero de la estación, donde se celebra la feria, como viene siendo desde hace varios años. Es consideramente grande. Me acuerdo de las primeras ediciones en la Puerta de Toledo y el poco espacio que había allí. La entrada está custodiada por una especie de troll. Mi imagen de los trolls cambió mucho a raíz de viajar a Noruega. Hasta entonces había seguido la imagen de los mismos como seres malvados y poco higiénicos, tipo los que salían en "David el Gnomo" o "Willow". Pero en Noruega todo cambió. Allí pueden ser seres que están plenamente integrados en el paisaje, como una montaña. Recuerdo entonces que Miguel y yo nos cargamos por ignorancia varios trolls potenciales en las proximidades de Trollstigen. Qué vergüenza.

Entro y es como si hubiese atravesado un portal interdimensional, como el andén 9 y3/4 de Harry Potter. Estoy en un bazar de potenciales herramientas mágicas: orgonitas, piedras, amuletos, inciensos, cristales, libros, tapetes...Me siento como una niña en una tienda de chucherías: lo quiero todo. Me digo que todo no puede ser. En realidad no necesito nada de eso, porque el poder emana de mí, pero las herramientas ayudan a focalizar el poder.

Mi estrategia consiste en dar una vuelta general para ver todos los puestos y luego concentrarme en los que más me llamen la atención. Lamentablemente me van a fastidiar mis planes. Entiendo a los vendedores: tienen que ofrecerme sus productos, pero me incomodan un poco. Aun así escucho a algunos. Así descubro las piedras boji. Me dejan probarlas. Son dos bolas de color marrón y de material desconocido que sirven para centrar la energía. Al principio no siento nada, pero al poco tiempo noto cómo mis manos se van activando y la energía empieza a subir por los brazos. Es muy sorprendente. Otra chica allí dice que a ella la han anclado de golpe. Bueno, cada uno tiene una experiencia.

Hay muchos puestos de lectura de cartas. No estaba en mis planes, pero no sé cómo me veo en una lectura. No suelo yo acudir a adivinos. Creo que en toda mi vida he debido tener 3 lecturas. Me siento en la mesa y me dan una baraja. Mi lado más racional se pregunta por qué me da esa baraja y no las otras dos que hay sobre la mesa. Pero también me digo que la mancia en sí no es importante, sino la canalización del mensaje. Lo que pasa es que mi adivina me parece más rara de lo normal, hasta diría que le falta un hervor. Pobre.

Las cartas me hablan de cambios grandes en mi vida. Bueno, eso lo sé yo sin necesidad de cartas. Ya los estoy viviendo. Me hablan de un cambio de trabajo, y de juicios. Para lo primero pienso: "va a ser que no". Pero luego me doy cuenta de que estoy negando la posibilidad, como si no pudiese darse. Para lo segundo pienso: "¡Dios, espero que no!". Lo que me faltaba ya. Pero la adivina dice que tiene que ver con un tema de justicia, algo que me corresponde por derecho o por destino. Dice que el cambio va a ser para bien. Pues eso espero, aunque lo que me gustaría saber realmente es cuándo se va a asentar todo. Supongo que soy muy impaciente, pero es que no llevo bien que todo esté patas arriba y que no tenga control sobre el proceso. Por cierto, quizás no debiera hablar de mi sesión...

Hay un puesto de cátaros. No estoy muy puesta en el tema y tampoco me atrae mucho. Pero los vendedores me acechan, y como soy imbécil me quedo a escuchar. La chica tiene un discurso muy pasional sobre la Madre Divina. Me habla de cómo se relaciona con Kwan Yin, con la Virgen María, y con la "mujer envuelta en el sol". Me parece una descripción preciosa, y recibo en mi mente la imagen de una manifestación de la Virgen en su aureloa. La asocio a la Virgen de la medalla Milagrosa. No lo tengo claro.

Veo también una referencia a María Magdalena en un libro del puesto. No tengo mucha sintonía con ella, pero las mujeres de mi círculo están como locas con ella. También Ávalon está relacionado con ella. María Magdalena, el grial, y los caballeros de la mesa redonda. No sé si es una señal. La mujer de los cátaros me anima a comprar un libro que dice que es magnífico. Admiro el entusiasmo que tienen sus palabras, pero no lo voy a comprar. Me excuso y me marcho. Voy a comprar otros cachivaches que me apetecen más. Algunos los estaba buscando y me alegro de poder encontrarlos en la feria a buen precio.

La chica del feng shui me vuelve a hablar de los cambios, sin mencionarle yo nada. También dice que son para mi bien. Me dice que llore si lo necesito para liberarme. No te preocupes, que ya lloro suficiente. También me aconseja que no lleve nada rosa. Bueno, eso es fácil. Ninguna piedra rosa. Hmmm, mierda. Si hay una piedra con la que yo conecto realmente, ésa es el cuarzo rosa. Y para el dolor del chakra corazón es muy adecuada. A pesar del consejo, me compro una rubelita. A veces soy un poco rebelde (porque el mundo me ha hecho así).

Las orgonitas son preciosas. Me decanto por una que tiene el símbolo de la flor de la vida. He dudado en coger una con el sello de Metatrón, pero me llama más la primera. Compraría más, pero no quiero engorilarme. De hecho, casi me tengo que obligar a salir de ahí. Qué difícil es a veces controlar las ganas y los impulsos. Y me he dejado cosas por comprar. Bueno, en otra ocasión.

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