miércoles, octubre 24, 2018

Coherencia


Ayer di mi charla sobre cómo construir equipos ganadores, basado en mi experiencia con mi actual grupo (una PMO). Hablé de cinco desafíos que habíamos tenido que afrontar como grupo, que se traducen en los siguientes temas:
1.       La gestión emocional de un equipo nuevo perplejo por el anuncio de que salen de sus equipos anteriores para engrosar las filas del mío.
2.       La resistencia al cambio de todo un departamento.
3.       Las diferencias de interpretación de cada jefe de unidad sobre lo que debería ser la PMO, incluyendo la mía propia.
4.       Cómo gestionar la carga de trabajo del equipo, considerando la herencia arrastrada de la etapa anterior.
5.       Cómo introducir nuevos procedimientos intentando impactar lo mínimo en los existentes.
6.       La necesidad de comunicación y de entrenamiento en el grupo.
7.       La necesidad de comunicación hacia fuera del grupo.
8.       La necesidad de ganarse al grupo para tu causa.
9.       La necesidad de que tu jefe te apoye en el proyecto.
10.   La necesidad de que los otros jefes acepten el nuevo grupo y le ayuden a asentarse.
11.   Creer en uno mismo.

Creo que hice un discurso bastante humanista y muy antropocéntrico. Mi exjefe me lo confirmó, aunque aún no me ha dado su opinión sobre mi charla. Muchas cosas de las que dije le chirriarían, porque él es mucho más robótico que yo, más centrado en el proceso en vez de en la gente. En mi antiguo mercado, él podría haber sido el cerebro y yo el corazón. Ambos éramos bastante complementarios, hacíamos buen tándem. Quizás él era más eficiente, y sin duda más inteligente desde el punto de vista analítico, pero posiblemente mi estilo era más aceptado por el grupo, porque era mucho más cercano. Además yo tenía mejores relaciones sociales, a través de las cuales me enteraba de bastantes cosas que sucedían tanto dentro como fuera del mercado, calaba mejor a la gente y sus movimientos, y mi intuición es mil veces mejor que la suya.

Ahora yo soy todo: el corazón, el cerebro y las vísceras. Pero mi hemisferio fuerte es el derecho, y no sé esto si ayuda mucho.

Quiero pensar que todo lo que dije ayer en mi discurso lo creo firmemente y que forma parte de mi estilo de dirección. Quiero creer que tengo coherencia entre lo que pienso, siento, digo, y hago. Pero ¿es así realmente? Creo que la base del grupo es ciertamente la gente y no los procesos, que opino que el ambiente de trabajo es fundamental, que me gusta que haya colaboración y compartición de información, que me gusta que nos apoyemos. Pero ¿cuánto hago realmente? ¿Cuánto es genuino? ¿Soy buena jefa? ¿de verdad me esmero tanto por mi equipo?
A veces me parece que tengo carencias importantes. Me gustaría tener más firmeza (aunque luego dicen que tengo un punto duro), tener las cosas más claras, tener más conocimientos. Me comparo inevitablemente con otros, y siempre me parece que tengo mucho recorrido para poder igualarlos. Eso sí, lo que hago, lo hago de corazón, y me vuelco mucho. Y he desarrollado una templanza y una paciencia…Si es que soy como una mamá gallina. Me gustaría ser una leona.

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